11.20.09

La imprescindible ética del gobernante

Publicado en Lecturas a 9:15 PM por Agendamx

La corrupción corroe los cimientos de la democracia. La partitocracia y su financiación, la profesionalización de la política y el transfuguismo son algunas de sus principales causas. Es necesario un rearme moral


JOSÉ MANUEL URQUIZA MORALES. EL PAÍS (ESPAÑA) 21/11/2009.

La corrupción, en mayor o menor grado, ha existido siempre en el ámbito de la gestión de los asuntos públicos. En todos los tiempos, sistemas políticos, culturas y religiones. El fenómeno es global. Al parecer, las graves penas establecidas ya en el Código de Hammurabi contra los gobernantes corruptos no han devenido eficaces. Cicerón forjó su carrera política denunciando la corrupción de Verres. En la obra Breviario de los políticos, del cardenal Mazarino, se destaca el capítulo “dar y hacer regalos”: relevantes ministros de la monarquía francesa de 1700 fueron grandes depredadores. El comercio mundial se desarrolló en el siglo XVII bajo la bandera de las comisiones ocultas. Hasta el Estado Vaticano se ha visto envuelto en algún asunto de corrupción (verbigracia, el cardenal Marzinkus y el Banco Ambrosiano).

La corrupción política, entendida como utilización espúrea, por parte del gobernante, de potestades públicas en beneficio propio o de terceros afines y en perjuicio del interés general, es un mal canceroso que vive en simbiosis con el sistema democrático, a pesar de ser teóricamente incompatible con el mismo, y que debe preocupar muy seriamente a todos los demócratas, ya que corroe los cimientos de la democracia, en tanto que elimina la obligada distinción entre bien público y bien privado, característica de cualquier régimen liberal y democrático; rompe la idea de igualdad política, económica, de derechos y de oportunidades, pervirtiendo el pacto social; traiciona el Estado de derecho; supone desprestigio de la política y correlativa desconfianza de la ciudadanía en el sistema, desigualdad en la pugna política, violación de la legalidad y atentado a las reglas del mercado.

En España, en los últimos años, numerosos sucesos han puesto de manifiesto que el fenómeno de la corrupción en la gobernabilidad del Estado (principalmente, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos), no es algo coyuntural, sino estructural, que prolifera peligrosamente en las instituciones públicas. Los casos denominados Gürtel, Pretoria, Palma Arena, Palau, Operación Poniente, Operación Malaya, etc., que recorren la geografía nacional, han revelado que muchas Corporaciones Públicas han estado sometidas al poder económico y se han convertido así, crecientemente, en verdaderas plataformas de negocios varios, y de tráfico de influencias; hasta el punto de que hoy se corre el riesgo, cierto, de que intereses de grupos de presión económicos cambien el sentido del sacrosanto concepto del interés general, para inhabilitarlo. Obviamente, no es posible una estadística real de la corrupción, que por definición es oculta; y, de otra parte, como es natural, no todos los mandatarios públicos son corruptos.

En una sociedad abierta y democrática como la española, todos, en mayor o menor medida, somos responsables de la ola de corrupción que nos asola. Los políticos que la practican, promoviéndola o aceptándola; los sobornadores (promotores empresariales), ora causantes, ora víctimas; los partidos políticos, carentes a estas alturas de autoridad moral para combatirla; el estamento judicial (jueces y fiscales), que en muchas ocasiones no ha dado la talla; las instituciones encargadas del control y fiscalización de la actividad administrativa, negligentes casi siempre en su tarea; los medios de comunicación, silenciando o minimizando, a veces, el fenómeno corrupto; la intelectualidad, poco comprometida en su erradicación; la ciudadanía en general, tolerante en exceso con el político corrupto, quizás porque aún no es consciente de que la corrupción la paga de su bolsillo.

Las causas que propician esta perversión pública son múltiples, a saber: la partitocracia, con sus taras e imperfecciones; la profesionalización de la política, entendida en su peor versión; el fenómeno del transfuguismo; o el deficiente sistema de financiación de las formaciones políticas. Otras, propias del municipalismo, son la crónica insuficiencia de sus recursos económicos; el raquítico régimen de incompatibilidades legales de alcaldes y concejales; la galopante empresarización de los ayuntamientos para huir del Derecho Administrativo; o el deficiente sistema legal de control interno de sus actos económico-financieros.

Pero, por encima de todas ellas, a mi modo de ver, la causa primera de todos los males en el sector público español es la falta de ética pública de muchos de nuestros gobernantes, llegados a la política no por vocación ni espíritu de servicio, ni siquiera por ideología (qué rancios suenan ya estos conceptos), sino por propio interés. En términos generales, ética es el sentido, la intuición o la conciencia de lo que está bien y lo que no, de lo que se ha de hacer y de lo que debe evitarse.

La ética pública ha de ser correlativa de la privada. Mal podrá defender la integridad y la moralidad en el plano público quien carece de ella. Por otra parte, la actuación de cualquiera que realiza una función pública en nuestro país debe estar presidida por la idea de servicio de los intereses generales, que es el principal valor político. El artículo 103 de la Constitución Española -”La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales”- constituye un mandato para autoridades y funcionarios. Los valores clásicos del gestor público (imparcialidad, neutralidad, honradez y probidad) se han de ver complementados hoy con los nuevos valores de eficacia y transparencia, propios de las Administraciones Públicas del siglo XXI.

