02.26.09
SIP condena asesinato de periodista en México
Miami (EE.UU.), EFE. 25 de febrero de 2009.- La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) condenó hoy el asesinato del periodista Luis Daniel Méndez Hernández en México, el segundo que ocurre en ese país en lo que va de año.
Méndez Hernández, de 33 años, fue asesinado el pasado 22 de febrero en el municipio de Huayacocotla, de donde era originario, cuando una de varias personas que se le acercaron, le disparó por la espalda y a corta distancia, según informó la SIP en un comunicado.
El reportero de la radio La Poderosa, de la cadena Radiorama, en la ciudad de Tuxpan en Veracruz, recibió en total cuatro balazos.
“Expresamos nuevamente nuestra preocupación por otro asesinato contra un periodista en México, caso que esperamos no se convierta en una mera estadística. Es indispensable para ejercer el oficio periodístico sin temor, observar mayor diligencia y sentido de urgencia en las autoridades”, dijo el presidente de la SIP, Enrique Santos Calderón, del diario colombiano El Tiempo.
Colegas del reportero comentaron a la Unidad de Respuesta Rápida (URR) de la SIP de México que no existe claridad en el móvil del asesinato de Méndez Hernández, quien tenía asignada la cobertura del Congreso del Estado y del Puerto de Veracruz.
Entretanto, la policía identificó y detuvo a tres hombres como los posibles agresores que habrían actuado por órdenes del crimen organizado.
El presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e información de la SIP, Robert Rivard, del periódico estadounidense San Antonio Express-News, agregó que “las autoridades en México deben analizar y tomar medidas con apremio con la doble intención de castigar a los responsables de la violencia y garantizar la seguridad de los periodistas y el derecho fundamental a dar y recibir información”.
Las autoridades no descartan cualquier hipótesis, según expresaron a la SIP, incluso la vinculada con su trabajo como reportero, porque Méndez Hernández, con cinco años en la profesión, también presentaba en la radio informaciones sobre hechos violentos y el crimen organizado.
Este es el segundo asesinato contra un periodista en lo que va de año, el 13 de febrero la víctima mortal fue el reportero gráfico Jean Paul Ibarra Ramírez, del diario El Correo en el estado de Guerrero. EFE
02.21.09
El difícil arte de predecir
Isaac Katz. El Economista. 20 de febrero de 2009.
Se dice que Dios creó a los economistas para que la Astrología fuese una ciencia exacta.
Se dice que Dios creó a los economistas para que la Astrología fuese una ciencia exacta. Estamos inmersos en una crisis tal que tratar de hacer cualquier predicción sobre el comportamiento inmediato y hasta mediato de la economía es en realidad imposible, particularmente cuando se trata de proyectar variables claves como el PIB, el tipo de cambio, las tasas de interés, etcétera.
Predecir es muy difícil, sobretodo cuando se trata del futuro.
Desde que Adam Smith publicó su más conocida obra, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, la ciencia económica ha avanzado mucho en desarrollar una caja de herramientas que nos permiten a los economistas analizar la operación de los mercados y poder establecer, de manera probabilística, qué le puede suceder a un mercado en lo particular cuando se alteran las variables que determinan ya sea la demanda o la oferta en un análisis de equilibrio parcial basado en la teoría marginalista de Alfred Marshall. Lo mismo no sucede, sin embargo, cuando tratamos de explicar y peor aún predecir, la evolución de la economía al nivel macroeconómico. Más allá de los aspectos fundamentales, es decir, las condiciones de equilibrio de largo plazo, tratar de establecer con relativa precisión cuál será la respuesta en el corto plazo de las principales variables agregadas a una determinada política fiscal y/o monetaria, es un ejercicio infructuoso. Es tan infructuoso este ejercicio, que sorprende que todavía haya quién contrata y paga a algunos afortunados economistas que tienen “don de palabra”, coloquialmente llamada “capacidad de rollo”, para que con modelos econométricos sofisticados de equilibrio general, que en realidad tienen la misma capacidad de predicción que observar la alineación de los astros o mojarse el dedo índice y sacarlo por la ventana para ver de dónde está soplando el viento, les hagan pronósticos que los propios economistas saben de antemano que, con una relativamente alta probabilidad, están incorrectos.
Algunos ejemplos de lo anterior. ¿Tendrá un impacto positivo sobre el crecimiento económico y el empleo en Estados Unidos, de qué magnitud y en qué plazo el paquete fiscal de casi 800,000 millones de dólares? La respuesta es que no se sabe, aunque lo más probable es que el impacto sea mínimo; lo que sí sabemos con certeza es que la posición fiscal de ese gobierno es insostenible en el mediano plazo. Otro ejemplo: ¿si el Banco de México decide reducir en un punto porcentual la tasa de fondeo en la próxima reunión de la Junta de Gobierno, la economía empezará su recuperación en el cuarto trimestre del 2009 en lugar de hasta el 2010 y de qué magnitud sería ésta? La respuesta es que no se sabe, aunque lo más probable es que dadas las condiciones de la economía estadounidense, tal impulso monetario no sirva de mucho; lo que sí sabemos con certeza es que tal política introduciría presiones inflacionarias en la economía.
Aunque los economistas sabemos poco, sabemos mucho más que los políticos tratando de manejar la economía aunque ellos, como nuestros legisladores, no se hayan dado cuenta.
