01.29.09

Diarios ‘on-line’ de EEUU superan los 40 millones de lectores

Publicado en Periódicos a 4:23 AM por Agendamx

AFP | WASHINGTON. 28/01/2009


Internet se está convirtiendo en el principal argumento de futuro para los diarios tradicionales. Las ediciones ‘on line’ de las 10 principales cabeceras de EEUU alcanzaron en diciembre pasado los 40,1 millones de lectores, un 16% más que los datos de 12 meses antes.

Según datos de Nielsen Online, la web más visitada fue con mucha diferencia la de ‘The New York Times’, con 18,2 millones de usuarios únicos (+6% con respecto a diciembre de 2007).

El portal del ‘USA Today’ es la segunda opción de los norteamericanos, con un seguimiento de 11,4 millones de visitantes cada día y un incremente anual del 15%.

‘The Washington Post’, con 9,5 millones de usuarios (+12%) es el tercer diario más leído a través de internet. La cuarta opción, ‘Los Ángeles Times’, es el diario que más ha crecido (+73%) para alcanzar los ocho millones de visitantes.

Entre las principales cabeceras, sólo la del ‘Boston Globe’ experimenta una caída (-6%) para dejar su tráfico en 4,1 millones de usuarios.

Para Chuck Schilling, director de investigación de Nielsen Online, “el reto para los editores de periódicos de hoy es aprovechar con éxito esta audiencia y transformarla en ingresos”.

01.26.09

Isaiah Berlin, centenario de un liberal

Publicado en Lecturas a 4:05 AM por Agendamx

JOSÉ MARÍA LASSALLE*

EL PAÍS  -  Opinión – 26-01-2009

Las sociedades abiertas van a ser puestas a prueba y tendrán que dar lo mejor de sí mismas para sobrevivir. Lo peor de la crisis está por llegar. Habrá que estar precavidos para afrontar los escenarios de inestabilidad que exigirán grandes dosis de fortaleza entre los partidos democráticos. Lo más importante en estos momentos es saber a qué atenerse y dotarnos de una pedagogía ejemplar, así como de un arsenal de acciones eficaces que desactiven los efectos sociales de la crisis.

Con todo, la consecuencia más grave que puede provocar la frustración colectiva que viviremos es la emergencia de un chovinismo del bienestar frente al que no sepamos reaccionar institucionalmente. Por el momento es imposible aventurar cuál será su rostro ni si tendrá una plataforma concreta que lo aglutine. Tampoco puede saberse si cabalgará con silla política el tigre de ese “contraconocimiento” que mina las bases informativas de nuestra Modernidad ilustrada y que, según explica Damian Thompson en su ensayo Los nuevos charlatanes, se ha adueñado ya de las prácticas de numerosos medios de comunicación. Lo que sí es seguro es que, de salir a la luz, desplegará un lenguaje de sorpresiva novedad que tratará de burlar subversivamente los contrafuegos tradicionales de la democracia.

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Quien piense que podemos enfrentarnos ante una formulación idéntica a los totalitarismos de entreguerras se equivoca. De hecho, su diseño será selectivamente postmoderno y estará provisto de una aureola futurista que tratará de seducir transversalmente a mucha gente. Para ello querrá liderar -con un imaginario de vanguardia adaptado probablemente a las formas de comunicación en red y a las nuevas tecnologías-, la atmósfera de desesperación, resentimiento y miedo que propiciará en el futuro la crisis que empezamos a padecer. Pero, sobre todo, querrá rentabilizar y utilizar políticamente esa extendida “banalización del mal” que, como explica Claudio Magris en La historia no ha terminado, ha normalizado y cotidianizado el desprecio al otro y su dignidad, justificando -al amparo de un ejercicio impune y liberticida de la libertad de expresión-, tanto el insulto como la mentira, la propaganda y el uso indiscriminado de una violencia dialéctica que localiza su acción en destruir la imagen de las personas mediante la sustitución de los hechos por interpretaciones manipuladas de los mismos.

Entrado el siglo XXI, una nueva versión de aquello que Kant denominó el “fuste torcido de la humanidad” puede ponerse en circulación. Una versión inédita que, junto a la revolución rusa y sus secuelas, las tiranías de derechas y de izquierdas y las explosiones de “nacionalismo, racismo y, en algunos lugares de fanatismo religioso”, podría convertirse en otra más de esas “tormentas ideológicas que han alterado la vida de prácticamente toda la humanidad” y que, como analiza Isaiah Berlin, “muy curiosamente los pensadores más avisados del siglo XIX no llegaron a predecir jamás”.

El centenario que este año celebramos del nacimiento de este filósofo liberal puede sernos de ayuda frente a un escenario caracterizado por la concurrencia de las condiciones que pueden producir, por utilizar el título de una famosa película, esa tormenta perfecta que nos conduzca a un nuevo desafío de inhumanidad generalizada.

La defensa cerrada que Berlin hizo a lo largo de toda su vida de la decencia de la democracia es una vía de aproximación idónea para entender su liberalismo. Por eso mismo, la importancia de sus ideas adquiere en estos momentos una dimensión pública de enorme trascendencia. De hecho, la gravedad de la crisis económica y sus crecientes y dramáticos efectos sociales, exigirá de los defensores políticos de la Modernidad ilustrada una estrategia compartida que refuerce los vínculos de respeto, moderación y responsabilidad recíprocos que deben darse entre los demócratas.

El liberalismo igualitario de Berlin es, en este sentido, un antídoto de enorme fuerza antitotalitaria y un punto en común sobre el que fortalecer nuestra convivencia democrática. Su descripción de la libertad como una dualidad positiva y negativa permite hacer de ella el soporte programático de las sociedades abiertas. No hay que olvidar que el juego combinado de esta dualidad trata de desactivar las tensiones sociales y las fracturas que generan las exigencias igualitarias de una convivencia democrática con la defensa de un ámbito de no interferencia personal.

La importancia del pensamiento berliniano radica en haber alcanzado una síntesis que se basa en la necesidad epistemológica de explorar adecuadamente la complejidad de los valores en pugna dentro de un entorno pluralista. De este modo, la propensión al conflicto no sería nunca una disfunción, sino la característica intrínseca a la estructura de una democracia liberal que obliga a elegir entre fines que son cambiantes según las circunstancias, pues, en determinados momentos hay que elegir entre la igualdad y la libertad, y otras veces entre la justicia y la compasión. El desenlace, en cualquier caso, siempre es el mismo: forzar acuerdos que eviten lo peor y hacerlo, además, sin dañar las bases morales que institucionalmente salvaguardan la decencia que posibilita la tolerancia y la paz cívica.

El mejor homenaje que podemos brindar a este autor con ocasión de su centenario es reivindicar el estilo de su racionalismo liberal. Fiel al escepticismo desapasionado, tolerante y sereno de un intelectual educado en la caballerosidad del espíritu liberal descrita por Locke en sus Pensamientos sobre la educación, sus ideas siguen vivas. Sobre todo porque buscaron equilibrios y puntos de encuentro en medio de esos diferenciales en tensión sobre los que se construye siempre cualquier consenso democrático. De hecho, planteó a lo largo de su dilatada vida una indagación liberal sobre la estructura moral de las democracias y sobre los riesgos y ventajas del pluralismo que la sustentan.

Para Berlin, la libertad es básicamente una mirada interrogativa hacia el otro, el que no piensa igual. Una mirada interrogativa con la que desbaratar la ortodoxia de quienes creen poseer conocimientos y principios infalibles a los que habría que someterse con la camisa de fuerza de una devoción quijotesca. Por ello no dudó en defender la heterodoxia y la empatía como instrumentos de una acción intelectual encaminada a desentrañar las claves sobre las que descansa la huidiza verdad y los esquivos principios que cimientan una convivencia pacífica y civilizada. De este modo, el liberalismo de Berlin puede afirmarse que sigue en pie. Porque retrata la encrucijada mayoritaria de esa centralidad política que encarnan aquéllos a “quienes causa idéntica repulsión moral los duros rostros que ven a su derecha y la histeria y la insensata violencia y demagogia que tienen a su izquierda”. Quizá por ello no dudó en concluir que la historia siempre estaba abierta, pues, de un modo u otro, “el futuro deberá cuidarse de sí mismo”.

*José María Lassalle es secretario de Estudios del PP y diputado por Cantabria.

01.25.09

“Hacer periódicos no es, ni será, como producir judías en lata”

Publicado en Periodismo del siglo XXI a 5:21 AM por Agendamx

JUAN CRUZ.

EL PAÍS. DOMINGO – 25-01-2009.

Tiene 80 años; es de Nottingham, en Inglaterra, y fue en su país el periodista más influyente de una época especialmente brillante, y difícil, del periodismo, los años setenta del siglo XX. Su batalla más famosa fue contra el Gobierno; decidió que era culpable de la difusión farmacéutica de la talidomida, y ganó la guerra, una de las difíciles del periodismo contemporáneo. Impulsó el periodismo de investigación con una energía que creó escuela, primero en The Sunday Times, que dirigió entre 1967 y 1981, y luego en el Times.

Es Harold Evans. Te recibe en casa, en Nueva York, donde vive ya como ciudadano norteamericano, casado con la famosa periodista Tina Brown. Sigue dirigiendo revistas, forma parte de consejos de administración de medios por algunas partes del mundo, y es un hombre encantador. Es decir, encanta y trata de encantar. Cuando le vimos, en diciembre, en medio del frío neoyorquino, salió a la puerta alborozado, “¡vamos a hablar de periodismo!”, y abrió sus ojos grandes y azules como si le lleváramos un juguete.

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En el salón de su casa de vez en cuando entraban sus hijos y él sacaba recortes de su época más brillante, como director (y diseñador, el diseño le preocupaba tanto como el contenido) de The Sunday Times y luego del Times, del que salió porque se llevó mal con su propietario, Rupert Murdoch. Con nosotros iba Barbara Celis, que escribe para EL PAÍS en Nueva York y que tiene 35 años; muchas de las respuestas de Evans la tenían a ella como destinataria. De sus tiempos de director de periódicos mantiene intacta la convicción de que convenciendo a los jóvenes de lo que hay que hacer es posible hacer periódicos mejores. Gran parte de la conversación fue para saber cómo inició el periodismo de investigación en Europa. Y luego hablamos del raro futuro, que él afronta como si san Pedro le estuviera esperando con un periódico cuando se vaya al otro mundo.

