07.21.08
“No hay tanta globalización para justificar tanta histeria”
Por Lluís Amiguet. La Vanguardia ─ 21/07/2008
Pankaj Ghemawat, analista de la globalización, doctor en Harvard y profesor del IESE
Tengo 48 años: cada vez confío más en que los jóvenes mejorarán la Tierra. Nací en Jodhpur: emporio globalizador. Tengo una hija de 13 años: es la que me da fe en la juventud. Soy un humanista. Temo que los políticos frenen la globalización con neoproteccionismo electoralista
¿Nos globalizamos tanto como creemos?
Ni mucho menos. Pese a que todos pensamos, según las encuestas, que el mundo está muy globalizado, lo cierto es que la proporción globalizada de nuestra actividad económica apenas llega al 10%.
Pero ¿y las multinacionales y mercados globales, la migración, el turismo…?
Pues bien, si sumamos toda esa actividad económica y la comparamos con los intercambios dentro de nuestras fronteras, en realidad el porcentaje globalizado – insisto- no llega al 10%.
¿Y el comercio mundial?
La proporción entre el comercio mundial y los PIB es algo mayor – el 27%-, pero deberíamos revisarla más adelante a la baja, porque ahora está hinchada por la reciente inflación de los productos básicos.
Precisamente hay quien culpa a la dichosa globalización de la crisis actual.
Los datos demuestran que las crisis de hoy no son más intensas que las de antaño. Se culpa a la globalización de la contaminación global de la banca por las hipotecas subprime, pero mire cifras: las pérdidas que las hipotecas subprime han causado, por ejemplo, a los bancos suizos no son mayores que las que les causó su propia crisis hipotecaria nacional hace quince años.
También se dice que la crisis frenará el proceso de globalización.
Es lo mismo que se dijo del 11-S, y al final no ha sido así. El precio del petróleo tampoco detendrá la globalización, pero tal vez la redirija. Por ejemplo: hay negocios que no sólo deben ser rentables en estos duros tiempos, sino que, además, ahora tienen que responder a la presión pública y reducir emisiones y consumo energético.
¿La crisis hará caer a los gobiernos en el proteccionismo y la antiinmigración?
La inepcia de los políticos es lo que me preocupa. Recuerde que, tras la crisis de 1929, EE. UU. adoptó medidas proteccionistas que frenaron la globalización y el libre comercio y crearon pobreza. Por eso estudio la globalización, para explicar que este libre comercio es un mecanismo muy frágil que puede detenerse. Y debemos defenderlo.
¿En España estamos muy globalizados?
El 89% de su actividad económica todavía se está desarrollando dentro de sus fronteras y sólo el 11% fuera. Y en no ser globalizada es precisamente en lo que “Spain is not different”: el 90% de las inversiones fijas de todo el planeta siguen siendo nacionales.
Entonces, ¿por qué nos pasamos la vida elogiando o denostando la globalización?
Porque al ser humano le resultan fascinantes las ideas extremas, aunque la realidad sea compleja, gris, llena de matices. Y esa realidad es que las fronteras aún existen y aún importan. No hay tanta globalización para justificar tanta histeria y globalsandez.
Pues la idea de globalización vende.
Mucho. En la Biblioteca del Congreso de EE. UU. consta que durante la década de los noventa se publicaron en todo el mundo 500 libros sobre el asunto. Y entre el 2000 y el 2004, vieron la luz más de 4.000.
¿Y las telecomunicaciones? ¿Internet?
Mire datos: sólo el 2% de las llamadas telefónicas son internacionales y los bytes transnacionales en internet apenas son el 20%.
Entonces, ¿en qué fase estamos?
Yo a nuestra situación la denomino semiglobalización, dentro de un proceso largo y complejo de globalización que para mí sólo es un marco de referencia, que empezó hace doscientos años y que experimenta avances paulatinos y retrocesos, como el que se produjo después de la crisis de 1929.
¿Y Fukuyama, con su democracia global; Friedman, con su mundo plano, y Levvit, con su convergencia planetaria de los gustos? ¿Están todos equivocados?
Venden libros, y eso requiere ideas arriesgadas que no suelen contrastar con datos. Además, dan argumentos para la polémica fácil: la globalización – piensan unos- acabará con las guerras y creará riqueza, mientras que otros lamentan que el planeta entero acabe comiendo la misma comida rápida.
¿Y la realidad?
Es que el mundo no está ni mucho menos tan interconectado: las distancias – no sólo las geográficas- aún cuentan.
Y las culturales; los idiomas.
Se supone que todos acabaremos hablando un inglés planetario que nos conducirá a una cultura única. ¡Pues no!: comparemos las listas de programas más vistos del Reino Unido: ¡sólo hay dos programas americanos en ellas! ¿Lo ve? No basta con hablar el mismo idioma para tener la misma cultura.
A muchos les da miedo que su cultura acabe engullida por otras mayores.
Es un miedo basado en la ignorancia: una identidad cultural puede ser múltiple. La cultura de un país no se construye excluyendo lenguas y culturas, sino compartiéndolas. Lo demuestra el Nobel Amartya Sen con su concepto de “identidad múltiple”.
¿Una cultura no debe buscar pureza?
Yo nací en India, me eduqué en EE. UU. y ahora vivo en España, en Catalunya: soy hindú y estadounidense y me siento también español y catalán, y me encanta vivir en Barcelona. Y cada día, la verdad, veo más ventajas en tener muchas identidades culturales.
¿Tener muchas lenguas y culturas no debilita la propia?
Todas son propias y cuantas más tienes, más las fortaleces.