02.14.09
El G7 acordó reformar el FMI
Agencias. Roma. 14 de febrero de 2009. Los ministros de Economía de los países del G7 (los siete más industrializados del mundo) están de acuerdo en reformar el Fondo Monetario Internacional (FMI), según el comunicado final de la reunión celebrada en Roma.
“Estamos de acuerdo en que un FMI reformado, reforzado con recursos adicionales, es crucial para responder con eficacia y flexibilidad a la crisis actual”, refiere el documento.

Los ministros de Economía de los países del G7 que iniciaron anoche las reuniones con una cena de trabajo han cerrado hoy las jornadas de trabajo con un documento final.
El documento añade que “la fuerte recesión se ha traducido ya en una significativa pérdida de puestos de trabajo y durará todo el 2009″.
Alude también a que “la excesiva volatilidad y fuertes oscilaciones en los tipos de cambio tienen consecuencias adversas para la estabilidad económica y financiera”.
Para ello los ministros de Economía de los siete países más industrializados del mundo se han comprometido “a seguir atentamente los mercados de divisas y a colaborar”.
Asimismo, el G7 “evitará medidas proteccionistas que puedan empeorar la ralentización de la economía”, tras las preocupantes decisiones como la cláusula “buy american” (comprar productos americanos) del plan de estímulo económico estadounidense.
Países como Japón y Canadá, miembros del G7 junto con Francia, el Reino Unido, Alemania, Italia y EEUU, ya habían protestado contra dicha cláusula, que a su juicio podría provocar represalias de sus socios comerciales.
Ministros de Hacienda del G7 rechazan proteccionismo
AP. 14 de febrero de 2009.
ROMA (AP) – Los ministros de Hacienda del Grupo de los Siete prometieron el sábado trabajar en pos del crecimiento y el empleo y para fortalecer el sistema bancario a fin de superar la crisis económica global.
Empero, la declaración final tras dos días de encuentros en Roma emitió un pronóstico sombrío, al indicar que la contracción económica se extenderá durante la mayor parte del 2009.
Los ministros del G-7 advirtieron que cualquier medida proteccionista a fin de apuntalar las economías nacionales sólo servirá para minar la prosperidad global. Insistieron además en la necesidad de respaldar a los países en vías de desarrollo para que no sean los más afectados por esta recesión.
“La estabilización de la economía global y de los mercados financieros siguen siendo nuestra mayor prioridad”, dijo la declaración final, y destacó que las siete potencias industrializadas “han adoptado colectivamente medidas excepcionales” para encarar el desafío.
La declaración respalda el enfoque estadounidense y británico para consolidar el sistema bancario mediante la recapitalización de los bancos. Los ministros agregaron que se debe encontrar una forma de solucionar los activos morosos de los bancos, aunque no dieron fórmula concreta alguna.
El encuentro fue la primera actuación internacional del nuevo secretario del Tesoro estadounidense Timothy Geithner, que llegó acompañado por el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke al Ministerio de Hacienda italiano.
Geithner se negó a responder a los periodistas cuando le preguntaron si se habían logrado avances concretos.
Los países del G-7 pidieron a China que continúe la revaluación de su moneda para eliminar los gigantescos desequilibrios comerciales. Empero, no hubo referencia alguna a las declaraciones de Geithner en Washington, consideradas una crítica contundente a la política monetaria de China, que según muchos analistas mantiene el yuan artificialmente bajo para fomentar sus exportaciones.
Geithner, que llegó tras una semana de enconadas críticas por el nuevo plan de la Tesorería para rescatar a la banca estadounidense, vio cómo el Congreso aprobó el viernes por la noche el plan de gastos extraordinarios de 787.000 millones de dólares ideado por los demócratas y el presidente Barack Obama.
Empero, las estadísticas económicas europeas del viernes indicaron que la recesión ha empeorado.
Los ministros de Hacienda de Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Estados Unidos, junto con los presidentes de sus bancos centrales, intentan trazar una plan para combatir la crisis.
El presidente del Banco Mundial Robert Zoellick, que asistió al encuentro, dijo el viernes a los banqueros italianos que cualquier medida para mantener en el país los fondos de rescate solamente empeorará la crisis global.
“En este momento, el nacionalismo económico no es económico ni es nacionalismo … lo que podría ser políticamente correcto quizá sea económicamente incorrecto”, dijo Zoellick. “El atractivo de la política nacional es muy fuerte pero es obvio que los hechos que encaramos no se detiene en las fronteras nacionales”.
La economía alemana, el motor de Europa, se contrajo un 2,1% en el cuarto trimestre frente al trimestre anterior _ la mayor contracción desde la reunificación del país en 1990. Italia y Francia vieron contraer sus economías un 1,85 y un 1,2% respectivamente.
De cara al futuro, los ministros esperan tener un plan de acción por escrito, con principios comunes de transparencia, antes de cuatro meses, a tiempo para el encuentro del Grupo de los Ocho que fue programado en Cerdeña en julio.
Las recomendaciones del encuentro del G-7 concluido el sábado seguramente influirán además la reunión de abril de los líderes del Grupo de los 20 _ las naciones del el G-7 y las economías más aventajadas del Tercer Mundo, como China y la India.
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Con información del periodista de AP Martin Crutsinger desde Washington.