La corrupción socava la integridad moral de una sociedad. Supone la quiebra general de los valores morales. La corrupción pública, en cuanto supone lucro indebido del agente y su disposición a mal utilizar las potestades públicas que tiene encomendadas, es una práctica inmoral, ante todo; una violación de los principios éticos, sean individuales o sociales.

Algunos analistas consideran que la ética pública ha perdido hoy relevancia social, dada su naturaleza subjetiva. La gran mayoría entiende, sin embargo, que la ética ha de ser el mejor antídoto contra el veneno de la corrupción, y preconiza la necesidad de un rearme ético, de un regreso a los valores antes enunciados. Por eso, se observa últimamente en el mundo una gran preocupación oficial por la ética pública (el reciente Informe Kelly, en Reino Unido, sobre los gastos de los diputados británicos; Recomendación del Consejo de la OCDE, de 1998; Convención Americana contra la Corrupción, de 1996).

La política, que puede ser la más noble de todas las tareas, es susceptible de convertirse en el más vil de los oficios; precisamente porque es una actividad humana y, como tal, defectuosa. Todo el mundo coincide en que la ejemplaridad y la honradez son virtudes que deben presidir la actuación de los políticos, en tanto que escaparate y guía de la ciudadanía.

Pues bien, es la falta generalizada de ética pública de nuestros gestores municipales, por ejemplo, la razón principal del despilfarro del gasto público en los ayuntamientos, del favoritismo en la selección del personal o en la contratación de obras y servicios, de la interesada arbitrariedad en la planificación urbanística, de la negligencia en la gestión del patrimonio municipal o de los frecuentes cambalaches en la composición de las mayorías de gobierno. Es a partir de la ausencia de moral, o de dignidad en el desempeño del cargo, cuando el alcalde (o el concejal delegado de turno, o el funcionario revestido de capacidad decisoria o meramente asesora), experimenta un total desprecio por el interés general de la ciudadanía y utiliza sus potestades en beneficio particular (propio, de sus allegados o de su partido), orillando los principios constitucionales de eficacia, objetividad, independencia e igualdad, y demás preceptos legales y reglamentarios.

Llegados a este punto, hemos de convenir que ni uno sólo de los gestores públicos que recientemente han sido imputados en nuestro país por prácticas presuntamente corruptas, se distingue precisamente por cumplir los postulados éticos que se han descrito, a tenor de los modos y maneras de su malhadada gestión pública, que hemos conocido con todo detalle por las oportunas crónicas mediáticas sobre causas judiciales en marcha. Se diría más bien que utilizan la política como medio de vida y, según se ha visto, como negocio (primun vivere, deinde filosofare). La falta de ética pública de esos políticos es, por tanto, el denominador común de la práctica presuntamente corrupta a que se refieren los escándalos de corrupción antes señalados.

José Manuel Urquiza Morales, abogado, es autor de Corrupción municipal (Almuzara).

10.18.09

¿Qué hacer con los partidos?

Publicado en Lecturas a 8:14 PM por Agendamx

JOSEP RAMONEDA

EL PAÍS – DOMINGO – 18-10-2009

La multiplicación de los casos de corrupción, que se extienden como verdaderas plagas, como está ocurriendo estos días en la geografía del PP; la cuestión eternamente pendiente de la financiación; la sensación de que el nivel del personal seleccionado para los altos cargos ha bajado sensiblemente en los últimos años; los lamentables espectáculos que combinan la celebración de las unanimidades con las descarnadas peleas y deslealtades entre compañeros; la bochornosa exhibición de la servidumbre voluntaria, con un verdadero pánico a cualquier forma de crítica o discrepancia interna; y la sensación generalizada de estar ante una casta con intereses corporativos, alejada de la realidad cotidiana, han generado un descontento creciente de la ciudadanía respecto de los partidos políticos. ¿Tienen remedio? ¿O habrá que pensar en otras formas organizativas?

La Constitución dice que “los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental de participación política”. ¿Cumplen estos requisitos? Sólo a medias. Las dinámicas de los partidos tienden más a frenar que a estimular la participación política. En realidad, operan mucho más como agencia de colocación de una profesión llamada política que como canal de discusión y de acción política abierto a la ciudadanía. Expresan el pluralismo político, pero la condición de cártel con la que actúan, más que estimularlo, lo restringe.

La formación y expresión de la voluntad popular se han deteriorado, con un sistema de democracia mediática que favorece el monólogo del gobernante, con las encuestas de opinión como casi única señal que viene de abajo. El complejo mediático-político, una promiscua trama de intereses, ha conseguido que no sea ningún disparate la distinción entre opinión publicada -la que emana de este complejo- y opinión pública.

Si las tareas principales de los partidos son asegurar la participación política y la representación de la ciudadanía, seleccionar el personal para los puestos de responsabilidad política, y formular y liderar propuestas de gobierno que atienden al interés general, hay que decir que en todas ellas las deficiencias son grandes.

¿Dónde están los problemas? En la propia lógica organizativa: se ha dicho que los partidos son la única herencia del leninismo que ha sobrevivido a la caída del muro de Berlín. Lo cierto es que la democracia interna es muy débil y los partidos se han convertido en máquinas de ocultación de las malas noticias, a mayor gloria del jefe. Al mismo tiempo, los sistemas de escalafón son muy rígidos, con efectos perversos como que muchos militantes llegan hasta la cima de la carrera política sin otra experiencia profesional que la vida de partido.

