05.10.07
Fustiga Vallejo a Iglesia
Un escritor incendiario que quiere a los animales
Por Silvia Isabel Gámez
México, Distrito Federal (Reforma. 10 mayo 2007).- Su prosa es incendiaria, pero se confiesa incapaz de pronunciar el título de su nuevo libro, La puta de Babilonia. “Me producen rechazo las malas palabras”, dice Fernando Vallejo (Medellín, 1942).
El escritor ha emprendido contra la Iglesia católica la que será, anuncia, su última cruzada. Al estilo Vallejo, irreverente y mordaz, denuncia los crímenes cometidos en nombre de la religión cristiana en un ensayo que arranca como una letanía para luego convertirse en un memorial de agravios.
La quema de brujas, la persecución de los judíos, la indignidad de los Papas, las contradicciones de los Evangelios, nada escapa al autor de La Virgen de los sicarios, quien condena con dureza el olvido de los animales en los textos sagrados, que ha permitido a cristianos, musulmanes y judíos darles el peor de los destinos.
“Nadie que tenga hijos puede ser santo. El que tiene hijos es un criminal”. Su pluma pareciera ser un dedo flamígero, ¿guarda usted un tirano dentro? ¿Qué puesto público he ocupado? ¿A qué puesto público he aspirado? ¿A quién he tiranizado? ¿Qué bellaquería he cometido? ¿O qué infamia? ¿A qué animal al que he podido ayudar no he ayudado? ¿Y cuántos hijos he tenido? ¿A cuántos les he impuesto el horror de la vida? Díganmelo para que me callen.
Educado por los salesianos en la represión sexual y el temor al infierno, el niño Vallejo consideró siempre a Dios “un viejo muy malo”. “Hacia los 16 años dejé de ser católico y empecé a no creer en nada”, afirma.
Nacido bajo el signo de la provocación, Vallejo dedicó dos años a escribir este documentado ensayo, donde junto a la cita bíblica o académica no falta el comentario sarcástico.
En La puta de Babilonia (Planeta) –título tomado del Apocalipsis– argumenta sus “vallejadas” en primera persona y mantiene la personalidad del narrador de sus novelas, excesivo y burlón.
Vía correo electrónico, por su temor a ser mal citado, Vallejo afirma que ningún lector cerrará su libro, “ni cristianos ni musulmanes, ni creyentes ni ateos”, a pesar de que un buen número de santos, el Papa Juan Pablo II e incluso Mahoma son vapuleados sin piedad.
Usted es pianista, ¿buscó por eso que su ensayo fuera “in crescendo”, quiso alcanzar el cielo narrativo con cada nueva andanada argumental?
Soy mal pianista y nulo compositor, nunca he podido componer nada. En cuanto al crescendo, creo que es al revés: empieza con el tutti de la orquesta y acaba con un diminuendo de la flauta diciendo el Requiescat in pace tras la muerte próxima de la Gran Ramera de que trata mi libro.
¿Es la Iglesia responsable de los malos actos de la jerarquía católica, desde Papas hasta sacerdotes?
Una institución son quienes la componen, y malos papas es una redundancia: lo son todos. Los menos malos son los que reinaron poco, como Albino Luciani, alias Juan Pablo I, al que, asesinado o no, se llevó el Señor a su gloria a los 33 días de reinado, en los que no le alcanzó a hacer el mal. Y entonces, ¿por qué lo hizo elegir en un cónclave el Espíritu Santo para llevárselo enseguida? ¡Ah, paloma estúpida!
¿A quién salva de esa hoguera que es su libro? ¿Acaso a quien declara su Papa preferido, Alejandro VI?
No tengo Papa preferido. Al que más desprecio es a Wojtyla, dañino cuanto vanidoso y vanidoso cuanto hipócrita. Fue el más grande azuzador que haya habido de la paridera. Y te repito, no hay papas buenos: hay papas malos. O peores. El santurrón Wojtyla fue de los peores.
Ningún Papa se ha llamado Fernando, ¿le merece ese hecho alguna reflexión?
Se llaman Inocencios, Píos, Benedictos, Bonifacios… Detrás de esos nombres inocentes se ocultan monstruos como Inocencio III, el de la Cuarta Cruzada contra los musulmanes, y el de la Cruzada contra los albigenses, en la que devastó la Occitania francesa; o Antonio Ghislieri, San Pío V, un inquisidor dominico, torturador y gran perseguidor de los judíos. ¡Ah, el que sí quería conservar el nombre con que lo bautizaron era Norberto Rivera, que se iba a poner (de haber sido nombrado Papa) Norberto I. Más fácil tienen los argentinos un Gardel I o gana México el Mundial de Futbol.
¿A qué atribuye que los teólogos no hayan ahondado en las contradicciones de los Evangelios?
Los teólogos no pueden ahondar en nada porque son unos impostores o unos estúpidos. La teología no es una ciencia: es una pseudociencia, como la astrología, la frenología, la alquimia… Y al exegeta bíblico que muestre las contradicciones de esos relatos míticos que son los Evangelios lo excomulgan.
¿Qué virtudes cristianas descubre en usted?
No hay virtudes cristianas, eso es un oxímoron, es como decir “sol oscuro”. Y la tan cacareada caridad cristiana no es otra cosa que la limosnería de la clerigalla. Ese gran recogedero de limosnas que han montado, por ejemplo, en Lourdes, en Fátima y en la Basílica de Guadalupe, para que pueda vivir como rey el autócrata vaticano que viaja en jet privado y que cuando se va a morir ocupa todo un piso del Hospital Gemelli como si fuera un príncipe petrolero saudita.
¿Y si al final, ya muerto, resulta que Dios lo llama a su lado?
Dios no existe, pero si existe y me llama a su lado, le pediré cuentas a ese Viejo malvado.



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31 Julio 2007 a 8:52 PM
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