02.10.09
El Índice de Estados Fallidos de Foreign Policy
La revista Foreign Policy de origen norteamericano, publica un índice de los Estados fallidos, basándose en 12 indicadores. En el año 2005 se clasificaron 60 Estados, mientras que en el año 2006 se incluyeron 148 en la clasificación. Los doce indicadores que el índice utiliza son:
1. Crecientes presiones demográficas
2. Movimiento masivos de refugiados y desplazados internos
3. Legados de grupos que buscan venganza o que se siente perseguidos
4. Éxodo crónico y sostenido de la población
5. Desigual desarrollo económico de distintos grupos
6. Declinación económica severa
7. Criminalización o pérdida de legitimidad del Estado
8. Deterioro progresivo de los servicios públicos
9. Suspensión o aplicación arbitraria del Estado de derecho y extensas violaciones de los derechos humanos
10. Aparato de seguridad que opera de manera independiente del Estado
11. Prominencia de élites sectorizadas
12. Intervención de otros Estados o actores políticos externos
En general, el índice se articula alrededor de dos variables explicativas: el desarrollo desigual en la sociedad y la falta de legitimidad del Estado.
Fuente: http://www.perupolitico.com/?p=380#more-380



02.09.09
La economía respira gracias al derecho (y no al revés)
Por Enrique Barros
El Mercurio. 08 de febrero de 2009.

Ernst Mestmäcker, del Instituto Max Planck de Hamburgo para Derecho Privado extranjero e internacional, ha escrito un magnífico libro de madurez sobre las relaciones entre el derecho y la economía. A Legal Theory without Law se refiere a una doctrina económica del derecho privado que ignora sus ventajas como ordenamiento social apoyado en la experiencia y la razón práctica. El supuesto de ese modelo de análisis es que toda regla de derecho debe ser entendida como una regulación, porque su función es provocar cambios en la conducta a efectos de aumentar el bienestar. Con fundamento en la historia y en la tradición liberal clásica, Mestmäcker muestra que el derecho cumple su función de soporte esencial de una economía de intercambios precisamente por la razón inversa: gracias a la complejidad de sus reglas de justicia, que atienden a la relación entre personas y que, por eso, no son discernibles de acuerdo a los cánones de la razón instrumental. Por más de dos mil años el derecho privado ha configurado un capital cultural de gran valor, adaptable por ensayo y error, cuyo desarrollo está dirigido por la solución justa de conflictos y no por razones de utilidad. Lo fascinante del estudio, que tiene por antecedente un camino intelectual que se remonta a Adam Smith y a Kant, y más atrás al derecho romano, es mostrarnos que esa tradición del derecho privado es una condición más abstracta que la argumentada por el análisis económico vulgar para que el derecho pueda cumplir su función de bienestar por medio del mercado y para que sea garante de las libertades personales. Mestmäcker muestra con la claridad del agua que el bienestar tiene por antecedente un sistema de reglas de justicia, como es el derecho privado clásico, más que consideraciones instrumentales dirigidas por criterios de elección racional. En el fondo, también nos muestra que el análisis económico suele ser estratégicamente idéntico a la lógica del socialismo. Aunque el software sea diferente, resulta que el problema está en el hardware.
A legal Theory without Law
Ernst Mestmäcker
Editorial Mohr, Tübingen, 2007, 66 páginas.
02.07.09
Peligro de desglobalización
El nuevo nacionalismo económico está amenazando la economía mundial – El divorcio entre el discurso correcto y la realidad populista levanta nuevas fronteras donde ya había libertad
ARIADNA TRILLAS
EL PAÍS - Sociedad – 07-02-2009
Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), policía y árbitro de los intercambios comerciales, recurre a las enseñanzas de Mahatma Gandhi para cargar contra los distintos disfraces que en estos meses viste el proteccionismo por doquier en el mapa mundi. “Gandhi dijo que, con el ojo por ojo, el mundo entero se vuelve ciego. Hoy podríamos decir nosotros que, con un trabajo (de aquí) por otro trabajo (de fuera), lo que tenemos es paro masivo”.
Los líderes de las principales economías del mundo -de China a Estados Unidos, pasando por Francia, Reino Unido, Brasil, Alemania, la India o incluso Rusia- proclaman a cada rato su fe en el libre comercio como estímulo de la recuperación económica. De hecho, hasta ahora han sido relativamente consecuentes con esa fe en los mercados abiertos: según el Banco Mundial, de media, los aranceles han bajado en los últimos 30 años desde niveles superiores al 25% a menos del 10%. Desde mediados de los noventa, el comercio aumentó, de media, a un ritmo anual cercano al 6%, superior al crecimiento económico.
La misma fe en los beneficios del comercio sin trabas se mantuvo imperturbable en la cumbre del G-20 que, el año pasado, en Washington, empezó a orquestar una respuesta global y coordinada al enemigo llamado recesión.
Sin embargo, el divorcio entre el discurso de los líderes políticos y la medicina que éstos aplican para intentar curar una economía gravemente enferma está dejando traslucir brotes de ceguera comercial, de discriminación a los productos del vecino, de trabas que vuelven. Si el libre comercio es una de las señas de identidad de la globalización, son muchos los economistas que la ven amenazada por esta crisis indomable y el modo de combatirla.
“Las investigaciones académicas nos dicen que una de las variables clave por las que los países cambian de rumbo en sus políticas comerciales son las crisis fuertes. Las crisis fuertes dan lugar, por un efecto péndulo, a un intento de cambio del statu quo. Y hoy, el statu quo se caracteriza por haber desarrollado un amplio proceso de liberalización”, explica desde Washington Daniel Lederman, economista senior del Banco Mundial experto en desarrollo. Lederman añade: “En el caso además de las recesiones en los países avanzados que se asocian a la deflación (caída generalizada de los precios), las crisis suelen incrementar el proteccionismo. Hoy la amenaza proteccionista es real”.