En las élites políticas hay una obsesión por la gobernabilidad, que se expresa en el gusto por el bipartidismo: un club privado de dos socios, los únicos que pueden alcanzar el Gobierno de España, en el que es casi imposible conseguir el derecho de admisión. Los dos gozan de tantos privilegios -económicos, mediáticos, técnicos- que sólo una debacle cainita podría apartarles de esta privilegiada posición. La misma obsesión por la gobernabilidad está en el origen de las listas cerradas, que es una vuelta de tuerca más en el control de la servidumbre.

Naturalmente, en la financiación encontramos una fuente de corrupción insaciable. Siempre se habla de la necesidad de una reforma a fondo, pero nadie la emprende. Hombres ilustres de la política han visto cómo brillantes carreras acababan salpicadas por la corrupción y, sin embargo, sigue sin hacerse nada. ¿Tan grande es el negocio? ¿Tantas son las ventajas de la opacidad que merecen tan alto precio? Si encima se extiende la peligrosa doctrina, desarrollada por la derecha, de que el voto blanquea la corrupción, la sensación de impunidad es insuperable.

Cada uno de estos problemas se podría afrontar con medidas concretas que, sin ser una gran revolución, mejorarían sensiblemente las cosas: legalización de las corrientes internas que darían más calidad a la representación, cambios en la ley electoral que desburocratizaran la política, transparencia en la financiación, obligatoriedad de unos años de experiencia profesional fuera de la política para poder gobernar, etcétera. Pero para el cártel político resulta más cómodo gobernar una sociedad que crece en indiferencia que favorecer la crítica, la participación y la dignidad de la política.

09.10.09

Presentación de libro

Publicado en Lecturas a 9:56 AM por Agendamx

Universidad Nacional Autónoma de México

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

presentación del libro

Breve historia de la crónica

de

Manuel Pérez Miranda

Cubierta

Comentan

Guillermina Baena Paz

Genaro Rodríguez Navarrete

Modera

Humberto Pineda Jiménez

Sala Fernando Benítez

Jueves 24 de septiembre de 2009

11:00 horas

Bush encabeza lista de declaraciones más absurdas

Publicado en Lecturas a 9:10 AM por Agendamx

EFE. Martes 8 de septiembre de 2009.

Londres, 8 sep (EFE).- La estancia de George W. Bush en la Casa Blanca es recordada por muchas cosas, entre ellas por las frases incoherentes y sin sentido que pronunció durante su mandato y que han otorgado al ex presidente estadounidense el dudoso honor de encabezar una “lista de las declaraciones más absurdas”.

La lista ha sido realizada mediante una encuesta a través de internet por la aseguradora británica Aviva, con la participación de 4.000 personas, y tiene a siete políticos entre los diez primeros, acompañados de dos comentaristas deportivos y un futbolista.

George W. Bush es el único que aparece dos veces.

El “top ten” es el siguiente:

1.- George W. Bush, presidente de EEUU, el 5 de agosto de 2004: “nuestros enemigos son innovadores y tienen recursos, y nosotros también. No dejan de pensar nunca en nuevas maneras de hacer daño a nuestro país y a nuestra gente, y nosotros tampoco”.

2.- Arnold Schwarzenegger, gobernador de California, en la campaña electoral de 2003: “creo que el matrimonio gay debería ser entre un hombre y una mujer”.

3.- Donald Rumsfeld, secretario estadounidense de Defensa, el 12 de febrero de 2002: “las informaciones que dicen que algo no ha pasado siempre me resultan interesantes. Hay cosas que sabemos que sabemos. También hay cosas desconocidas conocidas, es decir que sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también hay cosas desconocidas que desconocemos, las que no sabemos que no sabemos”.

4.- Murray Walker, comentarista de automovilismo: “el coche que va en cabeza es absolutamente único, excepto por el que va detrás, que es idéntico”

5.- John Motson, comentarista de fútbol: “para aquellos que estén viendo el partido en blanco y negro, los Spurs van de amarillo”.

6.- Gordon Brown, primer ministro británico, 1 de julio de 2009: “el gasto público total seguirá aumentando y será de un 0 por ciento en el periodo 2013-2014″.

7.- Bill Clinton en 1998 durante su testimonio ante el gran jurado del “caso Lewinsky”: “depende de cuál sea es el significado de la palabra ‘es’. Si ‘es’ significa ‘es y un nunca ha sido’, eso es una cosa; si significa ‘no hay ninguno’, entonces fue una declaración completamente cierta”.

8.- Eric Cantona, futbolista, en 1995: “cuando las gaviotas siguen a la barca de arrastre, es porque piensan que las sardinas van a ser arrojadas al mar”.

9.- George W. Bush, presidente estadounidense, el 22 de julio de 2001: “yo sé lo que creo. Seguiré expresando lo que creo y en lo que creo. Creo que lo que creo es lo correcto”.

10.- Boris Johnson, alcalde de Londres, en 2003: “no podría discrepar menos contigo

08.06.09

Publicarán nuevo libro con las clases de Adorno

Publicado en Lecturas a 11:09 AM por Agendamx

El volumen, que incluye su cátedra entre 1950 y 1968, será presentado en la Feria de Frankfurt

Dpa / La Jornada. 06 de agosto de 2009.

Adorno

Frankfurt, 5 de agosto. A 40 años de la muerte de Theodor W. Adorno se publicarán las clases sobre estética que el sociólogo y filósofo alemán impartió en su cátedra de la Universidad Goethe, de Frankfurt entre 1950 y 1968, según informó la casa editorial Suhrkamp.

