04.22.07

México: democracia en construcción

Publicado en Miscelánea a 9:07 PM por Agendamx

Guillermo O’Donnell / Entrevista

Abogado y politólogo argentino, especialista en diseccionar al autoritarismo, el académico dice que la democracia mexicana tiene un horizonte abierto donde cabe tanto el temor como la esperanza. No se qué hubiera pasado de haber ganado Andrés Manuel López Obrador pero hay muchos casos de candidatos que provocan este tipo de reflexión aterrorizada y que después gobiernan de manera muy sensata

José Eseverri. REFORMA. ENFOQUE. 22 DE ABRIL DE 2007.

En opinión de Guillermo O’Donnell la democracia mexicana no ha definido sus características y ello constituye un desafío. Sin embargo, estima que hay poderes activos y vigentes que están encontrado acomodo institucional.

 

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Con motivo de su próxima participación en el seminario Candados y Derechos: Protección de Programas Sociales y Construcción de Ciudadanía, organizado por el PNUD, que se realizará del 25 al 27 de abril en el Museo Nacional de Antropología e Historia, Enfoque entrevistó vía telefónica a O’Donnell, en el Instituto Kellogg en la Universidad de Notre Dame, Indiana.

El académico rechazó aventurar qué habría pasado si Andrés Manuel López Obrador gana la elección presidencial. “Hay muchos casos de candidatos que provocan este tipo de reflexión aterrorizada y que, después, gobiernan de manera muy sensata” -dijo.

Temor y esperanza

¿Le parece que México está más cerca de ser una democracia representativa o una democracia delegativa?

México es en este momento una democracia en construcción, cuyas características aún no están definidas y esto es el desafío interesante.

Cuando he hablado de democracia delegativa me refiero a casos como la Argentina que ha derivado claramente, desde Menem y hoy claramente con Kirchner, en una concentración del poder que ha logrado subordinar a otras instituciones de la democracia, que se supone deben balancear y acotar al Ejecutivo. No creo que ése sea el caso actual de México. Tengo la impresión que hay poderes activos y vigentes que están encontrando un acomodo institucional. México, en parte por lo reciente de la transición, tiene abierto un horizonte, donde cabe tanto el temor como la esperanza.

Mario Vargas Llosa ha sugerido que la derrota de Andrés Manuel López Obrador salvó a México de un populismo en la línea de Hugo Chávez. ¿Cual es su opinión?

No se qué hubiera pasado de haber ganado Andrés Manuel López Obrador pero hay muchos casos de candidatos que provocan este tipo de reflexión aterrorizada y que después gobiernan de manera muy sensata. El mejor ejemplo de esto es Lula, que tenía muy preocupados a muchos. En el caso de Chávez, estas preocupaciones se cumplieron; pero, en el caso de países con la complejidad social y la inserción internacional, como México y Brasil, es muy difícil imaginar que cualquier líder con un mínimo de racionalidad hubiera tomado el camino temido por Vargas Llosa. Esto es mucho más fácil de imaginar en Ecuador, que tiene un Estado y una sociedad civil débiles.

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¿Cree que en Latinoamérica hay desilusión por la democracia? ¿Existe el riesgo de un regreso a regímenes de corte autoritario?

En todas las transiciones hay un común denominador, es lo que llamo un engaño, que a corto plazo es muy útil y a largo plazo es muy peligroso. Es una sensación exaltada, liberada por la terminación de un régimen autoritario y la llegada de una democracia que va a resolver todos los problemas. Aunque ayuda a la movilización, ya sea en las calles o por la vía del voto, a la larga nos encontramos con una tremenda desilusión al descubrir que hemos ganado un régimen de libertades pero que muchas veces los liderazgos políticos que vienen del frío de la oposición no están a la altura de las expectativas. A partir de como se digiere este amargo trago del desencanto se juegan las formas que va a adquirir la democracia.

El engaño de la democracia

Estudios de opinión como el Latinobarómetro han registrado este retroceso en la satisfacción con la democracia y sin embargo Venezuela muestra la satisfacción más alta. ¿Cómo se explica esto?

Estos estudios suponen que el entrevistado tiene en su cabeza un solo concepto de democracia. Tal vez Venezuela está deslizándose a lo autoritario, la frontera entre democracia delegativa y autoritarismo es muy tenue. Pero el líder delegativo se considera democrático, y estoy convencido que lo dicen sinceramente. Creen ser la encarnación de los intereses del pueblo y de la nación. Por supuesto que en realidad estos regímenes son muy poco transparentes y sin mecanismos de rendición de cuentas.

¿Puede haber rendición de cuentas sin la reelección del Legislativo?

Soy partidario de la reelección, no tanto por la rendición de cuentas como por la posibilidad de crear y sostener carreras políticas en el Congreso. Éste sería un gran incentivo para que los legisladores se decidan a crear capacidad de análisis y equipos profesionales que conviertan al Congreso en una institución intelectualmente fuerte.

Aunque el Congreso mexicano aparezca fuerte en el juego con el Ejecutivo, en realidad es institucionalmente débil. Su consolidación pasa necesariamente por la posibilidad de construir carreras políticas honorables de personajes con legítimas ambiciones.

¿Son las candidaturas independientes un mecanismo eficaz para romper el cerco de la partidocracia?

La partidocracia es una preocupación recurrente en todo el mundo. Pero basta mirar a Latinoamérica para encontrar países con partidos muy débiles que sirven como vehículos hacia la competencia para personajes sin ninguna disciplina ni formación.

En principio, con todos sus defectos, es mejor tener partidos fuertes que tener política sin partidos, porque esto abre la puerta a la irresponsabilidad, a la demagogia y a la inestabilidad. Los partidos políticos fuertes con raíces con la sociedad son indispensables en la democracia. Si hay excesos se debe reformar a los partidos y no torpedearlos con formas que apuntan a destruirlos como instituciones.

Conózcalo

Nombre: Guillermo O´Donnell

· Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires.

· Doctor en ciencia política por la universidad de Yale.

· Ex presidente de la Asociación Internacional de Ciencia Política, de la que recibió el premio “Lifetime Achievements in Political Science”.

· Miembro de la American Academy of Arts and Sciences.

· Ex director del Kellogg Institute, en Estados Unidos, y del CEDES, en Argentina.

· Titular de la cátedra Helen Kellogg de Gobierno de la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos.

· Ha sido profesor de las universidades de California (Berkeley), Michigan y Sao Paulo.

· Especialista en regímenes autoritarios, teoría del Estado, democratización y representación en las democracias modernas.

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