Los ejemplos proliferan como las setas. Hace dos meses, Rusia decidió elevar del 5% al 30% el gravamen para los coches importados. También ha introducido aranceles a la carne de ave y de cerdo. India ha anunciado que durante los próximos seis meses prohibirá la importación de juguetes de China (la mitad de los que importa). Claro que el Gobierno chino antes elevó las deducciones de los impuestos a la exportación de sus juguetes en un 14% para ayudar a sus fabricantes nacionales.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha aclarado que las ayudas a las empresas de automóviles no son para que se instalen en países con menores costes para vender coches en Francia. “Se trata es de ayudar a frenar la huida de empleo de Francia”.
Estados Unidos ha salido a apoyar a sus gigantes del motor de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. No ha tenido gestos con las multinacionales extranjeras instaladas en su territorio. A su vez, EE UU ha sugerido que China juega la carta de una moneda (yuan) competitiva.
“Cuanto mayor es el pánico, mayor es la tentación de caer en la retórica nacionalista, y, sobre todo, de caer en la demagogia más baja, porque la presión social es fortísima”, reflexiona Pablo Videla, director del departamento de Economía de la escuela de negocios IESE. Coincide con él -”el pánico hace que todos reaccionen con un sálvese quien pueda”, dice, y desde una perspectiva bien distinta-, el catedrático de Economía y presidente de Justicia y Paz Arcadi Oliveras, para quien el proteccionismo en los países ricos “está fuera de lugar” pero quien lo ve “imprescindible para crecer” en los menos desarrollados.
Los peligros de la retórica nacionalista se han evidenciado en el Reino Unido, con la revuelta social que le ha estallado a la cara al primer ministro, Gordon Brown, a raíz del reclutamiento de mano de obra italiana y portuguesa en la refinería de Lindsey y dos años después de haber azuzado con lemas como “empleos británicos para trabajadores británicos”. El debate ha salido salpicado de acusaciones de xenofobia. “Pero las empresas no actúan como lo han hecho porque no quieran a británicos, sino porque los otros cobran menos. Buscan menos costes”, centra el problema Videla, quien, sin embargo, confía en las lecciones de la Gran Depresión y en que no volverá el repliegue.
“A finales del siglo XIX, el comercio equivalía al 25% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial. En los años treinta, cayó a casi el 14%. Es lo que ocurre cuando se culpa al resto del mundo de todo. Llegamos a los cincuenta con un mundo cerrado que generó probreza y conflicto”, repasa la historia Videla. Hoy, el nivel ha vuelto al 25%.
Tras el crash del 29, la ley Smoot-Hawley en EE UU fue el pistoletazo de salida de una carrera de aranceles y barreras comerciales que encontró ecos de represalia inmediatos. Las importaciones estadounidenses bajaron de 4.400 millones de dólares a 1.500 millones entre 1929 y 1932. Las exportaciones de EE UU cayeron en el mismo periodo de 5.400 millones a 2.100. La contracción del comercio y de la generación de riqueza mundial fue rotunda.
Lecciones aparte, la interconexión de la economía es hoy tal que la cosa aún se complica más. Pensemos en el rescate de bancos. La banca española, que no ha requerido inyecciones de capital público, acusa de “competencia desleal” a los bancos extranjeros que sí han resultado fortalecidos por las autoridades de sus países: compiten con ellos sin complejos con agresivas estrategias comerciales. El Reino Unido exhorta a la banca a dar crédito a las empresas británicas. Y, en el plano de las finanzas, un agravante: a diferencia de lo que ocurre con el comercio, para el que existe el mencionado policía y árbitro que es la OMC, no existe una autoridad financiera mundial. Es uno de los retos que deberán abordar el G 20 cuando se reúna este abril en Londres.
Pese a la tentación proteccionista, algunos gobiernos ya han comprobado que las medidas pueden ser como un tiro por la culata. Le ha ocurrido al ruso: para ayudar a su industria nacional del automóvil subió los aranceles de los coches de importación, pero ahora ha tenido que lidiar con revueltas en Vladivostok, ciudad portuaria cuyos empleos dependen de la venta de esos coches.
También lo ha descubierto el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Barak Obama. Su controvertida cláusula Compre Americano -que prohíbe el uso de hierro y acero extranjero en la construcción de infraestructuras financiadas con los más de 800.000 millones de dólares de su plan de reactivación económica- no sólo ha puesto el dedo en el gatillo de las denuncias ante la OMC por socios comerciales de EE UU como la Unión Europea o Canadá. También se quejaron, por temor a represalias, las multinacionales General Electric y Caterpillar, o la Cámara de Comercio de EE UU.
En los últimos 15 días, el acero ha hecho asomar al planeta al abismo de una auténtica guerra comercial. Pero, tras su paso por el Senado, la prohibición se aplicará “de manera coherente con las obligaciones de EE UU bajo los acuerdos comerciales”, como los pactos firmados bajo el paraguas de la OMC. Ha sido un gesto político apreciado especialmente en Alemania, México y Canadá (primer país al que Obama viajará este mes y que vende a EE UU el 40% del acero que produce). La UE ha bombardeado con cartas a congresistas, senadores y miembros del Gobierno federal animándoles a “dar ejemplo” porque “unos mercados abiertos siguen siendo prerrequisito esencial para una recuperación rápida”.