El creador de la “teoría crítica“ de la Escuela de Frankfurt murió el 6 de agosto de 1969, pocas semanas antes de cumplir 66 años, durante un periodo de vacaciones en Suiza.

La editorial anunció que presentará el nuevo tomo de las obras de Adorno en octubre, en la Feria del Libro de Frankfurt.

Las clases incluidas, grabadas y transcritas por indicación del mismo Adorno, sentaron las bases de su trabajo Teoría estética, de edición póstuma en 1970.

Tratan de la experiencia de lo bello, así como de la relación entre arte y naturaleza, en un análisis crítico de la obra de los grandes filósofos, desde Platón hasta Walter Benjamin.

Theodor W. Adorno, quien emigró durante el nazismo a Estados Unidos, tras la Segunda Guerra Mundial regresó a Frankfurt junto con Max Horkheimer, con quien dirigió la reconstrucción del célebre Instituto para la Investigación Social.

El año pasado fue publicado, por la misma editorial Suhrkamp, el intercambio epistolar entre Adorno y el filósofo Siegfried Kracauer.

La edición alemana de la producción intelectual de Theodor W. Adorno suma hasta ahora 32 tomos y está previsto agregar en próximas ediciones más clases impartidas por el prestigiado pensador en las aulas de la Universidad Goethe.

08.05.09

“Obama nos ha quitado el miedo”

Publicado en Lecturas a 7:38 PM por Agendamx

Texto de Xavi Ayén. La Vanguardia. Magazine. 02 de agosto de 2009.

Morrison

Toni Morrison, el único Nobel de literatura vivo de Estados Unidos, es la principal testigo literaria de los grandes cambios que se están produciendo en su país. Mujer y negra, cronista de la epopeya de una etnia castigada, su obra habla de esclavitud, de la historia de las retaguardias familiares de los pioneros, de sufrir por no tener los ojos azules. Está convencida de que Obama representa una nueva actitud que lo invade todo, el inicio de algo nuevo.

Unas antiguas dependencias de la policía de Nueva York, reconvertidas en imponente edificio de apartamentos de lujo, acogen en la Gran Manzana el dúplex que la escritora Toni Morrison llama modestamente “mi estudio”. Allí recibe al Magazine para una entrevista que se prolongará, unos días después, en el cercano campus de Princeton, en el que da clases y tiene otra casa, en la avenida principal. Morrison es un auténtico ídolo en EE.UU., la gente la detiene por la calle, la abraza y le comenta sus inquietudes más personales, como si la conocieran de toda la vida (“a mi marido ya no le hago tanta ilusión, ¿sabes?”). Antes de llegar a su piso, en el quiosco de la esquina, encontramos varias revistas negras, escritas por periodistas negros y que hablan de famosos negros (deportistas, presentadores, actores, políticos…), como si existiera un mundo sólo de negros, al igual que, al lado, hay revistas que se diría sólo de blancos. Estados Unidos tiene un problema racial aunque, con la llegada de Barack Obama a la presidencia, las cosas estén cambiando a marchas forzadas. La novela favorita de Obama es, precisamente, La canción de Salomón, que Toni Morrison (Lorain, Ohio, 1931) escribió en 1977, una saga familiar ambientada en los guetos raciales de los años 60. Morrison es el único premio Nobel vivo de literatura con nacionalidad estadounidense, y la principal testigo literaria de todos esos cambios que se están produciendo. Cronista de la epopeya de una raza castigada, de personajes que sufren, viven y aman con intensidad, ha publicado recientemente la novela Una bendición (Lumen en castellano, Àmsterdam en catalán). Su voz y sus gestos derrochan tanta autoconfianza como feminidad (“¡no, no me hagan fotos ahora! –comenta–, espérense a la fiesta de fin de curso en la universidad, por favor, que me habré arreglado y puesto guapa”).

¿Por qué vuelve a tratar el tema de la esclavitud en su nueva novela? ¿Qué le quedaba por decir?

No escribía sobre la esclavitud desde 1987, cuando publiqué Beloved. Entonces quise mostrar cómo aquel sistema nos convirtió en infrahumanos a todos. Ahora he querido cuestionar la mitología de este país, ese cuento de hadas nacional sobre cómo era EE.UU. en sus inicios. En los siglos XVII y XVIII, este fue el punto de encuentro de todo el mundo, vino gente de todos los lugares del planeta. Y la esclavitud todavía no se había asociado a una raza, la negra.

Muchos lectores van a descubrir eso, gracias a esta novela, que había esclavos de raza blanca

Sí, así es. Los esclavos eran los parias, los más pobres, miserables y desafortunados, fueran del color que fueran. Más tarde, el racismo separó a los pobres blancos de los pobres negros y se creó una subclase nueva, incluso por debajo de los peores.

En los años en que se desarrolla su novela, ni siquiera existía Estados Unidos…

Había colonias y una recepción constante de gente, un movimiento de población humana enorme, ciudades que cambiaban de nombre, otras que se creaban de la nada, pugnas por pertenecer a una o a otra comunidad, holandeses, italianos, suizos, qué sé yo, un aluvión de gente de todo el mundo que venía aquí atraída por los recursos naturales, por el oro, por la vegetación…

En ese contexto, la religión, las religiones, fueron muy importantes…

Lo relaciono con esa idea tan americana del individualismo: el mito de vivir solo, sin familia o abandonándola para irse a vivir aventuras, es algo que forma parte del imaginario de la nación americana, con la figura del cowboy, un tipo duro, como su máximo exponente. Pero a mí me importa saber qué sucede cuando el hombre se va. ¿Qué tipo de familia y de personas genera eso? La mujer se queda sin ningún apoyo, sola con los niños, y entonces llama a las puertas de la iglesia, que le ofrece ayuda e integración en una comunidad, una socialización. También he querido transmitir la experiencia que supone llegar a un país desconocido, solo, empezando desde cero, sin nada en los bolsillos… pero eludiendo todas esas mentiras del sueño americano.