Pregunta. ¿Cómo se puede contar a los lectores que tienen la edad de Bárbara qué supuso su trabajo en el periodismo de investigación?
Respuesta. Primero hablemos de la talidomida. Siempre pensamos que los gobiernos están para ayudar a la gente, pero a veces no lo hacen, y ahí entra el periodismo. Éste tiene que entender los hechos, y eso hicimos con este caso. ¿Cuál era la situación de aquellos niños sin brazos, sin piernas? Sus madres habían tomado la talidomida durante el embarazo; esas pastillas fueron recetadas por médicos de la seguridad social, y cuando empezaron a ocurrir las tragedias nadie se dio cuenta de que la causa eran esas pastillas. El ministro de Sanidad, Enoch Powell, no quiso una investigación. Y la ley inglesa impedía que los periódicos se ocuparan de ese asunto…, porque los padres ya lo habían denunciado. Cuando yo llegué a The Sunday Times quise desafiar esa ley, inicié una investigación y propuse una campaña. La investigación era para verificar que la pastilla había sido la causa de esos daños, cuál era la responsabilidad del Gobierno y qué necesitaban esas personas para vivir razonablemente.
P. Así que usted se saltó la ley…
R. Esperé a que actuara la ley, y que hubiera compensaciones, pero no se producía un veredicto. Los niños se enfrentaban a una gigantesca corporación que también fabricaba whisky, y la batalla judicial se hacía difícil, casi imposible. Así que decidí que intervendríamos para presionar a la compañía para que llegaran a un acuerdo con los padres para darles algún anticipo.
P. Y tampoco consiguió nada.
R. Espere, espere. En cuanto hice esa investigación el Gobierno me llevó ante los tribunales para prohibir la publicación de nuestras conclusiones. Y la empresa que fabricó las pastillas hizo lo propio. Ése fue el principio de una enorme batalla que mi periódico libró para poder contar la historia.
P. ¿Cómo fue?
R. Necesitábamos el apoyo de los líderes políticos, pero primero hablé con un juez y con un político laborista que había ido conmigo al colegio. Me iban a ayudar. El Gobierno (que ya, en 1972, era laborista) me dijo que no pensaba remover el asunto… Hicimos la campaña, hubo una enorme bronca, y la empresa farmacéutica al fin se rindió, ofreció una compensación irrisoria, hasta que la subieron a veinte millones de libras.
P. Fin de la historia.
R. Para nada. Yo quería saber qué había sucedido para que en el futuro las incapacidades creadas por una droga pudieran evitarse con adecuados mecanismos de control. Por cierto, había niños españoles y alemanes que aún no han sido compensados y que fueron niños de la talidomida… Pasamos por varios tribunales, hasta que apelamos al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, donde nos enfrentamos al Gobierno británico por su prohibición para que la prensa investigara el asunto. Y ganamos 8 a 5. Por cierto, en el tribunal había un juez español.
P. Una victoria periodística.
R. Pero sobre todo humana. Demostramos, además, que las empresas farmacéuticas habían sido negligentes; habían puesto la droga en el mercado sin examinarla; descubrimos las debilidades de los programas de evaluación de los medicamentos, y conseguimos que se cambiara la ley para que la prensa fuera más libre.
P. Fue un precedente.
R. Y tuve el apoyo de todo el mundo en The Sunday Times. Costaba mucho dinero, y nadie en la empresa me reprochó que gastara en abogados para una lucha contra el Gobierno que iba a perder. ¡Nadie le había ganado antes al Gobierno británico! Así que algo de crédito hay que darle a una empresa sabia que reconoció que producir periódicos no es como producir judías en lata. Algunas veces hay que correr riesgos e incurrir en gastos. Y esto aumentó la reputación del periódico y resultó ser una inversión para el futuro…
P. Y usted se atrevió luego con la McDonnell Douglas…
R. …Después del accidente del DC-10 en París, murieron 346 personas, el accidente más grave del mundo hasta ese momento, 1972. A bordo iban norteamericanos, españoles, británicos, turcos, sobre todo turcos, era una aerolínea turca… Los deudos llevaron a juicio a la compañía, igual que los afectados por la talidomida llevaron a juicio a la farmacéutica. En este caso, como periodista quise saber cómo pudo estrellarse ese avión… Otro avión de las mismas características había perdido hacía poco una puerta de carga, pero había podido aterrizar. Y esta vez se había caído la misma puerta. ¿Cómo era posible? Empezamos una investigación que se parecía a la de la talidomida. Construimos un modelo del avión, mandamos a un equipo a que se introdujera en McDonnell Douglas… Las víctimas llegaron a un acuerdo con la empresa fuera de los tribunales. Pero el problema que nosotros queríamos resolver era por qué se había producido el desastre; en eso el periódico tiene su obligación más importante: el deber del periódico es la verdad. En un conflicto legal la obligación es llegar a un acuerdo, pero un periódico tiene que ir más allá; los acuerdos no desvelan la verdad.
P. Y ustedes consiguieron desvelarla.
R. Investigamos, y publicamos un dossier: Destination Disaster. Identificamos por qué se cayeron las puertas de carga: en la compañía de aviación algunas personas habían firmado fraudulentamente inspecciones que no tuvieron lugar. Y contamos la historia. ¿Y por qué lo hicieron? Porque tenían prisa en terminar los aviones; había una demanda enorme, así que los sacaron sin corregir el error. Y fue fatal.
P. Como la talidomida.
R. Sí, pasó lo mismo. Se había abandonado la investigación oficial, nada, y nosotros nos empeñamos. Así que tenías al Gobierno norteamericano faltando a sus obligaciones, a la empresa constructora faltando a las suyas, a los litigantes satisfechos con su dinero, por lo que no les culpo, y nadie preguntando “¿por qué pasó?”. Y la prensa tiene la obligación de hacerse esa pregunta. Ésa es la energía que había detrás de mi concepto del periodismo.
P. La pregunta más vieja, por qué.
R. El invento más antiguo, y sigue en vigor. Porque es la pregunta más importante. Hay una cosa que se me ha quedado grabada sobre la salud y los desastres. Si son evitables, ¿por qué no evitarlos? Las investigaciones complejas precisan de dos cosas, en periodismo: periodistas con mucha habilidad y recursos para librar la batalla legal… Cuando comenzamos a hacer esto en Gran Bretaña no había periodistas de investigación en serio; investigábamos a corruptos de medio pelo; no había un periodismo a la altura de la complejidad social, al creciente poder de las corporaciones y de los gobiernos… En el Parlamento tampoco se le preguntaba al Gobierno como era debido. El periodista tenía que jugar ese papel social, de una curiosidad implacable; eso es lo importante en un periódico, la curiosidad. Imagine ahora todo lo que habría que preguntar sobre el origen de la crisis mundial. Esa curiosidad humana trasladada al periodismo, si se ejerce con energía, daría lugar a muchas explicaciones que ahora no se dan.
P. Todo ese engranaje que usted montó exigía mucha verificación.
R. Ésa es la gran cuestión del periodismo. Si te equivocas, está la ley del libelo. Pero está la ley ética, la de la imparcialidad. Aunque tengamos una defensa legal, no podemos acusar a alguien erróneamente. La verificación de los hechos es importantísima… Y una cosa es lo que hizo Ben Bradlee con el caso Watergate y otra es mucho de lo que se hace, por ejemplo, en el ciberespacio y en otros medios en nombre del periodismo de investigación. Y eso es importante ahora, porque un blog o un texto de Internet pueden no tener autor conocido… A un amigo mío, defensor de los derechos humanos desde la época de Kennedy, acaban de cambiarle su biografía de Wikipedia ¡para decir que es un racista! ¡Y lo que han tardado en cambiar esa falacia! La verificación y la credibilidad son cruciales, y por eso un periódico muy bueno como EL PAÍS gana su público no sólo por la buena escritura y por las revelaciones, sino por su autenticidad.
P. Al Nobel Le Clezio le declararon muerto un minuto después de haber ganado el premio…
R. ¡Y estaba vivo! Sí, es un gran problema. Mi mujer, Tina Brown, ha empezado una página web llamada The Daily Beast. ¡El primer mes tuvo once millones de visitas! Y aquí se pone en evidencia un problema de la red: sabemos que el papel asiste al reto que supone la publicidad en Internet, la mirada se va a Internet. Pero la red no puede sustituir al papel en la investigación y en informaciones verificables; no puede en una sola página compensar lo que es el mosaico de un periódico, que contiene cultura, negocios, noticias…; y, sin embargo, el modelo de negocio para los periódicos en América, y probablemente en Inglaterra y en el mundo, no está funcionando. The New York Times ha bajado mucho; es un periódico enormemente vital, y mire los problemas que tiene. Y eso sucede mientras nadie hace dinero con los portales de Internet. Así que vivimos un interregno entre el periodismo viable y el periodismo creíble en la red y la vitalidad de los impresos, que son la fuente principal para enterarte de lo que pasa.
P. ¿Y en esa dialéctica hay alguna manera de llegar a un compromiso?
R. Digamos que The Daily Beast funciona y se convierte rentable. Investigan. Y lo que ponen en la red lo ponen también en papel; consiguen una diseminación múltiple. Lo problemático son los ingresos. ¡Pero ni uno de los portales de los diarios hace dinero! El dinero aún viene por los periódicos.
P. ¿Y usted ve Internet como una amenaza o como una contribución?
R. Indudablemente, Internet debilita la posición financiera de los diarios, así que sí es una amenaza. Ahora bien, si yo dirigiera un periódico hoy en día desarrollaría una web lo más grande posible, al tiempo que intentaría retener las energías investigadoras del diario sin desperdiciarlas. Un 30% de lo que cuesta sacar un periódico es la distribución. Y una de las soluciones a medio plazo es que yo me imprima el periódico en casa, desde la web. Y eso puede que ocurra fácilmente en los próximos diez años… Y lo que tendrías que hacer es comprar una licencia para imprimirte el periódico en casa. ¡Te ahorras el 30% de lo que te cuesta el reparto! Evidentemente, la gente que conduce los camiones tendrá que encontrar otro empleo, pero es que la vida económica es así… De esta manera se mantendría la energía de la prensa, su curiosidad, se mantendría la competencia, las capacidades legales, la credibilidad de la prensa impresa. Ahora mismo, si te pasas por completo a Internet, te toparías con la diseminación de muchas mentiras, y a nadie que pague por ellas.
P. Menudo dilema para los periodistas que ya tienen su edad.
R. Y la suya. Tengo que decir esto: la web es un recurso tremendo para el periodismo. Una sentencia por difamación, que yo gané, está colgada en la web, no tuve que ir a Seattle a leerla. Con los motores de búsqueda y los comentarios en la web tenemos la posibilidad de llegar a una edad dorada del periodismo. Una edad dorada, porque es más fácil ahora descubrir cosas. Y también es más fácil publicar basura. ¿Qué triunfará?
P. Pongamos que persisten los diarios. Pero se pueden matar.
R. Sí, desde luego, se hace todo el rato. De hecho, lo predije, en un artículo para la revista Strategy: en cuanto el objetivo sea financiero y no periodístico el periódico decae y se cae. En cuanto se empieza a destruir el contenido periodístico del diario no hay la más mínima posibilidad de éxito. Imagínese: se compra una orquesta, y lo primero que hace es deshacerse de los violonchelos, total, para lo que sirven; y después se deshace de los timbales… ¡Y luego te pones a tocar a Beethoven y no te sale! Beethoven no suena del mismo modo sin los timbales o sin los violonchelos, de igual manera que un periódico no suena a periódico cuando ha perdido a su equipo internacional o a sus corresponsales.
P. La vocación es una energía, dice usted. ¿Se pierde?
R. Es imposible perderla. Yo leo periódicos, los leeré siempre. Cuando me vaya al otro lado entraré diciendo: “¡Quiero La Gaceta de San Pedro!”.

01.23.09

Salve, jefe: un saludo alternativo

Publicado en Lecturas a 4:00 AM por Agendamx

NORMAN BIRNBAUM

EL PAÍS  -  Opinión – 23-01-2009.


No hay nada que ejemplifique tanto el carácter monárquico de la presidencia de Estados Unidos como los rituales de investidura, en los que se oye el himno presidencial Hail To The Chief (Salve, jefe). Ahora bien, una hipotética composición alternativa tendría muchas notas disonantes: nuestra monarquía no es absoluta.

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El presidente Obama ha nombrado ministros del Gabinete y a los asesores de la Casa Blanca que los supervisarán. Ha negociado con los líderes del Congreso y el Senado la posibilidad de asignar más dinero para ayudar a los grandes bancos norteamericanos con problemas, y no cabe duda de que tiene planes (aún no revelados) para hacer algo respecto a nuestro autodestructivo Estado amigo, Israel. El sector financiero, los legisladores y el omnipresente lobby israelí le habrán recordado que su poder tiene límites. Tal vez cuenta ahora con una aprobación general del 70% en las encuestas de opinión pública (su miserable predecesor tiene alrededor del 27%), pero eso no garantiza necesariamente los triunfos legislativos y políticos.

La ciencia política estadounidense sabe que hay un triángulo de hierro que enlaza el Congreso, los ministerios y el poder organizado de los grupos ideológicos y económicos. Los presidentes vienen y van; el sistema permanece.

De hecho, el presidente de un grupo de demócratas conservadores de la Cámara (llamados los Perros azules, tal vez porque ladran y muerden) recordó en público al presidente electo que podrían unirse a los republicanos para detener cualquier propuesta que él haga. Por supuesto, añadió, no era una amenaza: estaba seguro de que Obama coincidía con ellos en la necesidad de disciplina fiscal.

Obama ha intentado hacer su plan económico de emergencia de 850.000 millones de dólares más agradable a los ideólogos de mercado de los dos partidos mediante la asignación de una tercera parte a recortes de impuestos e incentivos al capital, en vez de inversiones a largo plazo o ayuda al número, en rápido aumento, de ciudadanos en paro.

Además, las mayorías demócratas en el Congreso y el Senado fueron mucho más amplias bajo otros presidentes recientes, tanto demócratas como republicanos. Si los demócratas obtienen finalmente 59 de los 100 escaños del Senado, todavía les faltará un voto para poder aprobar leyes, y hay unos cuantos demócratas que no están en sintonía con las tradiciones reformistas del New Deal ni la Gran Sociedad.

Lo que consiga hacer el nuevo presidente dependerá, más que de su impresionante talento político y retórico y su evidente dominio de gran parte de la política moderna como obra de arte total, del equilibrio de fuerzas políticas y sociales en el país. Al fin y al cabo, el envejecido e intelectualmente limitado McCain y su ignorante y resentida candidata a la vicepresidencia obtuvieron el 46% de los votos. Un buen 25% del país se considera perjudicado por tener que soportar a la familia Obama en la Casa Blanca.

Los medios de comunicación estadounidenses están llenos de exhortaciones al presidente para que no preste atención a la “izquierda”; como si nuestro semanario de izquierdas, The Nation, vendiera dos millones de ejemplares, en vez de unos modestos 200.000. El grupo progresista del Congreso tiene unos 80 miembros -la mitad de ellos, afroamericanos apegados por razones obvias a nuestro Estado de bienestar-, de 435 escaños en la Cámara de Representantes. Hay alrededor de 25 senadores (de un total de 100) que son el equivalente norteamericano a los socialdemócratas. La izquierda estadounidense es una alianza desordenada de grupos de intereses culturales, económicos, ambientales, étnicos y raciales sin ningún denominador común ni proyecto histórico unificador.

La mayoría de los ciudadanos estaba de acuerdo, ya antes de la crisis económica actual, en que el Gobierno tuviera un papel regulador y de redistribución importante, pero no se organizó para transformar en leyes esa opinión pública. Los asesores electorales de Obama, que van a trabajar con él en la Casa Blanca, son maestros de la comunicación y la movilización por Internet, pero sólo ven su funcionamiento en una dirección, la suya.

Obama acaba de señalar que no va a respaldar el plan de los sindicatos para aprobar una ley que facilite el reclutamiento de miembros y la obtención de derechos de negociación, después de haber dicho lo contrario durante la campaña. Sus asesores legales han insinuado que se va a cerrar Guantánamo, pero no de inmediato. El nuevo presidente no enviará la Sexta Flota en misión humanitaria a Gaza, ni suspenderá las entregas de armas a Israel para examinar si es legal, con arreglo a las leyes nacionales e internacionales, que se utilicen contra los palestinos.

En cambio, es posible que haya un progreso muy lento hacia la racionalidad en nuestra política para Oriente Próximo, pero no una liberación inmediata de nuestra extraña versión del cautiverio en Babilonia… con los israelíes como dueños de la situación.

El otro día, el ministro británico de Exteriores, David Miliband, reclamó el fin de las simplificaciones vulgares de la “guerra contra el terror”. No parece que Obama vaya a emprender rápidamente una terapia política para curar al país de sus obsesiones imperiales. John Kennedy esperó para hacerlo hasta cinco meses antes de su muerte, posiblemente causada por su valentía (recuérdese su discurso del 10 de junio de 1963 sobre la necesidad de terminar con la guerra fría).