Un proteccionismo leve y temporal puede reactivar la economía americana, puede pensarse. “Eso sería cierto si se pudiera asegurar que efectivamente sería temporal y que nadie más lo aplicaría. Pero las represalias y una espiral proteccionista sería inevitable”, opina Lederman.
“Iniciar una guerra comercial no interesa a nadie, pero Obama está focalizado en crear o preservar tres millones de empleos en su país y es difícil explicarle al contribuyente americano que hay que poner dinero en algo que no sirva para crear puestos de trabajo en casa”, explica el presidente de la Cámara de Comercio de EE UU en España, Jaime Malet, tras regresar de Washington y entrevistarse con senadores, empresarios y algunos cargos de la nueva Administración. “La política americana es muy dura y toda iniciativa política donde no hay disciplina de partido requiere una negociación durísima”, explica.
Pero el proteccionismo no sólo refleja choques de intereses entre países. “En realidad, la crisis hace aflorar el auténtico choque, el de siempre, entre los intereses de los productores, que desean preservar su mercado de los competidores de fuera, y, por otra parte, los exportadores”, subraya la catedrática de Economía Aplicada Miren Etxezarreta, miembro de la Red Europea de Economistas Críticos y partidaria de “un proteccionismo oficializado y programado”.
Y es que está comúnmente aceptado que “EE UU y los países más avanzados han practicado siempre decisiones proteccionistas”, apunta Marta Garrich, miembro del Secretariado del Forum Ubuntu, que no pierde la esperanza de que cuando se retomen las negociaciones para la liberalización del comercio de la Ronda de Doha (fracasaron en diciembre una vez más, pese a los llamamientos del G 20) se aborde la introducción de un impuesto global sobre las transacciones de divisas. “La cuestión es para qué se utiliza el proteccionismo. Tal vez esta crisis sea una oportunidad para que los países más pobres desarrollen sus propias agendas de desarrollo, y también porque se constata que deben replantearse los modelos imperantes hasta ahora en el crecimiento”.
Desde la óptica de América Latina, las presiones proteccionistas son encajadas como “una pésima noticia”, declara la secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena. “Nuestros países desmantelaron gradualmente su estructura de protecciones, disminuyeron sus barreras arancelarias y entablaron negociaciones a nivel bilateral y multilateral para abrir sus economías”, recuerda, y, además, si la crisis se alarga mucho, la región puede topar con dificultades de financiación del comercio, “condición necesaria para mantener nuestras economías abiertas”.
Según Zoellick, no serán las economías más desarrolladas las que sufrirán una retracción comercial, sino las emergentes. Por ejemplo, China. “La economía china no depende del consumo interno, sino de la inversión extranjera y de las exportaciones. Por eso está sufriendo mucho la caída de consumo en Occidente”, enfatiza Amadeu Jensana, director de Programas Económicos y Cooperación de Casa Asia. En diciembre pasado, las exportaciones del gigante asiático sufrieron su peor desplome en una década (2,8%). “Más de la mitad de lo que exporta China lo fabrican empresas occidentales, así que éstas también se ven perjudicadas”, apostilla.
La amenaza proteccionista sobrevuela la economía justo cuando la propia crisis desinfla la demanda y el comercio. “Para que el PIB de los países avanzados crezca al 3%, el comercio internacional debe hacerlo al 8%”, señala José Antonio Herce, socio director de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI), que considera “una aberración” la retórica proteccionista -también el llamamiento a consumir productos españoles por parte del ministro de Industria, Miguel Sebastián- porque “de la retórica es fácil pasar a las medidas”.
Hoy, la economía mundial apenas crece. ¿Y el comercio? En 2006, aumentó un 8,5%. Según la OMC, en 2007 el ritmo bajó al 6%. El Banco Mundial augura que el comercio mundial va a caer en 2009 por primera vez en 27 años; en torno a un 2%. O más.
Esta contracción va acompañada de cierto repliegue de movimientos que tienen mucho que ver con la globalización. El turismo mundial, por ejemplo, reculó un 1% en la segunda mitad de 2008 y las previsiones para 2009 contemplan una caída global del 2%. El transporte internacional de mercancías cayó un 13,5% en noviembre y un 22,6% en diciembre. ¿Estaremos desandando en la globalización?
02.06.09
¿México fallido?
Por SERGIO AGUAYO*
EL PAÍS - Opinión – 06-02-2009.
México ya está en la lista negra de los Estados fallidos. El Gobierno de Felipe Calderón lo niega con indignación. ¿Quién tiene la razón?
De cuando en cuando nacen conceptos para categorizar nuevas realidades. Es el caso con Estado fallido (failed States), popularizado por el índice anual de la revista Foreign Policy. El término define a Estados que perdieron el control sobre partes del territorio, que vieron achicarse su monopolio sobre el uso legítimo de la fuerza o que son incapaces de proporcionar servicios públicos adecuados.
México ha sido colocado en esa categoría. En diciembre del 2008 fue la revista Forbes y en enero fue el Departamento de Defensa estadounidense. El Gobierno mexicano reaccionó con celeridad y Pablo Ordaz, corresponsal de EL PAÍS en México, relata como, “durante una hora y tres minutos, Patricia Espinosa, secretaria de Relaciones Exteriores” trató de demostrar, con “datos en la mano que, pese a su sangriento día a día, “México no es un Estado fallido” (17 de enero del 2009).