Aquí, como en otros libros suyos, vemos la aparición repentina de un hombre que transforma a la mujer.

No quise darle un nombre propio, lo llamo el herrero. Libre, africano, negro… Para él, la esclavitud es una cuestión de mentalidad. La esclavitud fue algo universal, se dio en todos los países y regiones. La aportación de mi país fue asociar la raza negra a la falta de libertad, eso fue algo premeditado, construido, legalizado por diferentes procedimientos especiales, con el fin de proteger los privilegios de los más ricos, creando un sistema político, económico y social a gran escala que descansaba sobre la base del trabajo no pagado. Y el racismo todavía sigue operando hoy en día, mostrando su eficacia como instrumento para perpetuar las divisiones en contra de lo que debería ser una verdadera democracia.

¿El racismo no ha desaparecido?

No. Ni tampoco la esclavitud, que ya no es una institución formal, pero sí existe la absoluta falta de libertad, que es lo mismo.

¿Cómo describiría a Florens, su personaje principal?

Ella es joven, hermosa… y se enamora. Lo que suena normal, pero después ella se convierte en una obsesa, de un modo en que eso ya no es amor, es como una…

¿Pero no es todo amor una obsesión?

Nooooo, ja, ja, ja. He escrito el libro Amor, en el que intento distinguir diferentes tipos de amor: a Dios, a los amigos, a esto y lo otro… Hay muchos tipos de amor. Y sólo los niños tienen amor auténticamente puro.

Un montón de sus personajes son niños, de hecho.

Tal vez por eso. Busco en ellos esa pureza de amar. Mi personaje sirve para darse cuenta de que nunca hay que entregarse completamente a nadie de ese modo tan absoluto.

¿Dónde vive ahora?

Aquí en Princeton, sólo mientras enseño. Ya no imparto escritura creativa, sino un programa más amplio de creación, que incluye artistas, músicos, acróbatas, bailarines, pintores…

¿Cómo lo ven sus alumnos?

Les encanta esta filosofía. Como ve, es un grupo pequeño, a veces llegan a 12 alumnos, y nunca habían tenido experiencias semejantes o contactado con bailarines y actores profesionales. Yo no creo en la facultad como un lugar al que se va a tomar apuntes, prefiero que contacten con el mundo profesional de la creación. Que vean lo que es un artista de verdad.

Usted dijo, en los 90: “Mi misión es dar voz a los que no la han tenido, a los negros de América”. ¿Siente que lo ha conseguido?

Sí. La primera generación de un pueblo oprimido es siempre gente silenciosa, desarrollan en su interior una conciencia de la opresión pero no hablan sobre ello. La siguiente generación ya lo hace un poco, empieza a exteriorizar su queja. El silencio es roto, por ejemplo, en las canciones. En el caso de los americanos africanos, bastante gente escribió libros acerca de su historia, pero esa realidad no estaba presente en las novelas. Y ese reto me fascinó, el sentimiento de ser capaz de hacerlo.

¿Escribe sobre un personaje colectivo?

Yo lo veo muy diferente. No hago una moralización del negro, no hay los negros que son de una manera. Hay negros buenos, hay negros malos, algunos vagos, otros racistas, otros felices, otros cansados… como el resto del mundo. De hecho, con el tiempo, los críticos están analizando mis novelas de otra manera: se dan cuenta de que la raza no es el único tema presente en ellas, de que hablo del amor, del perdón, de la sexualidad, de los cambios en la estructura familiar, de cuestiones éticas y filosóficas.

¿La América posracial existe, ahora con Obama?

Hay algunos cambios, lo veo en los estudiantes que tengo, son más maduros. La diversidad del campus se ha multiplicado. Pero todavía hay profundas zanjas que dividen a la gente por el color de su piel, no hay más que mirar las estadísticas sobre pobreza, crimen o nivel educativo y cruzarlas con los datos de las etnias. El éxito de Obama es estimulante, extremadamente importante, y marca el inicio de algo nuevo, el deseo de superar las divisiones por razas. Se puede sentir por todos lados esta nueva actitud, una excitación que lo invade todo. Hará cosas que no nos gusten, a mí me rebela el mesianismo que algunos profesan hacia su figura. Pero el simple hecho de su victoria ha hecho que a mucha gente le desaparezca el miedo. Es como ponerse en marcha otra vez, hay cosas elementales que ya no hay que explicar.

Usted tardó en apoyarle…

Me gusta mucho Hillary Clinton. Cualquier persona capaz de ganar a Bush me parecía bien. Estudié detenidamente a los candidatos demócratas y, al final, le apoyé a él, pero no me basé en criterios de raza ni de género para decidirme, le apoyé porque estaba muy preparado. La gente no ha votado a Obama porque fuera negro, sino por las cosas que este hombre proponía.

De hecho, usted dijo una vez que Bill Clinton había sido el primer presidente negro de la historia.