Existen profundos argumentos económicos para reducir nuestro hinchado presupuesto de armamento. La CIA advierte en el informe del Consejo Nacional de Inteligencia, Global 2025, que el fin de la hegemonía de Estados Unidos es ya una realidad. Obama, que ha leído mucho y es muy inteligente, es perfectamente consciente de la situación (como lo son su brillante secretaria de Estado y el muy preparado general que es su Consejero Nacional de Seguridad). Obama ha decidido claramente que la crisis del capitalismo norteamericano, cada vez más aguda, es su principal preocupación. Ha llegado a la conclusión de que nuestras instituciones políticas disfuncionales no permiten que se comuniquen demasiadas verdades inquietantes al mismo tiempo.

En su autobiografía relata que, cuando era estudiante, dedicaba noches y días enteros a leer los clásicos contemporáneos en relación con la posibilidad de transformación social. Expresémosle nuestros mejores deseos en el momento más difícil de su vida y confiemos en que el estadista de mediana edad que se sumerge en las turbulencias de la historia no olvide al joven que buscaba la esperanza.

*Norman Birnbaum es catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

01.20.09

Barack Obama

Publicado en Lecturas a 7:47 PM por Agendamx

Discurso inaugural


Conciudadanos:

Estoy aquí hoy con la humildad de la tarea que tenemos ante nosotros, agradecido por la confianza que me han depositado, consciente de los sacrificios de nuestros antepasados.

Le agradezco al presidente George Bush por sus servicios a nuestra nación, así como por la generosidad y cooperación que ha demostrado en estar transición.

44 estadounidenses han juramentado para ser presidentes, las palabras se han dicho en tiempos de prosperidad y de paz, pero de tanto en tanto el juramento se produce en medio de nubarrones y de tormentas.

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En estos momentos EU no solamente ha seguido adelante por la visión del liderazgo, sino porque nosotros, el pueblo, hemos mantenido la fidelidad a los ideales de los próceres y la fe en nuestros documentos fundamentales, así tiene que ser con esta generación de estadounidenses, que estamos en medio de crisis que no entienden cabalmente.

Nuestra nación está en guerra contra una vasta red de violencia y odio, nuestra economía está muy debilitada debido a la irresponsabilidad de algunos, pero también porque no tomamos decisiones firmes para preparar a nuestra nación para una nueva era.

La gente ha perdido hogares, empleos negocios, nuestro servicio médico es muy costoso y cada día trae más evidencia en que la forma en que utilizamos la energía fortalece a nuestros adversarios y amenaza al planeta.

Estos son los indicadores de la crisis, sujetos de datos y estadísticas, menos medible, pero no menos profundo es la falta de confianza en nuestra nación. Un temor de que la declinación de EU es inevitable y que la próxima generación debe reducir sus expectativas, hoy los retos que enfrentamos son reales a son muchos, que no se van a encerar con facilidad o en corto tiempo pero, sepan esto estadounidenses: van a ser encarados.

Este día nos reunimos porque hemos decidido optar por la esperanza sobre el miedo, en la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia, en este día queremos proclamar el fin de los reclamos mezquinos y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas desgastados que por mucho tiempo han estrangulado a nuestra política. Seguimos siendo una nación joven, pero como dice la escritura, ha llegado el momento de reafirmar nuestros espíritu perdurable, de escoger lo mejor de muestra historia y avanzar con este don, esta idea noble pasada de generación en generación, la promesa divina de que todos somos iguales, libres y merecemos la oportunidad de buscar la felicidad.

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación entendemos que la grandeza no es un regalo absoluto. Debe ganarse. Nuestro viaje nunca ha sido uno de atajos o de conformismos, no ha sido un camino para los débiles, para los que prefieren el placer al trabajo o que buscan sólo los placeres de la riqueza y la fama, han sido los ambiciosos, aquellos que hacen cosas, los que corren riesgos; algunos conocidos, en su mayoría gente desconocida que han avanzado por esta difícil senda hacia la prosperidad y la libertad, por nosotros ellos reunieron sus pocas posesiones y cruzaron océanos buscando una nueva vida, por nosotros ellos trabajaron en fábricas, conquistaron el Oeste, se aguantaron las dificultades. Por nosotros lucharon y murieron en lugares como Concorde y Kenninsburg. Norman Diaz y Key Sand.

Una y otra vez estos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta que sus manos sangraban para que tuviéramos una vida mejor. Ellos vieron a Estados Unidos como algo más grande que la suma de nuestras ambiciones y debilidades, más grande que las diferencias provenientes del nacimiento y de la riqueza. Este es el viaje en el que estamos hoy.

Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa del mundo. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó la crisis. Nuestra mente no es menos creativa. Nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que hace una semana, un mes o un año. Nuestra capacidad se mantiene, pero el momento de quedarnos observando, de proteger intereses mezquinos, ese tiempo ha pasado.

A partir de hoy debemos levantarnos, desempolvarnos y comenzar a trabajar para rehacer a Estados Unidos.

Donde quiera que miremos hay trabajo por hacer. El estado de la economía demanda acciones audaces y vamos a actuar no sólo para crear nuevos empleos sino para asentar los fundamentos del crecimiento.

Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y líneas digitales que alimentan nuestros comercios, restableceremos la posición que le corresponde a la ciencia y usaremos las maravillas de la tecnología para mejorar el cuidado médico y disminuir sus costos. Aprovecharemos los recursos del sol y el viento para movilizar nuestras fábricas y autos y transformaremos las escuelas y universidades para atender la demanda de la nueva era.

Podemos hacerlo y esto es lo que vamos a hacer.

Algunos cuestionarán la escala de nuestras ambiciones, les sugerimos que nuestro sistema no puede tolerar demasiados planes. Ellos tienen una memoria corta, porque han olvidado lo que este país ya ha hecho, lo que hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación y el propósito común se unen a la necesidad y el coraje.

Lo que los cínicos no entienden es que el suelo se les ha movido, que los argumentos políticos desgastados que nos han consumido por tanto tiempo ya no se aplican. La pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno es muy grande o muy pequeño, sino si acaso trabaja, si ayuda a las familias a encontrar empleos decentes, le da el cuidado que necesita, una jubilación digna. Si la respuesta es sí, seguiremos adelante, cuando la respuesta sea no, los programas se acabarán y aquellos que manejamos el dinero público tendremos que responder para usarlo de manera sabia, reformar los malos hábitos y sólo así podremos restablecer la confianza vital entre el pueblo y su gobierno.

Tampoco la pregunta es si el mercado es una fuerza para el bien o el mal, es un poder para generar riqueza y libertad incomparable. La crisis nos debe recordar que si no hay un ojo vigilante, el mercado se puede salirse de control y una nación no sólo puede prosperar en favor de los más prósperos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro Producto Interno Bruto, sino por el alcance de nuestra prosperidad, nuestra habilidad de extender oportunidades a cada uno. No por caridad si no porque es el camino más seguro al bien común.

En cuanto a nuestra defensa común rechazamos la falsa premisa de que hay que escoger entre la seguridad y los ideales. Nuestros próceres se enfrentaron a peligros que no podemos ni siquiera imaginar. Ellos pasaron una senda para asegurar el imperio de la ley y los derechos del hombre expandiéndola con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo y no vamos a renunciar a ellos solamente por celeridad, así que a todos los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy desde las grandes capitales a los más pequeños pueblos, como aquel en que nació mi padre, sepan que Estados Unidos es una amiga de cada nación, de cada hombre mujer y niño que quiere un futuro de paz y dignidad y estamos listos para retomar el liderazgo.

Las generaciones que nos precedieron enfrentaron el fascismo y el comunismo no sólo con mísiles y tanques sino con firmes alianzas y convicciones, entendieron que nuestro poderío por sí solo no podía protegernos ni nos daba el derecho de hacer lo que nos daba en gana, en lugar de eso vieron que nuestro poder crecía gracias a su uso prudente, nuestra seguridad se derivaba de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la templanza de nuestras cualidades de humildad y comedimiento.

Somos los defensores de este legado guiados por estos principios podemos encarar esas amenazas que  requieren un mayor esfuerzo, más cooperación y entendimiento entre las naciones, comenzaremos de manera responsable dejando a Irak en manos de su pueblo y para consolidar la paz en Afganistán. Con viejos amigos y enemigos,  trabajaremos incansablemente para reducir la amenaza nuclear y el fantasma de un planeta en calentamiento. No vamos a disculparnos por nuestro estilo de vida ni vamos a doblegarnos en su defensa. Lo que les decimos es que nuestro espíritu es fuerte y no va a ser quebrantado, ustedes no van a durar más que nosotros y los vamos a derrotar.

Porque sabemos que nuestro legado es de fortaleza y no de debilidad somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos, hindúes y no creyentes, nos ha conformado cada lenguaje y cultura, hemos derivado lesiones de cada rincón del mundo y hemos conocido la amargura de la guerra civil y la segregación, y hemos salido de esos capítulos oscuros más fuertes y unidos y no podemos dejar que los odios del pasado simplemente se esfumen.

A medida que nuestro mundo se hace más pequeño nuestra humanidad debe relevarse y Estados Unidos debe abrir paso a una nueva época de paz.

Al mundo musulmán buscamos una nueva forma de avanzar basada en intereses mutuos y respeto mutuo, a aquellos líderes que quieren sembrar conflicto o culpar de sus problemas a Occidente sepan que su gente los va a juzgar no por lo que han construido, sino por lo que han destruido.

A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y tratando de silenciar la disensión, sepan que están del lado equivocado de la historia, pero les vamos a tender la mano si están dispuestos a abrir el puño

A la gente de pueblos pobres les prometemos trabajar con ustedes para que sus granjas prosperen y tengan agua limpia, para ayudar a la gente con hambre y a las mentes con hambre. A aquellas naciones, como la nuestra, que tienen cierto grado de bienestar les diremos no podemos dejarnos llevar por la indiferencia por los que sufren fuera de nuestras fronteras, el mundo ha cambiado y nosotros debemos cambiar con él.

Al considerar el camino que tenemos frente a nosotros recordamos con humilde gratitud a los valerosos estadounidenses que a esta hora patrullan desiertos y montañas lejanas, ellos tienen algo que decirnos como los héroes caídos que yacen en Arlington, los honramos no sólo porque son los guardianes de nuestra libertad sino porque representan el espíritu de servicio, una disposición a encontrar significado en algo más grande que ellos mismos y en este momento, un momento que va a definir a una generación es precisamente este espíritu el que debe embargarnos a todos, porque por todo lo que pueda hacer un gobierno y deba hacer, en última instancia es la fe y determinación del pueblo estadounidense en lo que depende esta nación.

Es la generosidad para atender a un extraño, la generosidad de trabajar y es optar por perder unas horas antes que ver a un amigo desempleado, es el coraje de un bombero para entrar por una escalera llena de humo pero de un padre dispuesto a orientar y cuidar a su hijo, eso es lo que decide nuestro futuro, nuestros retos pueden ser nuevos, los instrumentos con los que nos enfrentamos pueden ser nuevos, pero esos valores de los que dependen nuestro éxito honestidad, trabajo duro, coraje, justicia, tolerancia, curiosidad, lealtad y patriotismo.

Estas son cosas inmanentes, estas cosas son ciertas, han sido la fuerza del progreso a lo largo de nuestra historia lo que hace falta entonces es volver a estos fundamentos, lo que se requiere de nosotros es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento de parte de cada estadounidense de que tenemos responsabilidades  con nosotros, con la nación y el mundo, responsabilidades que no aceptamos a regañadientes sino con gusto, sabiendo que nada es más satisfactorio para el espíritu y definitorio de nuestro carácter que el entregarnos por entero a una tarea difícil, este es el precio y la promesa de la ciudadanía, esta es la fuente de nuestra confianza.

El saber que Dios nos ha pedido que le demos forma a nuestro destino, este es el significado de  nuestra libertad y nuestro credo,  cuando hombres y mujeres y niños de cada raza y de cada fe pueden unirse en esta alameda nacional y  porque un hombre cuyo padre salió hace menos de 60 años y quién trabajaba en un restaurante, está ahora con ustedes para asumir este importantísimo cargo.

Así que marquemos este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto hemos recorrido, en el año en que nació nuestro país, en los meses más frías, una pequeña banda de patriotas reunidos frente a fogatas, frente a un río congelado, la capital había sido abandonada, el enemigo avanzaba y la nieve estaba salpicada de sangre, en el momento en el que el futuro de la revolución estaba dudoso, el padre de nuestra nación ordenó que estas palabras fueran leídas a la gente: “Digámosle a los pueblos de futuro que en medio del invierno cuando nada podía sobrevivir que no fueran la esperanza y la virtud en la ciudad y en el país, frente a un peligro común, salimos al frente”.

Estados Unidos de cara a este invierno de dificultades recordemos estas palabras eternas, con esperanza y virtud encaremos una vez más las corrientes congeladas y aguantemos lo que nos traiga la tormenta, que nuestros hijos y nuestros nietos digan que cuando nos sometieron a la prueba nos negamos a claudicar, no volvimos la espalda y no fracasamos y que con los ojos en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, avanzamos con el don de la libertad y se los entregamos a salvo a generaciones futuras.

Gracias Dios los bendiga y que Dios bendiga a los Estados Unidos.

01.11.09

Andreotti: “Tengo secretos de Estado, pero me los llevaré al paraíso”

Publicado en Lecturas a 10:28 PM por Agendamx

El ex primer ministro de Italia Giulio Andreotti se confiesa a los 90 años



MIGUEL MORA  -  Roma

EL PAÍS -  Internacional – 11-01-2009.