El Procurador General, Eduardo Medina Mora, también repite, con argumentos razonablemente convincentes, la versión oficial según la cual la responsabilidad la tienen los gobernantes previos que permitieron el auge del narco. De ahí surge la esperanza porque, señores y señoras, ya se inició la construcción del futuro: el Gobierno de Felipe Calderón es diferente y está triunfando pese a las apariencias. Para alzarse con la victoria requiere, eso sí, del respaldo de la comunidad internacional, y en especial de Estados Unidos. También pide, exige, implora la unidad nacional.
Quienes vivimos en México padecemos la inseguridad y, en mi caso, inicio la jornada deseando escuchar al Gobierno dar un buen parte de batalla. Luego me voy desanimando cuando observo zarandearse al Estado, cual patera en mar huracanado. Lo ningunean los narcos y los gobernadores y los grandes empresarios y hasta los vendedores ambulantes que se roban la luz… Este Gobierno sí paga las consecuencias de una herencia del pasado, pero su frivolidad lingüística, su falta de coordinación y sus contradicciones empeoran la situación.
Felipe Calderón y Barack Obama se entrevistaron el 12 de enero en Washington. Fue un encuentro discreto y sin grandes anuncios. Nada más salir de la reu-nión, Calderón informó haberle propuesto al “presidente Obama que hagamos una alianza estratégica entre nuestros gobiernos” para enfrentar problemas como el de la seguridad. ¿Es consciente Calderón de las implicaciones de una alianza estratégica? ¿Está buscando, acaso, que Washington asigne a México el estatus de Major Non-NATO Ally (Aliado principal fuera de la Organización del Tratado del Atlántico del Norte) como Japón, Israel y Filipinas? Difícil que así sea porque en México no se ha discutido tal nivel de cercanía. Estamos, más bien, ante una licencia literaria para subrayar la urgencia del apoyo externo en la guerra contra el narco.
En el interior de cualquier Gobierno hay diferencias, pero corresponde al líder controlarlas. Desde que empezó la guerra dos de los principales mandos (Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, y Eduardo Medina Mora, procurador General de la República) libran un enfrentamiento sordo, mientras el titular de la Defensa Nacional contradice la línea oficial.
El jueves 27 de noviembre del 2008, el general secretario de la Defensa, Guillermo Galván Galván, desayunó en su despacho con un grupo de comunicadores. Uno de los presentes, el analista Leonardo Curzio, me sintetizó la esencia de sus comentarios: la seguridad interna del país está en riesgo grave porque el Ejército se va desgastando ante los carteles que operan en todos lados, porque no se obtiene la colaboración deseada de los gobernadores y presidentes municipales (en especial algunos del Partido Revolucionario Institucional), y porque el presidente no se lanza contra aquellos políticos que presuntamente protegen o toleran a los capos. El mensaje es creíble porque hay suficiente evidencia sobre el sometimiento del Ejecutivo a los poderes fácticos.
Uno de los casos más surrealistas es el de Elba Esther Gordillo quien está al timón, simultáneamente, de tres buques de gran calado: dirige el sindicato de profesores con un millón de miembros, controla un partido político (Nueva Alianza) que tiene un crecimiento sostenido, y acumula cargos públicos en los cuales pone y quita a sus incondicionales. Como La Maestra (así se le llama coloquialmente) fue determinante en la poco clara victoria electoral de Calderón, éste le paga el favor de diferentes maneras. En los últimos días cambió al titular de la Lotería Nacional, una dependencia con presupuesto multimillonario, porque así lo deseaba La Maestra.
¿Es México un Estado fallido? No en términos generales, porque el Estado todavía controla la mayor parte del territorio. Sin embargo, la situación se empaña cuando se piensa en ciudades e instituciones en donde la presencia del Estado es testimonial porque quienes controlan los hilos del poder son los narcos. La sensación de que marchamos hacia el precipicio se acentúa por la desorganización y la tibieza con la cual Felipe Calderón enfrenta la corrupción y la desorganización que, junto con la desigualdad y la impunidad, desangran y debilitan a la sociedad y al Estado.
*Sergio Aguayo Quezada es profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.
02.05.09
Nuestra Constitución hoy
Por José Ramón Cossío D.*
El Universal (México). Jueves 05 de febrero de 2009
El 5 de febrero de 1917 Venustiano Carranza promulgó nuestra actual Constitución. Hoy celebramos ese acontecimiento. La forma en que podemos hacerlo este día guarda diferencias a como lo hacíamos hasta no hace muchos años.

No me refiero a los signos externos de las ceremonias cívicas de entonces y de ahora, por lo demás muy parecidos. En cuanto a los personajes, representantes de los tres poderes federales y los correspondientes poderes locales; la sede, normalmente el Teatro de la República en Querétaro; la forma del discurso, también muy semejante, el recuento de nuestros héroes civiles dentro de la inacabable dialéctica histórica nacional (Independencia, Reforma y Revolución), y la consideración del modo como las ideas entonces concebidas son clave de resolución de los problemas presentes. En este proceder hay lugares comunes, imprescindibles para mantener la continuidad histórica de la República a partir de un mismo origen constitucional.
Hay, también, interpretaciones particulares, necesarias para darle fisonomía a cada uno de los regímenes y permitir su diferenciación.