Mucha gente malinterpretó esa frase mía. La dije cuando Clinton era crucificado no por su labor al frente del país, sino por un presunto escándalo sexual con una becaria de la Casa Blanca. Dije que lo estaban tratando como a un negro en la calle, que lo consideraban culpable porque sí, de un modo irracional. Se decía: es malo porque ha hecho esto. Y yo me preguntaba: ¿y qué? ¿tiene que ser ese un tema de debate nacional?

¿Cómo ve a Obama? ¿No le va a decepcionar?

Espero que lo haga, claro, porque no me llama cada día por teléfono para preguntarme: “Toni, he pensado emprender esta medida, ¿a ti qué te parece?”. No vivimos en un mundo perfecto.

¿Cuándo fue la última vez que la llamó?

Hablé con él dos veces, durante la campaña electoral.

Parece que es un fan de La canción de Salomón, ¿no?

¡Sí! Me estuvo hablando de ese libro mío y de lo que le había afectado. Mire, él tiene que gobernar y eso significa que tiene que tratar con mucha gente, con los congresistas y senadores, no puede hacer las cosas solo, decidir: “OK, sanidad para todos” y ya está, para conseguirlo tiene que persuadir, maniobrar, hablar con mucha gente, transaccionar… Eso es gobernar, es un trabajo duro y complicado. Considerando que sólo lleva unos meses, y que ya ha hecho que se muevan más cosas que en toda una década, creo que hay que verlo positivamente.

Usted aprecia, además, sus cualidades literarias.

¿Ha leído sus memorias? Es un buen escritor, muy bueno, cosa que pocos políticos son porque no suelen leer nunca literatura. Es ameno, tiene ritmo, utiliza metáforas profundas, introduce diálogos.

Usted ha tratado la falta de autoestima de las mujeres negras en Ojos azules. ¿Sigue siendo un problema?

No, ya no. Cuando escribí aquel libro había muchas mujeres afroamericanas infelices, que tenían una sensación de vergüenza, se creían feas, aunque fueran mujeres muy atractivas, porque el ideal de belleza de este país era la rubia de ojos azules, y ellas se miraban al espejo y se veían negras, sucias. Hoy veo a las chicas negras mucho más seguras, más completas como personas, con una mayor confianza, pisando fuerte.

Vivió la depresión de los 30. ¿Cómo ve la crisis de ahora?

En los años 30 vivimos una vida realmente miserable porque éramos pobres, había un montón de familias realquiladas viviendo en las habitaciones de pisos de otras familias… Sobre la situación actual, lo más precioso de todo es que el capitalismo está acabado. Toda aquella mierda se ha acabado. Parece un milagro. En The New York Times vemos aparecer esposados a esos millonarios que tenían tantos yates y tanto dinero escondido en Suiza, a esos oligarcas que ganaban un millón de dólares a la semana. Esos excesos se han acabado, ya no podemos más. Eso es bueno. Este país puede volver a empezar. Tras el 11-S, ¿cuál fue el mensaje que nos envió el presidente Bush? Apareció solemne en la tele y nos dijo: “Id al cine, a las tiendas, ¡comprad!”. ¡Comprad! ¿Usted cree? Era un tendero, no un presidente, hablaba no a ciudadanos sino a consumidores. No nos dijo que fuéramos a ver a nuestros vecinos y les diéramos un abrazo.

¿Qué recuerdos tiene de sus padres?

Eran muy protectores, muy diferentes entre ellos, pero ambos tenían una gran dignidad. Echo de menos esa confianza, la voluntad de trabajar duro que me inculcaron, la creencia de que así nuestro futuro sería mejor. A partir de la Segunda Guerra Mundial, fueron cada vez más pobres y tuvieron entre ellos los típicos conflictos de las casas donde no entra dinero. La separación racial era entonces muy fuerte, mi padre tenía prejuicios: nunca confió en ningún blanco ni, por supuesto, hubiera permitido que uno de ellos entrara en nuestra casa. Mi madre era muy distinta, juzgaba a las personas una a una, no por razas.

¿Cómo la cambió el Nobel?

El principal cambio se dio en cosas superficiales, como el dinero. Lo mejor es que he concentrado mucha más atención sobre mí y mi obra. Pero no he cambiado mi vida doméstica, o mi vida como escritora. Ni el Nobel ni nada de lo que me ha dado me hace mejor escritora o mejor persona. Por eso le digo que son cambios superficiales.

¿Cómo es un día normal en su vida?

No soy muy disciplinada, en los periodos en que escribo lo hago dos o tres horitas al día. Para mí no es un trabajo, siempre me he ganado la vida de otra manera: como editora, como profesora…

¿Quién es Chloe Wofford?

Soy yo. Es el nombre que figura en mis documentos y como me llaman mi familia y mis seres queridos.

¿Y quién es, entonces, Toni Morrison?

La mayoría de la gente me conoce por este nombre. Pero los que me conocen bien me llaman Chloe, Toni Morrison es como un apodo. Me sirve para separar al personaje, la escritora que ganó el Nobel, de la persona real, que es la importante.

08.03.09

LUIS AGUILAR VILLANUEVA. POLITOLOGO MEXICANO

Publicado en Lecturas a 5:38 PM por Agendamx


“Ya no alcanza un gobierno, por más fuerte que sea, para orientar un país”

Las democracias latinoamericanas enfrentan otras pruebas de madurez: no se discute su legitimidad sino su capacidad para resolver problemas graves de manera creativa e inclusiva.