Siete veces primer ministro y ocho ministro de Exteriores, procesado por asociación mafiosa y homicidio (absuelto por prescripción), hombre beato como pocos, Giulio Andreotti, más conocido como Belcebú, es historia viva de la política italiana, que él dominó como quiso con sus formas melifluas y sus crípticos juegos de palabras (más el apoyo del Vaticano, la Cosa Nostra y Estados Unidos) durante medio siglo.

Senador vitalicio todavía en activo, el gran pope de la extinta Democracia Cristiana sigue pareciéndose mucho al protagonista de Il Divo, la terrorífica biografía-cómic de Paolo Sorrentino. No es raro verle en el coche oficial desplazándose sin ruido por las calles de Roma, y sigue yendo a misa cada día a las siete de la mañana en el centro. Allí reza un rato y se encuentra con algunos seguidores fieles, que hacen cola para charlar unos minutos con él y recibir su óbolo.

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El miércoles, ese curtido superviviente de la Primera República italiana que es don Giulio cumplirá 90 años de sarcasmos, clientelismo, sangre de Estado, olfato, política de campanario, pactos con el diablo y perfidia, y para celebrarlo ha rechazado que le hagan una fiesta -”esperaré a cumplir los 100″- y ha declarado a La Repubblica: “Conozco algunos secretos de Estado, pero me los llevaré al paraíso. Nunca me ha gustado la política espectáculo”.

“¿Así que Belcebú acabará en el paraíso?”, le preguntó lleno de coraje el entrevistador, Goffredo de Marchis: “Pienso realmente que sí. Pero por la bondad de Dios, no porque me lo merezca yo”. Andreotti nació en Roma el 14 de enero de 1919, pero sigue en buena forma y con la cabeza en su sitio. El Papa, Benedicto XVI, se lo dijo hace poco: “Me lo encontré unos días atrás, en el cumpleaños del padre Busa [95 años]. Se acerca y me dice: usted no envejece nunca”.

De ser tan odiado y atacado, y a la vez tan admirado y protegido, Andreotti ha llegado a ese punto de la vida en que la gente casi se olvida de lo que fue, lo que supuso y lo que hizo, y se siente casi inclinada a probar por él ternura y piedad, dos sentimientos que, según dijo alguna vez, él solo sintió cuando Aldo Moro fue asesinado (con la inestimable colaboración de su partido).

Echando la vista atrás estos días, Andreotti ha recordado su infancia. Lo que aparentemente confirma que él también fue niño alguna vez. “Mi padre murió cuando yo tenía dos años. Pero mi madre fue una mujer muy capaz, y crió tres hijos con la pensión de guerra, es decir, cuatro cuartos. Y, sin embargo, nunca nos faltó de nada. Crecimos con una cierta parsimonia. Eso tampoco nos faltó, y es una cosa bonita. Si luego la vida te da más, bien; de otro modo te acostumbras. Yo todavía soy parsimonioso”. A su mujer, Livia, le prometió que se retiraría a los 60, en 1979. “Son esas promesas que se hacen. Livia al principio se quejó, luego ya no. Mi vida es así, no puedo cambiarla”. Ahora añora los viejos y buenos tiempos, cuando la política se hacía en la calle: “Los primeros años era un globetrotter, conocía todos los ayuntamientos de mi colegio electoral, el Lazio, nunca dormía en casa un sábado. Es cansado, pero te mantiene vivo. Me gustaba el contacto con la gente. Hacerse una idea de los problemas sobre el papel, en una oficina o, peor aún, en televisión no es política, sino un teorema matemático”.

Pero eso no quiere decir que no esté al día. El triunfo de Barack Obama le parece un “cambio histórico” y le disgusta “que se subraye el aspecto racial, como si fuese una rareza”. Silvio Berlusconi le parece “un hombre que vale, quizá afortunado, pero capaz”, y como político cree que va mejorando: “Al principio cometía un grandísimo error. Decía: vosotros los políticos… ¿Y él qué era?”.

Cuando le recuerdan que un día fue el hombre más poderoso de Italia, mira para otro lado. “Qué va. Como máximo podía ser un vasallito. Digamos que me iba bien en mi circunscripción. Y eso porque me ocupaba de la mañana a la noche. Nadie me regaló nada. Si no fuese senador vitalicio, la gente me seguiría votando. Todavía salgo bastante. Rara vez estoy en casa por la noche”.

Sólo un reproche: el juicio. “Cuando me acuerdo, siento una rabia incontrolable. Estar bajo tiro por cosas que has hecho, pase. Pero así no. Usaron los procesos para dejarme fuera de juego políticamente. Fue un momento de política muy mala”.

Bradlee: “El fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla”

Publicado en Periodismo del siglo XXI a 10:18 PM por Agendamx

POR JUAN CRUZ. EL PAÍS. DOMINGO – 11-01-2009


Ben Bradlee (87 años) va cada día a The Washington Post, el diario que dirigió hasta la gloria en medio de la época política más turbulenta de Estados Unidos. Él convenció a Katharine Graham, la empresaria, de que era imprescindible, por el honor del oficio, hacer caso a unos jóvenes reporteros, Bob Woodward y Carl Bernstein, que habían visto que algo olía a podrido en el caso Watergate. El resto es historia del periodismo; como en la película Todos los hombres del presidente, en la que su papel lo interpreta Jason Robards, el crédito se lo llevan los reporteros, y el periódico, y él es el capitán en la sombra. Cuando se retiró, en 1991, le hicieron tantas fiestas de homenaje que el hijo de la señora Graham dijo que las crónicas de esas fiestas daban para la lectura de un año. Lo que él atesora de toda aquella gloria es algo que dijo uno de sus grandes amigos, el columnista Art Buchwald: “Estamos ante un magnífico director de periódico”. Creyeron que se iba, le nombraron vicepresident-at-large, una especie de vicepresidente-para-todo, pero lo han tenido desde entonces, siempre, cada día, en la sexta planta de The Washington Post, en este lugar donde nos recibe. Es un cuarto sin ventanas, con la puerta abierta; a su alrededor hay algunas fotografías: la de Buchwald, la de Katharine Graham, la de su gran amigo John F. Kennedy, la de Jason Robards…, pero no la de Todos los hombres del presidente. Y algunos recortes. El viejo periodista se dedica ahora a avisar a sus sucesores sobre nuevos nombres que van surgiendo en el periodismo; si los contratan, él luego los invita a comer, o a tomar café. ¿Para adoctrinarlos? “No, ¡jamás! Ellos ya saben qué es The Washington Post”. Ya hizo eso desde el principio de su mandato en el periódico, donde aglutinó a jóvenes de todas las razas, y donde impuso controles férreos para que la dudosa atribución de fuentes no fuera un lugar común al que los periodistas se agarraran para simular sabiduría; pero aun así se le coló Janet Cooke, que ganó un Pulitzer con una historia que era mentira… “Uno de mis grandes errores”. Su libro Vida de un periodista (A good life, en inglés) es una biblia del periodismo y un libro de estilo, y hablar con él es acercarse a un periodista total que se agarra al oficio como de chico se agarró a las barras de gimnasia para que la polio no le venciera el ánimo. Y por ahí empezamos, una mañana de diciembre de 2008, a hablar con él en su cuarto de vigía de The Washington Post.

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Pregunta. Uno le imagina ahí, venciendo la polio, y ese suceso de su vida parece una imagen para entenderle.

Respuesta. Sí, la verdad es que ése fue un periodo muy importante de mi vida. Pero siempre he sido feliz, soy demasiado tonto para ser infeliz. No era el único que tenía polio; éramos 180 en la escuela y 20 la contrajimos. Era en 1936 y yo tenía 14 o 15 años. Me llevaron en una ambulancia; iba con otro niño con los mismos síntomas; murió dos días después. Fue la primera persona cercana que yo supe que había muerto. Mi padre me sacó de la ambulancia, me cogió en brazos y me subió tres pisos. Empezaba un drama.

P. Difícil sobrellevarlo.

R. Después de dos semanas, te bajaba la fiebre y te quedabas allí, tumbado, en la cama, sin poder moverte; entonces venía el doctor y te tocaba los músculos… El doctor me pedía que frunciera el ceño, que levantara las cejas, que moviera las orejas… Y todo iba bien hasta que llegamos a la zona del pecho. Me di cuenta de que no lo podía levantar. Fallaban los músculos de mi estómago. Pasaron cuatro meses antes de que pudiera levantarme y empezar a caminar de nuevo.

P. Sobrevivir a esa experiencia hace fácil afrontar cualquier experiencia.

R. Así es, siempre he sido un optimista. Creo que la vida es más fácil así.

P. Usted dice que la vida siempre está en el futuro.

R. Sí, pero para tener un futuro tenía que sobrevivir a aquello.

P. ¿Sigue siendo un optimista?

R. Más que nunca. Tengo 87 años y buena salud. Hace poco me quitaron la vesícula, ¡y fue la primera vez en veinte años que estaba enfermo! Así que soy muy optimista. Mis hijos están bien, tengo una esposa fabulosa…

P. Y ganó varias guerras…

R. Los jóvenes no entienden que la guerra haya sido tan importante para nosotros y para la gente de mi generación. ¡Fue lo primero que hicimos que fuera significativo! Primero íbamos a la universidad y de ahí nos íbamos a la guerra. Pasé tres años en el Pacífico, a bordo de un barco, tengo medallas de esa época. Entonces me daba miedo admitirlo, pero me lo pasé muy bien. El barco era bueno, la gente era buena. ¿Qué otra cosa iba a hacer? Tenía 20 años, ¡y no era cosa de ponerme a trabajar en un banco!

P. Tal vez por eso se hizo periodista.

R. Mi primer trabajo fue de chico-para-todo en un periódico, en verano. Tenía 16 años, y si usted mira ahí, en ese panel, está el primer texto que escribí. ¡No lo lea, por favor!

P. ¿Qué piensa usted de todos esos recuerdos?

R. Me siento orgulloso. Creo que a lo largo de mi vida he tomado las decisiones correctas. Sólo he tenido un único trabajo. Periodista. Fui reportero en The Washington Post en 1948, y me quise ir a Europa, y ya era padre de un hijo. Pensé: ahora o nunca. Así que acabé en la embajada norteamericana en París como agregado de prensa. Seguí buscando trabajo, y me hicieron corresponsal de Newsweek. El Newsweek y el Post son los únicos periódicos para los que he trabajado…

P. Raro verle de agregado…

R. Empecé de ayudante del agregado… Y luego fui agregado durante dos años. No me gustaba. Era un trabajo demasiado pasivo. La gran noticia del momento era la guerra de Indochina. Los americanos querían ayudar a los franceses y tener que explicar eso desde un punto de vista positivo era difícil.

P. Una época en que el periodismo no tenía nada que ver con este periodismo. Entonces tenía que saber de todo.

R. ¡O simularlo! Decían: los periodistas saben de muchas cosas, pero de todas sólo un poco. Y es verdad. Uno de los placeres del periodismo es que nunca sabes de qué vas a escribir cuando vas al trabajo. ¿Qué va a ocurrir en el mundo hoy? ¡Ni idea! Eso es lo excitante.

P. Kennedy es su figura. Es atrayente comparar aquel periodo, “lleno de esperanzas y promesas”, y este de ahora.

R. Él se murió tan pronto… Sólo fue presidente mil días. Y en ese tiempo le dio a América tanta esperanza… Fue el primer presidente de Estados Unidos nacido en el siglo XX. Murió a los 44 años. Fue el primer político al que conocí cuando tenía poco más de veinte años. Se mudó a una casa que estaba al lado de la mía, su mujer se hizo amiga de la mía. Nuestros hijos nacieron más o menos en las mismas fechas…

P. Usted lloró en su entierro… debe ser difícil separar la amistad del periodismo…

R. Suena difícil, pero él lo hacía fácil. Decidimos que nuestra amistad debía seguir aunque él fuera presidente. Y Newsweek, para la que trabajaba entonces, me envió a cubrir la Casa Blanca. ¡Y no a la Casa Blanca: al presidente! Pero no fue difícil. Decidimos que yo podía usar todo lo que me contaba, a no ser que me indicara lo contrario. Fue una regla simple, pero funcionó. Él no tuvo ningún problema. A veces, yo le suplicaba que me dejara escribir sobre algo que me había contado y que él había vetado…, pero no hubo ningún problema grande.

P. Pero usted se enteraba de las cosas antes que otros… Estaba más cerca.

R. Pero recuerde que Newsweek no es de tirada diaria, no vas buscando el gran titular de todos los días. Mis exclusivas tampoco eran grandes noticias; ahondaba más en lo cotidiano…

P. Una relación especial.

R. Y maravillosa. Fue una oportunidad fuera de serie. Agarraba mi coche, conducía hasta la Casa Blanca, aparcaba, ¡y cenaba con el presidente!

P. Y debió ser un mal trago que su libro de conversaciones con Kennedy acelerara la enemistad con la viuda…

R. Estoy acostumbrado. Siempre hay gente a la que no le gusta lo que escribes. Ella reconoció que yo había respetado mi parte del trato con Jack, pero no le gustaba verlo impreso. Pero tampoco yo era amigo suyo… Cuando él murió, ella se fue a vivir a una casa de Georgetown, enfrente de donde yo vivo ahora. Se quedó sólo un par de meses, no le gustaba Washington. Y se fue a Nueva York. Hasta que ella murió la habré visto diez veces, y una vez, cuando publiqué mis conversaciones con Kennedy, me retiró el saludo.