El cambio entre lo que pasaba entonces y lo que vivimos en estas ceremonias tiene que ver con el carácter de la Constitución. Por curioso que parezca, mientras que el rito sigue siendo muy semejante, la comprensión del objeto ha cambiado considerablemente. La representación colectiva que hoy tenemos de la Constitución es la de un conjunto de normas jurídicas destinadas a preservar los derechos humanos y estructurar el ejercicio del poder público.
En el pasado, la representación no era normativa, sino fundamentalmente política. La diferencia entre ambas posibilidades es enorme: en un caso, se trata de la aceptación de un conjunto de reglas obligatorias para lograr la realización de conductas específicas; en el otro, de un conjunto de postulados cuya realización no es obligatoria ni exigibilidad directa. Entender a la Constitución como norma implica asumir el carácter abierto de su texto, la disputa de sus sentidos interpretativos y su condición litigiosa.
La diferencia entre uno u otro entendimiento no es menor. La admisión del carácter normativo implica, con todos los problemas que ello conlleva, la objetivación de las discusiones constitucionales, en tanto son objeto directo de un litigio o, al menos, existe la posibilidad de llegar a serlo. La admisión del carácter meramente político nos lleva a reconocer que la administración del texto se realiza por quien detenta el poder político, sin existir, por consiguiente, posibilidades abiertas de discusión ni, por lo mismo, de objetivación social.
Las diferencias entre ambas representaciones son evidentes. Una, la normativa, se corresponde con la sociedad democrático-plural; la otra es propia de un régimen que actúa con formas no democráticas y supone al ejercicio del poder desde una perspectiva patrimonialista, paternalista o corporativista.
Es probable que al escuchar los discursos que hoy en día se pronuncian para celebrar los 92 años del acto promulgatorio de Carranza, sea difícil percibir el cambio en la representación constitucional. El rito ceremonial nos lo impide.
Sin embargo, si consideramos la clara disputa por los sentidos normativos en los muchos debates abiertos en la sociedad, los muchos litigios en los que se disputan los alcances de las normas y el rechazo que producen ciertas propuestas constitucionales, veremos que la sociedad comienza a visualizar la necesidad de combatir por el sentido normativo del texto y la determinación de sus alcances concretos.
Este cambio en la representación general no implica, desde luego, la plena constitucionalización de la vida nacional. Es apenas el inicio del cambio de entendimiento del momento en que estamos inmersos. En el futuro y de continuar esta percepción democrática, habrán de sobrevivir importantes disputas constitucionales en una diversidad de materias. El solo hecho de que estos procesos se conduzcan por cauces institucionales es señal de avance democrático.
Las soluciones específicas no están tomadas, ni es posible suponer que éstas habrán de complacer a todos. Al implicar la normatividad una alta litigiosidad, buena parte de la construcción constitucional está abierta y puede salirnos bien o mal, dependiendo de la calidad de los debates y de las cuestiones que como sociedad entera seamos capaces de plantear. En este contexto, lo que hoy resulta indispensable celebrar es el cambio a una representación normativa de la Constitución, en tanto elemento indispensable para abrir un necesario diálogo constitucional.
*Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
02.03.09
La nueva ‘realpolitik’ es cosmopolita
Es necesario que la humanidad sobreviva al siglo XXI sin volver a caer en la barbarie. Para eso hay que liberarse de los corsés del Estado nación y establecer los “grilletes de oro” de alianzas transnacionales
ULRICH BECK. El País. 03/02/2009.
Parece que el mundo se está yendo a pique. Lo oímos hasta la saciedad. Pero esto ocurrirá, si es que ocurre, porque no es seguro, pasado mañana o el otro. En cambio, lo que sí es relativamente seguro hoy es que esta anticipación de posibles catástrofes humanas (cambio climático, crisis financiera, autodestrucción atómica…) abre una oportunidad histórica que debemos comprender y asumir: ¡una nueva realpolitik cosmopolita está en el aire!
Para que una crítica realista de las relaciones de poder pueda derivarse del concepto de cosmopolitismo, que pertenece a la tradición filosófico-política de la civilización occidental como muy tarde desde Kant, éste primero tiene que ser aclarado. Con “cosmopolita” no me refiero al concepto idealista y elitista que sirve de punta de lanza ideológica a las pretensiones de las élites y organizaciones transnacionales. Lo que está en el aire es algo totalmente distinto.
A comienzos del tercer milenio, la máxima de la realpolitik nacional, según la cual los intereses nacionales tienen que perseguirse nacionalmente, debe ser sustituida por la máxima de la realpolitik cosmopolita: cuanto más cosmopolita sea nuestra política, más nacional y exitosa será. Y cuanto más nacional sea, más condenada al fracaso estará.
Si esta crisis económica tan amenazadora no existiese, tendría que inventarse para que la canciller alemana, Angela Merkel, y su ministro de Finanzas, Peer Steinbrück, aprendieran al fin lo que sus colegas en Londres, París y Madrid, pero también el equipo del estadounidense Obama, han adoptado como consigna: quien elige el camino del nacionalismo económico actúa antipatrióticamente; se perjudica en principio a sí mismo pero al final también perjudica a todos los demás. Ésta es la dolorosa lección que aprendimos de la Gran Depresión y de la consiguiente Segunda Guerra Mundial. Así que quien crea, como la canciller alemana, que para proteger la economía alemana y los puestos de trabajo en Alemania hay que escoger entre la soberanía nacional y la ampliación política de la Unión Europea en cuestiones de mercado económico y de trabajo, no sólo establece una falsa alternativa, sino que comete, como enseña la historia de la Gran Depresión, un grave error.