Fabián Bosoer. El Clarín. Revista Ñ. 02 de agosto de 2009.

aguilarLuis Aguilar Villanueva es doctor en filosofía y politólogo mexicano (Universidad Autónoma Metropolitana, UNAM) especializado en reformas de la administración pública. Es miembro del Comité de Expertos de la ONU en Administración Pública, autor de siete libros y cuatro antologías sobre políticas públicas. Estuvo en la Argentina, invitado por la Universidad Nacional de Córdoba, donde participó del V Coloquio Regional del Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública “Entre el intervencionismo y el mercado; ¿qué tipo de Estado abonan las transformaciones del nuevo siglo?”. Sobre este tema conversó con Clarín, en su paso por Buenos Aires.

Son varios los gobiernos latinoamericanos que aparecen enfrentados a problemas y tensiones para los que no muestran tener las herramientas suficientes o las respuestas más atinadas ¿Existe un hilo conductor en estas encrucijadas y atolladeros que están viviendo las democracias en la región?

Si se observa lo que ha ocurrido en América latina y lo que hemos llamado “transición democrática”, parecería que los ciudadanos de muchos países están haciendo un alto en el camino y están tratando de revisar y ponderar qué es lo que ha funcionado de ese enorme esfuerzo de democratización de regímenes autoritarios y qué no ha estado funcionando. Como se está pudiendo percibir, está generalizada una especie de descontento, de desencanto, de desilusión democrática en sectores importantes de estos países,

¿Cuál es la razón principal del descontento?

La evidencia muestra que el descontento no se centra en la legitimidad política de los gobernantes, puesto que han sido elegidos legalmente, y no impuestos. Normalmente están actuando en el marco de las leyes, evitando arbitrariedades. Parecería que el asunto no está en la legitimidad política, que está razonablemente bien resuelta, y en cambio sí lo está en la capacidad directiva. Este es el punto fuerte hoy, que está en el centro de la preocupación ciudadana: la cuestión es la capacidad de eficacia directiva de los gobiernos. No se da por descontado que los actos de gobierno, por ser gobierno, sean gubernativos, directivos. Se ha roto la ecuación espontánea con la que crecimos, pensando que todo acto del gobierno, por ser del gobierno, nos gobernaba, nos conducía a algún lugar. No todo acto “del” gobierno es un acto “de” gobierno.

¿Qué diferencia habría?

Que muchos actos, decisiones y acciones de los gobernantes, que pueden tener propósitos de buena fe, acertados, no necesariamente conducen a una comunidad a algún lugar de valía. No son directivos, no son conductores. Los componentes del gobernar una sociedad son mayores que la legitimidad electoral, o que el control de otros poderes públicos, o que el escrutinio ciudadano. Hay ingredientes financieros (una hacienda pública robusta, clara, equilibrada, una asignación perspicaz de recursos), administrativos (una administración pública organizada, competente, eficiente); hay componentes políticos internos (la relación que un gobierno establece con los sectores sociales, particularmente con los sectores que son clave para el crecimiento económico y el desarrollo social); internacionales y, entre los componentes políticos cruciales, la relación con empresas privadas, con las grandes corporaciones nacionales y transnacionales. Nuestros gobiernos están por debajo de los problemas, no cuentan con los recursos para resolverlos, no tienen en sus manos los factores cruciales para el éxito de la sociedad, y en el caso que tuvieran todas las capacidades y éstas fueran aprovechadas a plenitud, nuestros gobiernos son insuficientes para la magnitud de nuestros problemas y, sobre todo, para la magnitud de nuestras aspiraciones.

Aguilar V

Todo esto ha cambiado mucho en los últimos años. Si tuviera que hacer una agenda para señalarle a la dirigencia política qué es lo que observa con un prisma viejo y cómo observar estos fenómenos en transición tal cual son y deberían ser abordados ahora, ¿cómo la haría?

Yo creo que el punto central es la necesidad de un nuevo proceso directivo. Léase una nueva relación entre gobierno y sociedad en la definición del rumbo de un país, en la definición del sentido colectivo y de las acciones que pueden considerarse causalmente idóneas para conseguir esos objetivos y metas, y en la ejecución. Creo que lo que no se percibe es la necesidad de un nuevo proceso directivo, de un nuevo arte de gobernar. Aun los gobiernos democráticos se siguen pensando gubernamentalistas; siguen pensando que ellos son, además de necesarios, suficientes. Que ellos tienen el poder suficiente, los recursos suficientes, la inteligencia suficiente para definir y ejecutar el sentido colectivo de un país, por ellos mismos, por sí solos. Y lo que todo está mostrando, y podríamos señalar una serie de factores, es que los gobiernos son necesarios pero no suficientes. Esto está hoy en el corazón del debate de la ciencia política. Es el tema: que los gobiernos son necesarios pero son insuficientes para dirigir a un país a un lugar que valga realmente la pena: que cierre la brecha de la desigualdad, que amplíe oportunidades, que haga una prosperidad sostenible. Los gobiernos ya no bastan.

Más gobierno o menos gobierno, es el clásico debate entre las teorías liberales y las socialistas. ¿Qué habría de nuevo en ello?