P. ¿Siente usted la misma esperanza con Obama que cuando estaba Kennedy?

R. No conozco a Obama. He coincidido con él sólo un par de veces. Pero sí hay conexiones entre ellos; los dos son jóvenes… Pero hay muchas cosas que los diferencian. El tiempo, por ejemplo.

P. Una elección que cambia todo.

R. Es una elección increíble para un hombre que sólo lleva diez años en la vida pública. Ha pasado del anonimato casi absoluto a ser el presidente electo. Pero ha logrado capturar la imaginación de los americanos, sobre todo la de los jóvenes. ¡Y la del mundo entero! ¿No es fantástico? Sí, por decirle lo que usted está buscando, me impresiona y me da esperanza.

P. Llega en un momento en que el mundo entero está hecho un desastre.

R. ¡Y va a peor! El pobre hombre llega en un momento en que el país se desmorona, la economía cae… Si pensó que iba a ser difícil su periodo, imagínese ahora. Pero va a tener el apoyo de la gente. Y eso es fantástico. Contar con esa popularidad siendo tan joven y con tan escasa experiencia… Si pudiera ayudar a solucionar el problema económico en el primer año y mantener luego su popularidad creo que será un gran presidente.

P. ¿Y qué piensa del que se va, de Bush? Usted siempre ha luchado contra la mentira, y hemos sido testigos de lo que ha pasado con las mentiras de Bush.

R. Sí, mintió, es verdad que mintió. No sé si era consciente de que era una mentira. No lo sabemos. Creo que sí sabía que era una mentira, y exageró… Siempre ha sido así. Todos mienten. Ahora la prensa es mucho más consciente de esas mentiras. Y se aseguran de demostrar que lo son. Mucho más que antes.

R. Quizá por Watergate.

R. O por Vietnam. Con Vietnam, América, por primera vez, empezó a dudar seriamente de lo que se le contaba acerca de lo que ocurría en otros países. Nos dijeron que en Vietnam las cosas iban bien cuando el país se estaba desintegrando.

P. Vietnam, Watergate, los papeles del Pentágono… Usted decía que detrás de los tres asuntos había mentiras, y su misión era desvelarlas…

R. Con Vietnam, la prensa empezó a examinar de forma mucho más agresiva las palabras y las acciones de sus líderes. Los presidentes ya no pueden salirse con la suya. En los tiempos de Roosevelt, cuando había una rueda de prensa en la Casa Blanca, sólo había 10 reporteros. Ahora hay acreditados 1.500 reporteros.

P. ¿Y hacen las preguntas que deben hacer?

R. Hacen las preguntas que ellos creen que deben hacer, o que sus jefes piensan que deben hacer. Los reporteros y los periodistas ahora están muy preparados, muy informados. Imagínese qué pasaba entonces: ¡sólo nueve hombres y una mujer para cubrir la Casa Blanca!

P. A veces mentimos a los nuestros, pero la mentira política afecta a todo el mundo.

R. Yo creo que ya no mienten tanto… porque no pueden hacerlo. Mire lo que le pasó a Nixon. Estaba preparado para ser presidente. Lo hizo bien, a excepción de Watergate. ¡Pero adónde le llevaron las mentiras! Le costó la vida política.

P. Usted dice que los periodistas no siempre tienen la verdad.

R. No sabemos la verdad. Si el primer ministro de un país me cuenta una mentira, no sé que me está mintiendo. Y lo voy a escribir. Pero ahora hay una gran preocupación por la verdad.

P. Tras Watergate, los periodistas empezaron a preocuparse por las fuentes…

R. …siempre que las puedan identificar, eso es bueno, y siempre que se refieran a hechos que ellos conozcan… Tuve que echar a un periodista de The Washington Post porque puso en boca de Robert Kennedy algo que éste pudo haber dicho pero que jamás pronunció. ¡Mintió! No hay argumento contra eso. El director depende de sus fuentes de información. Un periodista es la fuente de un director, ¡y si al director le falla la fuente…!

P. Internet es una fuente inmensa… ¿Cómo la ve?

R. Mi vida periodística acabó antes de Internet, ¡menos mal! Internet lo ha cambiado todo. Y has de convivir con ello. Pero puedes exigir que los estándares de Internet sean buenos. Y hay aspectos en que lo son. Pero hay mucho loco también.

P. Su autobiografía es como un epitafio de lo que fue el periodismo con respecto al periodismo que se hace ahora.

R. No lo sé. Las preguntas han cambiado. Sobre todo a causa de Internet. La instantaneidad de las noticias empezó con la televisión, e Internet es la apoteosis de lo instantáneo… La cantidad de noticias frescas es ahora menor en los diarios, eso significa algo. En la portada de The Washington Post aparecen noticias que ya se conocen, o por Internet o por la televisión. No estamos aportando nuevas historias, nuevos hechos… Por eso tenemos que concentrarnos en el significado de esos hechos que ya no damos nosotros en primer lugar; tenemos que saber si son importantes, si influyen en la historia, qué pasará en el mundo si se consolidan… Tenemos que saber eso y contarlo. Ésa es nuestra función ahora.

P. Y no sólo hay hechos. ¿No confundirá tanta opinión al público?

R. No, la gente presta atención a lo que se dice en los periódicos importantes, y si la opinión la da un periódico importante, la gente no confunde los hechos con las opiniones. Por eso es tan importante mantener la reputación de los periódicos.

P. Así que usted se siente optimista también sobre el periodismo y los periodistas.

R. No le quepa duda. ¿Qué sentido tiene la vida si uno no es optimista? Siempre lo he sido, y siempre he creído en la habilidad del cambio. Si alguien me dijera que el martes por la noche el mundo entero se va a ir al garete, pensaría también que habría que buscar una oportunidad para cambiar esto. Y el periodismo es un buen instrumento para cambiar las cosas.

P. Un director suyo, Ralph Blagden, le dijo que la esencia del periodismo es la superficialidad…

R. Era un filósofo, y lo dijo cuando yo estaba escribiendo una historia sobre los veteranos de la guerra; describí el asunto con tanto detalle que me dijo que era demasiado, y entonces soltó esa frase: “La esencia del periodismo es la superficialidad”. Dijo: “Cuenta la historia, pero no entres en detalles, porque entonces la historia terminará muerta”.

P. Su colega Alan Riding dice que los medios son cada vez más sofisticados, pero que el mensaje es cada vez más banal…

R. Quizá sea cierto, pero tenemos que vivir con ello…

P. “Nos hacemos periodistas por el deseo de arreglar las cosas torcidas”.

R. Sí, eso es mío; y dije también que no se puede ser cínico, que los periodistas no podemos ser cínicos… Y a lo mejor lo he sido. Cuando uno llega a mi edad ha escuchado tantas mentiras…

P. Hay un personaje en su vida, Katharine Graham…

R. Una mujer maravillosa, una editora fantástica. Ella se fiaba de ti y te dejaba ir a buscar la historia que tú creías que era importante contar. Extraordinaria… En una empresa hay dos tipos de acciones: acciones de tipo A y acciones de tipo B. Las acciones que son abiertas al público, las de tipo B, tienen un poder limitado. Sin embargo, las acciones A están en The Washington Post en poder de la familia Graham. William Buffet

tiene muchas acciones, pero no puede hacer cambios. Sin embargo, Don Graham, que también es dueño de muchas acciones, levanta un dedo y los cambios se producen. Es el jefe. Hay una diferencia muy grande entre administrar el periódico y tener acciones. Es de propiedad pública, pero está gestionado por una entidad privada. Los buenos periódicos de Estados Unidos funcionan así. Nosotros somos uno de ellos. Otro es The New York Times.

P. Su nombre se asocia a un momento dorado del periodismo. ¿Se acabó?

R. ¡Por supuesto que no! Éstos son momentos buenísimos para el periodismo. ¡Están ocurriendo tantas cosas! El acceso a la información es tan amplio. En los días de Roosevelt no teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Hoy impresiona la cantidad y la calidad de reporteros que hay.

P. Usted ha sido muy feliz en este oficio, se ve. El mejor oficio, según García Márquez…

R. Y yo estoy totalmente de acuerdo. No hubiera sido periodista si no hubiera sido este oficio como es…

P. En la recepción del periódico están los viejos principios del fundador del Post. ¿Cuáles son los suyos?

R. Los principios son para los dueños, no para los editores. Y para un periodista el principio fundamental es buscar la verdad y contarla. Es verdad que hay muchas verdades, es complicado buscarlas…

P. Uno de sus primeros trabajos en el Post fue para denunciar racismo en una piscina pública… Sesenta años después hay un negro en la Casa Blanca…

R. Es el símbolo más emocionante de la llegada de Obama al poder. Hemos tenido una experiencia muy complicada con el racismo en este país. Fue extraordinario pasar de la esclavitud a la segregación, y mire todo lo que sucedió después… Ahora tenemos a un hombre negro de presidente y muy pocos países desarrollados lo tienen. Y por ello me siento orgulloso. ¡Es fantástico para este país!

P. Dijo de usted Art Buchwald que era un magnífico director. ¿Ahora qué es?

R. ¡Soy un ex editor, ja ja ja! Pero también soy vicepresidente de The Washington Post sin tarea alguna. Me siento aquí, en esta esquina, hablando con gente muy interesante. Estoy involucrado en proyectos y escribo, no mucho, pero lo hago. Ayudo a otros y pululo por aquí. Bajo a la sala de reporteros, digo hola, como con la gente y ayudo a los jóvenes reporteros. Soy una parada en el tour de este lugar. He estado aquí mucho tiempo, así que pienso que no les estorbo. Y cuando encuentro a alguien con talento, bajo y lo comunico…

P. Y admite sus errores…

R. …como el de Janet Cooke. De ése nunca me arrepentiré demasiado.

P. Y sus triunfos, como el Watergate…

R. El mérito fue haber persuadido a Katharine Graham de que el periódico debía ir hacia la excelencia, de que había que convertir The Washington Post en algo grande. The Washington Post era el tercer diario en importancia en Washington cuando llegué, en 1968… Ahora no les cuento a los jóvenes con los que me reúno las batallas que tuvimos que dar. ¡Ya ellos saben de qué va The Washington Post, y yo renuncio a adoctrinarlos! A veces me preguntan por el Watergate, y les cuento, si quieren saber.

01.10.09

Democracia amenazada

Publicado en Lecturas a 4:23 AM por Agendamx

JOSEP RAMONEDA

BABELIA – 10-01-2009


¿Es inevitable la decadencia de la democracia y el triunfo del totalitarismo invertido? ¿Es Obama la última oportunidad de salvar a la democracia de su disolución en el nuevo estado corporativo o él mismo forma parte irremisiblemente de este sistema? En un tiempo de crisis en que todo parece leerse en clave económica, algunas voces van introduciendo el debate sobre la cuestión política y sobre el futuro de la democracia. Una de ellas es el profesor emérito de Princeton Sheldon Wolin con su libro Democracia S. A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido.

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El argumento podría explicarse así: desde que en 1980 Ronald Reagan prometió “librar al pueblo de la carga del gobierno”, el partido republicano ha seguido una evolución que está conduciendo a Estados Unidos a una paulatina disolución de la democracia en un totalitarismo invertido. ¿Por qué invertido? A diferencia del totalitarismo clásico, no nace de una revolución o de una ruptura sino de una evolución dirigida. Su objetivo principal no es la conquista del poder a través de la movilización de las masas sino la desmovilización de éstas desde el poder, hasta devolverlas al estado infantil, del que ya Tocqueville había advertido que era uno de los peligros de la democracia americana. Y crear de este modo un sistema político en que el papel de la ciudadanía se vaya difuminando hasta quedar estrictamente reducido al ejercicio del voto el día de las elecciones. La neutralización de la ciudadanía es la base de una nueva forma de democracia, la democracia dirigida, que es la que Estados Unidos pretende exportar al mundo. Una democracia sin ciudadanos, porque éstos, atemorizados y desocializados, se alejan de la política y dejan las manos libres a los gobernantes para que puedan de este modo imponer la agenda de las grandes corporaciones. Para Wolin el totalitarismo invertido es una forma perfeccionada del “arte de moldear el apoyo de los ciudadanos sin dejarles gobernar”. Una ciudadanía apática “redunda en una política dirigida más eficiente y racionalizada”.

Esta evolución de la democracia, que adquiere su máxima expresión en el periodo Bush que está terminando, tiene su origen en la guerra fría y se funda en la reafirmación de la voluntad de imperio, después de la amarga experiencia de Vietnam. Reagan lo dijo así: tenemos “el poder de volver a amenazar al mundo desde el principio”. La democracia dirigida tiene por tanto su dimensión internacional y su dimensión interior. Y se funda en la alianza entre las élites republicanas, las grandes corporaciones y el evangelismo religioso, con el doble objetivo de volver a dominar el mundo y de construir una mayoría interior permanente sobre una ciudadanía despolitizada. “Lo que se revela o más bien se confirma”, escribe Wolin, “es que la unión consumada del poder corporativo y el poder gubernamental anuncia la versión estadounidense de un sistema total”.

Los instrumentos para la desmovilización ciudadana son: una mitificación de los textos constitucionales, sobre la base de una lectura restrictiva que se centra en los mecanismos destinados a evitar los peligros populistas y en desequilibrar el sistema en favor del ejecutivo. El discurso de la superioridad moral de una nación elegida y la explotación del patriotismo con la magnificación de las amenazas. Una política ideológica que busca inculcar el miedo y la inseguridad a la gente, en la que la lucha antiterrorista -a partir del 11-S- ha jugado un papel capital. La privatización de las funciones y los servicios públicos hasta hacer irreconocible la idea de lo comunitario y del espacio público. Y unas políticas económicas destinadas a beneficiar a las clases altas, junto con un desprecio de las políticas sociales que favorece la desconfianza de los ciudadanos y aleja del voto a los sectores más desfavorecidos que no tienen nada que esperar de los gobernantes. En suma, la despolitización pasa por “la creación de una atmósfera de temor colectivo y de impotencia individual”. Todo ello con un objetivo claro: que el Superpoder pueda decidir a su antojo, sin tener para nada en cuenta a la opinión ciudadana.