En esta época de crisis y de riesgos globales sólo funciona la política de “los grilletes de oro”: la creación de una densa red de alianzas y mutuas dependencias transnacionales para recuperar la soberanía nacional post-nacional y la prosperidad económica. Sólo cuando a Europa le va bien, también le va bien a Alemania. Sólo cuando al mundo le va bien, puede el primer exportador mundial que es Alemania vender sus productos. No hay ningún otro país en el que, si lo pensamos honestamente, el realismo cosmopolita coincida tan claramente con los propios intereses nacionales bien entendidos. Sencillamente no entiendo por qué esto es tan difícil de concebir. ¿Por qué, por ejemplo, la repentina liquidación, objeto de burla de todas las ideologías, de cualquier respuesta europea a la crisis económica mundial no despierta justamente en Alemania las ganas de criticar y el gusto por la ironía de los comentaristas políticos? ¿Dónde está la voz de los europeos alemanes en este momento tan decisivo?
Atravesamos la situación que Nietzsche predijo hace más de 100 años: vivimos en la edad de la comparación. Corrientes culturales contrapuestas confluyen en un mismo espacio y se mezclan, las más de las veces de manera conflictiva. El doble lenguaje, eso es, la capacidad de deshacerse de las ataduras de lo familiar; la ubicuidad de la existencia; la capacidad de interactuar más allá de las fronteras; todo esto crea una compleja maraña de lealtades fragmentadas, sin que éstas se revelen como identidades vividas espontáneamente. Sentar raíces y tener alas; unir lo provinciano con la riqueza de vivencias de una ciudadanía cosmopolita experimentada y particular; éste podría ser el denominador común civilizatorio de sociedades culturalmente heterogéneas, que serviría así para responder a la insistente pregunta elemental que todos nos hacemos: ¿qué orden requiere el mundo?
Semejante reconocimiento de la diferencia, que no hay que confundir con el multiculturalismo recetado por los Estados nacionales, abre un espacio de posibilidades multidimensional, que, sin embargo, no carece de contradicciones internas. No se trata sólo de superar los abismos entre ricos y pobres, entre norte y sur, entre los nichos de bienestar social y la depauperación. Hay más. Tampoco se trata sólo de la posibilidad o imposibilidad de un mini Estado social a escala global, un “keysenianismo globalizado”, aunque éste siga limitándose a las necesidades elementales. Se trata de mucho más. El realismo cosmopolita tiene que ver con la apertura por abajo y por dentro de las instituciones de base de los Estados nacionales para los desafíos de la época global, y en cómo se lleva a cabo este proceso. Tiene que ver con el trato que reciben las minorías, los extranjeros, los marginados. Con el problema que plantean los derechos humanos de los distintos grupos tanto en la consolidación como en la reforma de la democracia en el espacio transnacional. Y, sobre todo, con la cuestión de cómo pueden evitarse los estallidos de violencia que surgen de las decepciones y la degradación de las personas.
El realismo cosmopolita une así el respeto por la dignidad de la diferencia cultural con el interés por la supervivencia de cada individuo. La realpolitik cosmopolita, entendida de ese modo, es la siguiente gran idea que cabe ensayar tras las ideas históricamente desgastadas del nacionalismo, el comunismo, el socialismo y el neoliberalismo. Podría hacer posible lo improbable: que la humanidad sobreviva al siglo XXI sin recaer en la barbarie.
En este contexto, el problema principal de las ciencias sociales es que plantean las preguntas equivocadas. Las preguntas directrices de las teorías sociales están la mayoría de ellas orientadas a la estabilidad y a la configuración del orden, y no a lo que estamos experimentando y, por lo tanto, debemos comprender: un cambio epocal y discontinuo de la sociedad en la modernidad.
Llamar retrospectivamente primera modernidad a la totalidad del mundo de las ideas sobre la economía, la sociedad y la política fundadas con el Estado nación, y separarla de una todavía desdibujada segunda modernidad -que se define por las crisis económicas y ecológicas globales, las cada vez más agudas desigualdades, la individualización, el frágil trabajo retribuido y precisamente los desafíos de la globalización cultural, política y militar-, sirve para el objetivo de superar el “reflejo proteccionista”, que paraliza intelectual y políticamente a Europa tras el desmoronamiento del orden mundial bipolar.
Habría que descifrar cómo se transforman las supuestamente tan estables ideas directrices y coordenadas del cambio, a la vez que las bases y conceptos fundamentales del poder y la dominación, la legitimación y la violencia, la economía, el Estado y la política. Hasta ahora ha sido válida la idea de que los poderosos crearon la globalización para ir en contra de los pobres. No se han impulsado interacciones entre distintas sociedades y religiones que abarquen a la totalidad de las culturas, sino que se ha impuesto una en particular en contra de las demás. El imaginario cosmopolita representa el interés universal de la humanidad en sí mismo. Es el intento de repensar la interdependencia y la reciprocidad más allá de los axiomas y la arrogancia nacionales, y concretamente en el sentido de un realismo cosmopolita, que nos abra y agudice la mirada para las desconocidas, interrelacionadas e interdependientes sociedades en las que vivimos y actuamos.
*Ulrich Beck es sociólogo y profesor de la Universidad de Múnich y de la London School of Economics. Traducción de M. Sampons.