Pero quizás el elemento clave del sistema descrito por Wolin sea “la extraña pareja” que ha formado este Superpoder: “Una alianza en la que encontramos fuerzas arcaicas reaccionarias, regresivas (económicas, religiosas y políticas), con fuerzas progresistas de cambio radical (líderes empresariales, innovadores tecnológicos y científicos) y cuyos esfuerzos contribuyen a distanciar paulatinamente a la sociedad contemporánea de su pasado”. Para Wolin es una relación simbiótica, basada en un interés común: “El bloqueo de un rumbo demótico y el avance forzado de la sociedad por un rumbo diferente, donde se den por sentadas las inequidades, se las racionalice, quizás se las celebre”. Lo arcaico, lo religioso, aporta certidumbre y ayuda “a neutralizar el poder de los Muchos”, el poder corporativo necesita estos factores estabilizadores para que sus procesos de cambio no descarrilen. En este marco se produce una transmutación doble del poder corporativo y del Estado. El primero “se vuelve más político”, y el segundo, “más orientado al mercado”. El objetivo de la triple alianza es imponer una determinada idea de la realidad: establecer como verdadero lo que de hecho no lo es. Por eso la mentira se adueña de la escena: “Una de las partes más difíciles de mi trabajo”, decía Bush, “es vincular a Irak con la guerra del terrorismo”. Como dice Wolin, “en el fondo, mentir es la expresión de una voluntad de poder. Mi poder aumenta si una descripción del mundo que es producto de mi voluntad es aceptada como real”. Y la mentira, ciertamente, debilita a la democracia.

En este contexto, la elección de Obama habría que situarla en lo que Wolin llama la “democracia fugitiva”, “la forma de expresión política de los sin ocio”, que de vez en cuando se dejan oír desafiando a la democracia dirigida. Pero hay serias dudas sobre la consistencia y continuidad de estas reacciones políticas de los ciudadanos, que tienen mucho de irritación moral. El desafío de hoy “es recuperar el terreno perdido, popularizar las instituciones y las prácticas políticas que han sido excluidas del control popular”. Pero, ¿estamos a tiempo de revitalizar la democracia? Para Wolin el estado corporativo está tan bien trabado que Obama tiene poco margen de maniobra: “El sistema impondría límites muy estrictos a cualquier cambio indeseado”. La partitura de Wolin puede parecer excesivamente pesimista, pero muchos de sus sonidos nos son familiares. La degradación de la democracia no es patrimonio exclusivo de los americanos. Y la indiferencia, fomentada por los gobernantes, crece en todas partes, al tiempo que los Estados, también los europeos, están cada vez más impregnados de corporativismo. Por eso siempre he preferido hablar de totalitarismo de la indiferencia que de totalitarismo invertido. -

01.06.09

El nuevo movimiento de los movimientos*

Publicado en Lecturas a 2:14 AM por Agendamx


Por Antonio Negri**

(…) El movimiento de los movimientos nace, justamente, sobre una base que tiene el carácter de novedad teórica. Por lo tanto, se trata de interpretar la nueva figura que la democracia asume, la nueva figura del capitalismo y la nueva figura del poder; es decir, los límites de la democracia, los límites del desarrollo capitalista y los límites de la definición del poder moderno.


Fuente: Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano (Número 15) y La Jornada. 23 de diciembre de 2008.


Los límites de la democracia

Recordemos que cuando el movimiento de los movimientos se presenta, expresa esencialmente una reivindicación democrática, una radicalización de la democracia, teniendo en cuenta los limites conceptuales y prácticos que la democracia presenta. ¿Qué significa esto? Significa que lo que se pone en discusión son, en general, los grandes temas fundamentales de la democracia, particularmente el tema de la representación. Sobre la representación se ejerce precisamente la primera gran experiencia de critica del movimiento.

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La participación es un tema que se desarrollará desde Porto Alegre, según experiencias que se han basado sobre todo en los niveles municipales o en los niveles de gobierno regionales, que agregan fundamentalmente el valor de solicitar e impulsar la reflexión sobre la representación. No creo que nadie dentro del movimiento de los movimientos haya creído efectivamente que las experiencias de participación que se desarrollaron en torno a Porto Alegre poseyeran un significado general, típico o paradigmático. Se trataba, en realidad, de la cuestión de la transformación de la democracia, es decir, del retorno a los grandes problemas del poder constituyente.

Es necesario tomar en cuenta, con mucha atención, que cuando se enfrenta este tema crítico de la representación, se lo puede enfocar desde varios puntos de vista. Se lo puede encarar a partir de los mecanismos de la representación democrática, es decir, de la critica de la transferencia de la soberanía del pueblo a la nación, del pueblo al Estado. También se lo puede afrontar, por ejemplo, desde la ineficacia de la representación en la acción ejecutiva, esto es, en la disolución sistemática del concepto de gobierne en aquello que se denomina governance (gobernabilidad), es decir, en la disolución de la tradición de gobierno, de la política y su ejercicio. Esto significaría que, en general, está en crisis la relación entre el sujeto de la representación y el ejercicio del poder.

La cuestión del trabajo

La segunda gran temática que afronta el movimiento de los movimientos después de la representación es la cuestión del trabajo. Y cuando se la aborda, se lo puede hacer también desde varios puntos de vista. El punto de vista que con mayor frecuencia emerge en la discusión contemporánea y que se impone dentro del movimiento de los movimientos, consiste en la transformación del concepto de trabajo, en la percepción de que el trabajo es, sobre todo, actividad social. Esto significa que el concepto de trabajo se separa del concepto de industria; vale decir, el concepto de valorización se engancha cada vez más con el concepto de actividad social. Estamos afrontando una valoración del trabajo que se vuelve cada vez más subjetiva, una concepción del trabajo que es cada vez más una percepción de la cooperación laboral, de la capacidad de relacionarse en una actividad de la nueva cualidad común de la actividad social, a la que llamamos trabajo. Tengo la impresión de que esta concepción del trabajo es la que ha sido privilegiada dentro del movimiento de los movimientos.

Esto significa en sí la manera en la que el capital pueda asumir esta nueva forma de trabajo. Hasta ahora, puede ser pensada en el nivel en que el trabajo es concebido como capital variable, es decir, como algo que puede ser valorizado sólo cuando es introducido como capital constante. Es posible que la actividad social como nuevo concepto del trabajo sea concebida dentro del concepto de capital sólo cuando sea considerada como elemento de valorización. Es, pues, el problema del capital unitario en el sentido que Marx le ha dado. Evidentemente, aquí surge también otro problema: el do cómo concebir y considerar el desarrollo hoy en día (…)

Poder constituyente y Estado-nación en América Latina

Sin embargo, ante esta situación –en la cual, insisto, las organizaciones de la izquierda no existen más– el ciclo de luchas de la nueva fase, de la nueva época, el movimiento de los movimientos continúa de todas maneras viviendo y subsistiendo en el mundo. Es por esto que resulta tan interesante la situación de América Latina, porque aquí están vivas algunas condiciones características del movimiento de las que he mencionado arriba, tanto en el terreno de la crítica de la representación como en el terreno de la crítica del concepto de trabajo y en el de la crítica del poder.

Es evidente que –por la situación en que se encuentra el poder del capitalismo internacional y del capitalismo global después de la guerra a nivel mundial y después del 11 de Septiembre– en América Latina se ha roto la relación de dependencia con el centro imperial. Esta ruptura es un elemento absolutamente fundamental, y no solamente desde el punto de vista del análisis de la configuración global del capitalismo, sino también de la condición de los movimientos. La ruptura de esta relación de dependencia es la consecuencia del hecho de que América Latina se encuentra en una situación de interdependencia en el mundo global, lo que determina condiciones absolutamente distintas y nuevas. Es justamente sobre este terreno que las características de los nuevos movimientos han encontrado una expresión excepcional. Bastaría hablar de lo que está sucediendo actualmente en Bolivia para comprender lo que hemos dicho a propósito de las nuevas determinaciones de la lucha de clases, porque resulta absolutamente evidente que eso es lo que está en juego. No digo que esto sea un modelo, sino que es una experiencia, y sería fantástico que pudiera convertirse en un modelo.

Desde el punto de vista del conocimiento actual, es evidente que la experimentación de las relaciones entre movimiento y gobierno son un tema absolutamente central. Fíjense bien, cuando planteamos este problema desde el punto de vista de la lucha de clases, planteamos lo que los capitalistas están también planteándose desde su posición. En la medida en que la producción no es más una producción que pueda ser concentrada en lugares fijos, que el control social pueda pasar sobre la organización de la clase obrera central, en la medida en que las luchas han destruido la capacidad del Estado-nación de intervenir con sus propios medios en la lucha de clases para bloquearla y dominarla, la estructura misma del Estado-nación está en crisis, porque no es capaz de ejercer su dominación sino dentro de un sistema mundial, de un sistema que tiene que negociarse con otros. Esta es una situación en la que los elementos de decisión política se vuelven cada vez más trascendentales. En esta situación, está en crisis la forma misma del gobierno constitucional de derecho. Es evidente que el Estado-nación europeo –para no hablar de los demás– no tiene ni la posibilidad de ejercer el monopolio de la fuerza, ni la capacidad de determinar el valor de su moneda, ni la posibilidad de determinar de manera independiente su ruptura, al margen de lo que se concibe como relaciones internacionales o relaciones globales.

La noción normal de los gobiernos sobre el ejercicio del derecho de gestión del poder público basado en el carácter universal y general de la ley que se deduce hasta la decisión de casos concretos, se vuelve imposible a nivel global y a nivel local por la relación de fuerzas existente, y son justamente las otras experiencias de gobierno –las que se ejercen continuamente a partir de decisiones de casos concretos– las más gobernables.

Todo esto muestra hasta qué punto la fragmentación de las capacidades de descentralización del Estado lo vuelven frágil; hasta que punto los procesos de gobierno se vuelven cada vez más incapaces de ejercer su pleno poder. Pero cuando afirmamos esto, retomando el nivel de la administración efectiva de la sociedad, vemos el mismo dualismo que encontramos en el capital. Es decir que el mismo capital es imposible para el capital constante, pero al mismo tiempo el capital, en tanto centro productor, hace imposible el gobierno del capital variable, porque éste es el lado activo, es cognitivo, y por eso mismo tiene una cualidad que hace imposible reducirlo a una cantidad. Por este motivo, la producción social y la ley del valor funcionan solamente en tanto expropiación de la cooperación social; este es el problema. Para gobernar hoy se necesita a los movimientos; no podernos gobernar sin ellos. Es ridículo, ¿no? Tanto como que la izquierda tenga que enseñarle a la derecha la forma de gobernar.

Pero es evidente que volvemos a un problema central, el problema del poder constituyente. Es decir que desarrollar esta forma de gobierno entre los movimientos y la ejecución y la voluntad de los movimientos no es simple; puede estar llena de contradicciones. La autonomía en sí misma no es algo que pueda resolver el problema, la sociedad continúa siendo una sociedad compleja. Por lo tanto, cuando logramos hacer intervenir en esta acción continua –que es gobernar hoy– el concepto de la práctica en común, solamente entonces gobernar se hace posible, y se hace posible de una manera revolucionaria, construyendo lo común.

Esta construcción de lo común significa hoy recuperar todas las fuerzas de libertad y de igualdad que existen en nuestra sociedad y que están ligadas, fíjense bien, a la nueva forma que el trabajo asume. No es posible hablar del valor sin libertad, y no producimos valor sin lo común. Lo común y la libertad son dos cosas absolutamente ligadas entre sí, y este es el enorme problema y la gran desutopía. Y lo afirmo porque parece lejano como una utopía, pero está ya en la experiencia de cada día, y por lo tanto la llamamos así: una utopía a la inversa, una esperanza que vive y un modelo a construir. Creo que eso es lo que el movimiento de los movimientos nos ha enseñado, y espero que el ciclo de luchas que hemos visto continúe, más allá de la derrota relativa que los movimientos han vivido en Europa y en América del Norte. Hoy América Latina tiene una importancia central gracias a estas experiencias, es nuestra esperanza, y América Latina llega hasta Nueva York.

Comentario de Álvaro García Linera***

Comentar a Toni es una labor muy complicada (…) Voy a intentar detenerme en algunos puntos para dialogar a partir de la experiencia boliviana, para hacerle conocer algunos aspectos de nuestro país y para que eso pudiera servir también como insumo para sus posteriores reflexiones (…)

Nuevas formas de organización del trabajo en Bolivia

Con relación a la fragmentación de la organización del trabajo, si bien no somos una sociedad plenamente industrial en el sentido clásico del término, está claro que los niveles de industrialización que ha tenido América Latina –y Bolivia– entre los años treinta y en los ochenta se han visto radicalmente modificados. Hubo un proceso de adelgazamiento de la producción industrial en el país, incluso de desconcentración de los procesos laborales, de la articulación en red de pequeñas empresas desconcentradas y parcializadas, que sin duda ha modificado la idea general de lo que entendemos por desarrollo industrial. Atrás han quedado las grandes fábricas con sus grandes chimeneas, con sus grandes ciudadelas obreras; lo que hoy tenemos es una actividad laboral fragmentada y diluida en el ámbito de la pluralidad de las actividades sociales de nuestro país.

En buena parte, esto ayuda a entender bien la disolución de la fuerza Organizativa y política de la Central Obrera Boliviana (COB), una central de trabajadores que intentó aglutinar, en tomo al mundo obrero, al resto de la sociedad boliviana, y que tuvo como núcleo a los trabajadores de las minas de estaño y de las grandes fábricas urbanas, que fueron protagonistas de los grandes procesos de transformación revolucionaria de los años cincuenta. Esta COB, que a momentos llegó a actuar incluso como un poder alternativo al poder estatal, logró crear un bloque social de campesinos, clases medias, trabajadores urbanos y otros, aunque, sin duda, su núcleo fueron las grandes minas y las grandes fábricas.

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Estas grandes minas y estas grandes fábricas hoy han desaparecido; en cambio tenemos pequeñas minas y pequeñas fábricas, numerosísimas en cantidad, pero de reducido número en su concentración de fuerza de trabajo.

Además de una desconcentración territorial, dentro de los procesos organizativos del trabajo se da una ruptura de los mecanismos de disciplina y de transmisión de saberes del obrero mayor al obrero joven –que antes garantizaban la unidad de acción del movimiento obrero–, al sustituirse la disciplina por transmisión de saberes y por antigüedad, vinculados al asenso ya a una mejor renumeración, por otra forma de disciplina. Esta transferencia de los conocimientos productivos ya no está dentro del mundo obrero, sino en manos de la patronal, a través de la transmisión empresarial de conocimientos. Asistimos, pues, a una auténtica disolución de los mecanismos tradicionales de disciplina del movimiento obrero.

Un segundo elemento que coloca Toni sobre las transformaciones del capitalismo es el tema de las migraciones. En el caso de Bolivia tenemos, no recientemente sino de larga data, procesos migratorios intensos. La circulación de obreros bolivianos hacia la Argentina o hacia Chile o de Chile hacia Bolivia y de Argentina hacia Bolivia a principios del siglo XX, se intensificó notablemente. A partir de los años sesenta la migración de obreros bolivianos se dirigió fundamentalmente a tres lugares: la Argentina, el Brasil, los Estados Unidos, y recientemente, a España.

En los últimos meses hemos visto la ampliación de este proceso migratorio, que no solamente es fuerza de trabajo simple –campesinos o pequeños productores–, sino que también abarca a clases medias profesionales. Resulta así, a modo de paréntesis, que Bolivia puede gastar cerca de 60 mil dólares para formar un profesional y que luego éste trabaja de lavador de ropa, de barrendero o de cuidador de ancianos en algún lugar de Europa o de los Estados Unidos.

Hay un proceso de ampliación de esta migración, que sin duda tiene influencias notables, primero, en la fuga de capacidades productivas internas, aunque la contraparte es el ingreso y el retorno de capitales por las remesas de estos trabajadores a sus familiares. Y segundo, Bolivia debe ser una de las sociedades, posiblemente junto con la Argentina, el Salvador y el Ecuador, con elevadas tasas de migración en el continente, en especial durante los últimos 10 años.

Otro elemento que menciona Toni es el del cambio en el carácter del consumo de la fuerza de trabajo, un paso de lo material físico hacia lo cognitivo. Este es un tema que ya lo había estudiado Marx en el siglo XIX a través de la categoría que mencionaba Toni: la subsunción formal del proceso de trabajo bajo el capital.

Marx plantea que la capacidad intelectiva de las personas cuenta más que el esfuerzo físico, situación que tiende a aumentar. Sin embargo, está claro que en el desarrollo del capitalismo nunca contó solamente lo físico, porque la fuerza de trabajo siempre tuvo dos componentes: el componente intelectual-cognitivo y el componente físico.

Lo que ha hecho el capitalismo contemporáneo es modificar la relación entre lo intelectivo y lo físico, ampliando cada vez más el esfuerzo intelectivo y reduciendo a lo mínimo la parte física a medida que se desarrolla la tecnología, puesto que el esfuerzo físico puede ser sustituido por máquinas.

En cambio, para la actividad intelectiva y cognitiva, Marx marca una modificación en el polo capitalista: que lo intelectivo es social. Es un hecho universal el trabajo físico individualizado y más personalizado, que también es fruto de la colectividad, pero no hay nada más universal que lo cognitivo, lo intelectivo y lo asociativo. Ciertamente, el capitalismo se desarrolla mediante una apropiación creciente de la capacidad cognitiva, que es un producto y una fuerza productiva universal y universalizante; de ahí este carácter totalizante y universal del desarrollo contemporáneo del capitalismo.

Toni introduce una categoría muy interesante, yo diría rica: el movimiento de los movimientos, porque eso nos permite ver la acción colectiva, la actividad de la sociedad, el movimiento obrero, no a partir solamente de su estructura, sino fundamentalmente de su acción. La clave de la acción colectiva de la sociedad es justamente eso: su proceso, su movilización, que se objetivizan en sus estructuras, sus discursos, sus liderazgos. Pero lo fundamental es, sin duda, la propia acción y la propia movilización. De ahí el concepto preciso y valioso de movimiento de los movimientos (…)

Democracia y representación en Bolivia

Toni menciona que uno de los puntos que estaría siendo sometido a crítica por este proceso del capitalismo es el de la democracia, fundamentalmente el de la representación política, un asunto muy cercano a nosotros.

La democracia es, por definición, una contradicción en sí misma. Por una parte, es el proceso de disolución de la toma de decisiones de la propia sociedad, pero por otra, tal como se ha dado históricamente, es el proceso de concentración de la toma de decisiones. Cuando se habla de concentración se está hablando de representación. Una sociedad de nueve millones de habitantes o de 60 ó de 100 ó de 200 millones de habitantes tiene que tomar decisiones, y al tomar decisiones tiene que concentrar. No siempre pueden concentrarse los nueve millones de personas para tomar estas decisiones, por lo tanto, hay que delegar responsabilidad y representar.

Pero al delegar –lo que es a la vez una doble contradicción– uno entrega su voluntad a otro y es necesario volver a verificar la decisión de uno; resulta contradictorio porque ya no es uno el que toma la decisión, sino que será otro quien lo haga por uno. Si no se delega, no hay eficacia en la toma de decisión, y si se delega, se está entregando la voluntad de uno al criterio y la voluntad de otro.

Esta contradicción viene desde la época de Cristo hasta nuestros días, son distintas modificaciones. Nosotros aquí en Bolivia, vivimos nuestro proceso por una parte como una gran expansión de la democracia que sale a las carreteras, a las calles, que se moviliza en sus sindicatos, en sus barrios, se indigna contra los gobernantes, les quita el derecho a tomar decisiones –Sánchez de Lozada, Carlos Mesa y otros– y resuelve asumirse con ese derecho. Este es el momento de la expansión del hecho democrático, la democracia se visibiliza como un derecho real, no meramente formal de depositar el voto.

Bolivia ha vivido los últimos siete años en un ciclo de intensas movilizaciones sociales que pueden ser leídas como ciclos de intensas reinvenciones de la democracia: amas de casa, jóvenes, campesinos, obreros, intelectuales, deliberando, tomando decisiones en sus manos, planteando sus objetivos, cambiando gobernantes y definiendo lo que tiene que hacerse con el país: nacionalizar los hidrocarburos, la Asamblea Constituyente, recuperar los recursos naturales. Como un programa de acción de gobierno, de gestión de lo colectivo que no nació ni de las universidades ni del antiguo movimiento obrero, sino de los procesos de deliberación democrática de la sociedad plebeya, desde sus centros territoriales locales, que se fueron agrandando y convirtiendo en grandes centros de deliberación general.

Pero ¿hasta cuándo puede mantenerse este movimiento, hasta dónde se puede mantener un proceso ininterrumpido y permanente de deliberación y de asunción directa en la sociedad de sus decisiones sin necesidad de delegar? La experiencia que tenemos en Bolivia en los últimos años –que también la podemos comparar con otro ciclo de movilizaciones de los años ochenta, parecido al actual pero con otro eje articulador: obrero, indígena, campesino– es que la sociedad pareciera tener momentos de gran movilización, deliberación y reapropiación de sus decisiones, donde no acepta ser representada, sino que exige representarse a ella misma en procesos de autorepresentación social.

Pero llega un momento en que esto no continúa, llega a un límite, comienza a reducirse, y hay que estudiar los motivos. Entonces, comienza a plantearse la delegación de funciones, la entrega de voluntad, no solamente en elecciones internas electorales sino, incluso, en términos de las propias necesidades básicas.

Tomo como ejemplo la lucha por la recuperación de la empresa del agua en Cochabamba, con la que se inició esta época de grandes movilizaciones sociales en Bolivia. La gente de Cochabamba se movilizó, expulsó a una empresa, cambió la ley, desconoció al Parlamento y dijo que el agua no debería ser privada, que debería ser de la sociedad; la tomó directamente y luego de hacer eso, se replegó a su casa a esperar tenerla pronto.

¿Hasta qué punto es posible mantener ininterrumpidamente el movimiento de reapropiación o cuáles son las condiciones que explican que la sociedad, después de haber conquistado y de haber ejercido su derecho democrático, luego busque un camino de delegación? En el fondo nuestro gobierno es eso, en el fondo es el resultado de un gigantesco proceso de movilización social, de autorepresentación social y de cinco años ininterrumpidos con decenas de muertos, perseguidos, mutilados; de heroicas movilizaciones que se expanden por todo el país, y luego la gente dice: “Bueno, aquí está mi voto y usted, compañero, encárguese de continuar lo que yo hice”.

¿Fue correcto o no lo fue? ¿Hasta qué punto no sería mejor esperar que la sociedad siga movilizándose y entonces el gobierno, resultado de esta movilización, se convierta en algo irrelevante, secundario, innecesario?

¿Cómo fue que la sociedad llegó hasta ahí y entregó la posta a unos representantes para luego replegarse temporalmente a la espera de que ellos hagan cosas que habían sido esperadas por la sociedad? ¿Cómo pensar en la posibilidad de una nueva democratización de la sociedad que no sea cuánto hace el gobierno, sino cuánto vuelve a movilizarse nuevamente la sociedad para ir por encima o por debajo del gobierno, a una nueva oleada? Esa es nuestra esperanza, y ahora hablo como gobernante, pero también como investigador.

La clave aquí es preguntarse: ¿es posible que la sociedad se mantenga movilizada ininterrumpidamente, es posible pensar en un proceso de autorepresentación? Hay algunas pistas en el mundo campesino indígena de tierras altas y de tierras bajas, donde existen procesos de representación, pero donde no hay un proceso de delegación del poder. La autoridad tiene que cumplir el mandato, pero el mandato en sí mismo no tiene poder, no tiene un mecanismo de coerción, no tiene un mecanismo económico. La ejecución depende de la delegación de la propia decisión de la colectividad, incluso para poder pagar el transporte del representante; esa es una experiencia local comunitaria boliviana.

Que esto pueda potenciarse para ir generando un mecanismo de representación que no signifique delegación de las decisiones, que no sea simplemente representación de la decisión, sino más bien preservación de la capacidad de mando material y objetiva de la sociedad que está siendo representada, a eso le hemos llamado un proceso de comunitarización del poder. Es otro término complicado y contradictorio en sí mismo, porque todo poder es por definición monopolio y todo comunitarismo es por definición socialización.

Pero quizás valga la pena cabalgar sobre la contradicción, quizás sea esta la mejor forma de romper con la governance, que es la anulación de la contradicción. La clave de una nueva izquierda es cabalgar sobre la contradicción, vivir en la contradicción como única manera de permitir siempre el flujo vital de la sociedad, pero a la vez, la eficacia de esa vitalidad en imagen y decisión.

Apostar solamente a la movilización social y a la posibilidad de las grandes acciones colectivas es deseable para cualquier revolucionario. Resulta asimismo idealista porque la sociedad no se moviliza permanentemente ni ininterrumpidamente; la sociedad también reposa y luego vuelve a movilizarse, luego vuelve a reposar; el lapso de esos reposos puede ser de una semana o pueden pasar décadas, es imprevisible (…)

Movimiento de los movimientos en América Latina y en Bolivia

El continente latinoamericano, nos planteaba Toni –y comparto la idea–, está viviendo un proceso de transformaciones muy intensas. En el debate académico y político en América Latina, esto es visto como que existen gobiernos de izquierda; esa es la superficie. Pero, en el fondo del fondo, yo creo que lo que describe Toni es correcto: hay una ruptura y un debilitamiento de los mecanismos de dependencia del poder central.

Esto no es solamente un hecho de voluntad política o de liderazgo. Hay una base material del continente en biodiversidad y recursos energéticos que permite una plataforma de intervención y de eficacia en cierta toma de decisiones a nivel mundial; una consolidación creciente de un mercado regional frente a Europa, frente a la China y frente a la India. Pero también hay múltiples, sofisticados y difusos, pero activos, mecanismos de su acreditación que todavía están vigentes.

Buena parte del empleo continental y la deuda externa latinoamericana de los años sesenta y setenta se sostuvieron sobre los petrodólares, y eso permitió crear una serie de grilletes y de cadenas al desarrollo continental. Era muy evidente que el continente era un siervo frente a otros poderes. En el momento actual los petrodólares han retrocedido o han surgido otros “petrodólares locales”, otra forma de riqueza local que ha permitido una relativa soberanía.

En Bolivia, hace tres años, exportábamos 1.600 millones de dólares, hoy estamos exportando 4.000 millones de dólares; en dos años hemos casi triplicado la exportación. Eso tiene relación con el potenciamiento de sectores productivos, pero también con una mayor capacidad de este gobierno para tomar decisiones.

Hasta hace dos años, los gobiernos bolivianos tenían que ir al Fondo Monetario Internacional o al Banco Mundial a pedir dinero para pagar salarios a sus trabajadores. Hoy no tiene por qué pasar por eso; puede pagar salarios con sus propios recursos. ¿Significa que estamos regresando al capitalismo de Estado de los años sesenta? No, porque los mecanismos de interdependencia y de interconexión son mucho más evidentes. Hay exportación de este país porque hay la China que consume más mineral, hay la India que extrae su producción, y si no fuera por eso, nuestras exportaciones estarían limitadas y no tendríamos la solvencia para tomar decisiones.

Entonces, hay una renovación de mecanismos de decisión autónoma con otros flujos de determinación externa. Lo que ha variado son las características de esos flujos externos y la fuerza de los mecanismos de decisión interna, lo que está permitiendo, sin duda, una reconfiguración del continente. En cierta medida, pareciera ser que el continente latinoamericano se está adelantando a otros en estas cosas.

Esta modificación de la relación de dependencia y de soberanía –no en el sentido decimonónico, sino en el sentido contemporáneo de que puede haber soberanía relativa sobre ciertos asuntos y dependencia sobre otros– está permitiendo cosas muy interesantes en el continente. Potencialmente, existen mayores procesos de integración, un despertar más activo de una sociedad civil que se querella por el excedente y su distribución más correcta, y que al querellarse por la distribución del excedente crea formas de participación y de acción política diversas, desde las autónomas hasta las mediadas o subordinadas a viejos y nuevos poderes. Pero, en todo caso, el continente –y no solamente Bolivia– es una zona de experimentación de nuevas formas del movimiento de los movimientos.

Creo que en Latinoamérica se están inventando cosas nuevas, que a veces parecen antiguas pero que en el fondo son muy nuevas. La experiencia Argentina con el movimiento piquetero, los procesos de intercambio de productos y el fomento del comercio solidario, experiencias urbanas que fueron un modo de desarrollo de la creatividad social; la experiencia brasilera con el Movimiento Sin Tierra y las experiencias de gobierno regional y municipal han creado otro escenario de experimentación de mecanismos de organización muy nuevos. Y Bolivia, a su modo, tiene también su propio aporte en lo nuevo.

Hemos pasado de una forma de movilización territorializada –fábrica, gran empresa– a un tipo de acción colectiva desterritorializada usando abusivamente de su poder. Es la movilización de El Alto, la movilización del altiplano aimara, la movilización de los regantes y ciudadanos de Cochabamba.

Estas grandes movilizacionens no partieron de una fábrica ni de un barrio, sino de múltiples actores, obreros, microempresarios, campesinos, intelectuales que, a partir de redes locales territoriales, crearon otra red flexible, móvil, que se desplazo a lo largo de la sociedad y que ocupó el territorio, porque no pertenecía a un territorio especifico, porque podía moverse como si la totalidad del territorio fuera propia.

En Bolivia no hay movimientos sociales de base territorial; podría decirse que lo que hay son movimientos sociales con temáticas transversales. El tema del agua y el tema del gas juntan a campesinos, a intelectuales, a pequeños productores, a comerciantes, a obreros asalariados, que se mueven en torno a un objetivo. Una vez conquistado el objetivo, cada cual regresa a su actividad local, territorial, para luego ser convocados nuevamente por otra acción colectiva, por otra movilización y por otra demanda.

Algo nuevo acá, que resulta central para entender Bolivia, es el replanteamiento del terna de la identidad. Toni Negri decía que, en el fondo, todo es lucha de clases –yo coincido plenamente con esa afirmación–, y lo interesante en Bolivia es que las clases sociales han sido construidas étnicamente o, si se prefiere, hay una dimensión étnica de la clase social.

En el fondo, toda clase social tiene una dimensión étnica cultural, pero no siempre la dimensión étnica cultural es el mecanismo mediante el cual se visibilizan las clases sociales. En el mundo entero, las sociedades tienen una dimensión y un componente étnico cultural, pero las circunstancias han hecho que en Bolivia esta parte étnica cultural de la constitución material de las clases sociales sea el resorte identitario movilizador en torno al cual se despiertan las convocatorias, las indignaciones y las propuestas frente al Estado.

Afirmar que hay clases por un lado y etnias o celectividades étnicas culturales nacionales por otro es falso, porque en el fondo la sociedad contemporánea y los Estados contemporáneos son siempre racializados, aunque han escondido este su carácter detrás de un discurso de universalidad respecto del liberalismo del siglo XVIII, cuando estaban en ese proceso.

En el caso de Bolivia, la forma de visibilización de la organización, no la única pero la más importante y con mayor capacidad de presión social, se ha hecho notoria a partir de la reivindicación del complemento étnico, cultural y de identidad. Y no por casualidad, porque era una sociedad racista que escondía la dominación de clase detrás de una dominación étnica, y las clases sociales podían visibilizarse a partir del color de la piel, del idioma, del apellido.

Lo interesante en Bolivia es que hay una movilización colectiva de pequeños productores, de obreros fragmentados, de obreros desterritorializados, pero que no se movilizan ni levantan sus banderas públicas a través de la identidad obrera, sino de la identidad cultural o, en otros casos, a partir de una temática aglutinadora. Por supuesto, eso obliga a reinventar las formas de organización, las formas discursivas y las formas de interconexión.

El trabajo que se requiere para juntar las cosas es infinito y la sociedad ha hecho innumerables esfuerzos en ese sentido, porque lo que prevalece en la sociedad es, sin duda, la fuerza de la segregación, que es lo normal; lo no normal es la fuerza de agregación. Construir mecanismos de agregación; entender que tenía que ser por temas y no necesariamente por programas de corte partidario; el tener que comprender que las estructuras políticas tenían que tener este carácter flexible de alianzas y no de monolíticas organizaciones al estilo clásico, ha requerido también un debate interno entre dirigentes, organizaciones y la propia iniciativa social de las personas.



* El texto publicado en este Cuaderno es una versión editada del capitulo “El movimiento de los movimientos” que forma parte de Imperio, multitud y sociedad abigarrada. Este último compila las presentaciones de Toni Negri, Michael Hardt, Giuseppe Cocco, Judith Revel, Álvaro García Linera y Luis Tapia en el ciclo de Seminarios Internacionales titulado “Pensando el mundo desde Bolivia” (La Paz, Bolivia, 2008).

** (Padua, 1 de agosto 1933). Filósofo y militante marxista. Miembro del Partido Socialista Italiano (PSI) hasta 1963 y fundador, entre otros, del grupo Potere Operaio (Poder Obrero). En los años ’70 participó activamente en el proyecto Autonomía Operaia. Escribió junto a reconocidos referentes del movimiento obrero, estudiantil y feminista italiano, entre los que se destacan Raniero Panzieri, Mario Tronti, Sergio Bologna, Romano Alquati, Mariarosa Dalla Costa y Franco Berardi (Bifo). Más recientemente, en coautoría con Michael Hardt, publicó Imperio (2000) obra que generó un amplio debate y aún no cerrado debate.

*** Vicepresidente de Bolivia (compartió fórmula con Evo Morales y asumió el 21 de enero del 2006). Comprometido con la docencia, la investigación social y la política militante se vinculó desde temprana edad con los grupos de trabajadores mineros e indígenas de su país. Autor, entre otros, de: Estado multinacional (2005); Sociología de los movimientos sociales en Bolivia (2004); y “Los impactos de la capitalización: Evaluación a medio término”, en Diez años de la capitalización, Luces y Sombras (2004).

01.05.09

La madre de todas las retiradas

Publicado en Lecturas a 4:44 AM por Agendamx

Dos libros reviven la ‘Anábasis’, el épico retorno de los mercenarios griegos desde Persia – La marcha de los Diez Mil ofrece un modelo en tiempos de crisis y repliegue

POR JACINTO ANTÓN

EL PAÍS  -  Cultura – 05-01-2009

Con EE UU afrontando su salida de Irak y la economía en retroceso, resulta iluminador reflejarse en el espejo épico de la madre de todas las retiradas, la Anábasis, la obra en la que el historiador griego Jenofonte narró la increíble aventura de un ejército mercenario griego huérfano -los célebres Diez Mil-, perdido hace 2.400 años en la zona que es hoy Irak y Turquía, y empeñado, marcha atrás, en la vuelta a casa. Nada como los clásicos para tiempos de crisis. Si la cuesta de enero se presenta empinada, ¿qué mejor ejemplo que el de esa esforzada hueste helena del siglo V antes de Cristo que no cede ante la adversidad, atraviesa desiertos infernales, cruza ríos caudalosos, asciende montañas, arrostra la nieve, los dardos de los enemigos, el hambre, la traición, la pérdida de sus caudillos y el desaliento para, al final y contra todo pronóstico, llegar al horizonte y salvarse? A diferencia de otro legendario contingente griego de número redondo, los 300 -los espartanos autosacrificados en las Termópilas-, los Diez Mil ofrecen esperanza.

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Enrolados por dinero bajo la bandera del príncipe Ciro el Joven para disputar el trono de Persia a su hermano, el rey de reyes, Artajerjes II, los mercenarios griegos -en puridad unos 13.000 guerreros (Jenofonte usó la palabra myrioi, diez mil, que luce más), en su mayoría hoplitas- se encontraron con que la muerte en la batalla de Cunaxa (401 a. de C.) de su temerario empleador les dejaba en una situación tan complicada como absurda: en medio del mayor imperio del mundo, al que habían atacado, y sin nada que hacer salvo salir de allí pitando. Lo hicieron marchando desde -lo que son las cosas- cerca de lo que hoy es Bagdad a través de las montañas del Kurdistán y la meseta de Armenia hasta el mar Negro, por Trebisonda, sin dejar de combatir y pasándolo, como queda dicho, francamente mal. En total recorrieron 6.000 kilómetros que ya es distancia si vas a pie, sin GPS, con un gran escudo de bronce y mientras la gente te tira de todo por el camino. Murieron unos 4.000, pero el ejército mantuvo la cohesión y eso lo salvó.

Dos interesantes libros nuevos, un ensayo del especialista Robin Waterfield La retirada de Jenofonte (Gredos) y una novela de Valerio Manfredi, El ejército perdido (Grijalbo), confirman la vigencia en el imaginario moderno de esa asombrosa peripecia de los Diez Mil que culminó cuando los soldados errantes llegaron, en los Montes Pónticos, a la vista del mar, la vía para el retorno y de hecho el hogar para todo griego, y lanzaron el inmortal grito: “¡Thalassa, Thalassa!” (¡el mar, el mar!), probablemente con “¡Eureka!” y “¡To logariasmó, parakaló!” (la cuenta, por favor) la exclamación griega más universal.

El ensayo de Waterfield, apasionante, sigue minuciosamente la expedición e incluye una estremecedora descripción de la batalla de Cunaxa. Se presenta muy oportunamente como “el relato de la primera expedición de soldados occidentales a Irak”. Por su parte, Manfredi es, con su novela, el último en una larga cadena de autores que desde la narrativa o la poesía se han hecho eco de esa empresa imposible y ese grito inolvidable que la encapsula toda.

En la épica de los Diez Mil se han reflejado otros muchos episodios, como la Noche Triste de Cortés o la retirada británica en Dunkerque (véase el sugerente The sea! The sea!, The shout of the Ten Thousand in the modern imagination, de Tim Rood, Londres, 2004). Seguramente la más curiosa plasmación moderna de la Anábasis es la novela The warriors, llevada al cine en 1979 por Walter Hill, en la que los Diez Mil se convierten en una pandilla juvenil neoyorquina acosada en su retirada hacia su territorio.

Alejandro Magno tuvo mucho que leer, un siglo después, en el relato de Jenofonte, que demostraba que el imperio persa era permeable. “Le sugirió la conquista; debió pensar: Yes, we can!”, ríe Manfredi al hablar de su libro con este diario. El autor regresa con una novela al mundo de los Diez Mil veinte años después de su celebrada obra académica de referencia sobre el asunto (La strada dei Diecimila, 1986). “El relato de Jenofonte siempre me ha parecido magnífico pero algo frío, una historia de varones, larga y estrecha, y he querido poner de relieve la gran carga emotiva que debió tener esa expedición. Lo que Jenofonte cuenta de la presencia de mujeres, casi todas jóvenes prostitutas, en el ejército, me dio la clave para el enfoque”. La aventura de El ejército perdido está contada en primera persona por una joven siria que se une al ejército como amante de uno de sus miembros, Jeno (el propio Jenofonte). El historiador ateniense se sumó a la expedición de los Diez Mil inicialmente como cronista, aunque tuvo que luchar como todos y se convirtió en uno de los líderes del ejército en retirada, con la caballería. Jenofonte no le cae bien a Manfredi. “Era un bigotto, un santurrón, un moralista, y al final se muestra ruin”, señala.

Aparte del romance, el relato de Manfredi sigue pormenorizadamente la Anábasis (hay buenas traducciones en Cátedra y Gredos). La escena de la novela en la que una muchacha del harén de Ciro sale corriendo semidesnuda de la tienda perseguida por un grupo de persas y la falange griega abre las filas para dejarla pasar también está en Jenofonte: ¡No todo ha de ser arduo en la lectura de los clásicos!

Manfredi especula con que la expedición fuera un asunto de intriga internacional. Esparta habría estado detrás esperando beneficiarse del cambio en el trono persa, pero sin comprometerse por si las cosas iban mal (como fueron). Luego trataron de que ese incómodo ejército se perdiese. Manfredi tiene clara la lección de la retirada de los Diez Mil: “No es tan difícil penetrar en Mesopotamia. Lo complicado es salir”.