Bueno, este es el punto: que la cuestión ya no puede ser presentada de ese modo. Se puede decir que el Estado está hoy -y debe estar- en todos lados: en formas de regulación, de convocatoria, de arbitraje, de incentivo a la negociación, de persuasión, de movilización. Pero su presencia es cambiante. En algunos puntos su presencia es decisiva y determinante, como el orden público, la seguridad pública, la certidumbre jurídica. Y en otras cosas es menos determinante, aunque quiera serlo, como el crecimiento económico. El gobierno, aunque esto moleste en América latina por cómo hemos crecido, no tiene ni los recursos financieros, ni los recursos cognitivos, ni los tecnológicos, ni los organizativos y gerenciales para determinar por sí mismo la agenda del crecimiento económico y hacerlo posible.

Esto vale en la actualidad para las propias funciones tradicionales del Estado. ¿Hasta dónde puede hoy un gobierno de cualquier país latinoamericano garantizar la seguridad pública?

Requerimos más y mejor gobierno, lo que es indispensable. Pero debemos reconocer que éste no posee ya todas las palancas, los instrumentos, los recursos, para, por sí mismo, hacerlo. El asunto no es tanto la discusión de las funciones del Estado, aunque esto es clave porque deslinda cuáles son las responsabilidades, sino el modo de gobernar, el arte de gobernar. Hay que encargarse del orden público. ¿Cómo hacerlo? ¿Es de nuevo por mando y control, por ordenanzas, por instrucciones, por verticalismo, o son otras formas de gobernar, de conversación, de discusión, de debate, de animación del esfuerzo? Por eso se empieza a hablar de gobernanza. La gobernanza viene a decir que es necesario un nuevo modo de gobernar donde esté presente el gobierno, pero en donde el gobierno sepa que no necesariamente por ser la autoridad pública es el líder animador de todas las actividades y políticas.

Muchos hablan de dos modelos o modalidades de gobierno en la región: la democrático-liberal y la vinculada a la tradición populista y movilizacionista. ¿Cuánto se relaciona esta dicotomía con lo que usted llama “gobernanza”?

Sin duda, no se puede explicar el Estado latinoamericano sin poner en el centro la cuestión social. No tendría mucho destino una democracia socialmente indiferente o inoperante, un gobierno socialmente distante de la cuestión de la pobreza, de la desigualdad, de la vulnerabilidad social de ciertos grupos, de la carencia de oportunidades. Y así como desde la visión liberal clásica calificamos o descalificamos a la democracia por su capacidad de generar orden público, seguridad pública, libertades, patrimonios, en América latina se califica a la democracia por su capacidad de responder contundentemente al tema social. Lo que explica también este desliz hacia el populismo es que ante la brecha que hay entre el gobierno democrático y la situación social, se tiende a creer que un líder popular que se reelige y reproduce su legitimidad originaria puede ser más útil para ir cerrando esa brecha. La opción populista puede ser más pragmática que ideológica porque quiere resolver el problema social, que es el asunto pendiente de la democracia latinoamericana. Pero, por otro lado, no parece ser la mejor opción porque ante esas situaciones de desequilibrio fiscal, de exclusión de grupos, de aislamiento internacional, tienden a inclinarse hacia la excepción, el autoritarismo, los manejos plebiscitarios de las poblaciones vulnerables. Y reproduce la dependencia en lugar de crear autonomía social. Este es un punto muy cuestionado de los líderes populistas: en lugar de crear capacidad social, de crear ciudadanía para crear ciudadanos competentes, capaces de resolver sus problemas en mejores formas organizativas, se los hace más dependientes del gasto público. Y esta dependencia no fortalece ni la ciudadanía ni la democracia.

Copyright Clarín, 2009.

07.27.09

Europa: A veinte años del inicio de otra historia

Publicado en Lecturas a 9:18 AM por Agendamx

El connotado politólogo alemán Claus Offe analiza los efectos del fin de la Guerra Fría en Europa. Offe estuvo en Chile participando del 21 Congreso Mundial de Ciencias Políticas.

Óscar Contardo. El Mercurio. 26 de julio de 2009.

Offe

Lo que se suponía era una rueda de prensa rutinaria del encargado de propaganda de la RDA se transformó en otra cosa. Poco antes de las siete de la tarde del 9 de noviembre de 1989, el funcionario Gunter Schawobsky cerraba su conferencia habitual anunciando que los ciudadanos de la RDA podrían salir del país sin necesidad de visa. Los periodistas preguntaron a partir de cuándo se haría efectiva la medida. “Tengo entendido que en el acto”, respondió.

En Bremen, al noroeste de Berlín, las hijas adolescentes del sociólogo Claus Offe grabaron la escena para mostrársela a su padre apenas llegara. Claus Offe -renombrado politólogo, parte de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt junto a Habermas y autor de “Contradicciones del estado de bienestar” y “La sociedad del trabajo”- estaba en una reunión, y se perdió el instante preciso. “Nadie se lo esperaba; ni siquiera Schawobsky sabía lo que estaba leyendo. Fue completamente sorpresivo”, recuerda Offe.

Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, Claus Offe describe los días posteriores a ese 9 de noviembre con fogonazos de imágenes: multitudes caminando hacia Berlín, policías de la RDA inusualmente corteses sin saber qué hacer, alemanes orientales deslumbrados frente a una vitrina de BMW comentando unos a otros “mira, esta gente paga 7 mil marcos por un auto”. La misma sorpresa que en Occidente provocaban los desvencijados autos soviéticos. Era, también, el momento en que dos mundos se descubrían mutuamente.

-Pronto surgió la demanda para que los expertos hicieran predicciones…

“Yo pensaba, como otra gente también lo hizo, que se trataba de una treta de los gobernantes de la RDA para provocar caos. Y después del caos tener una manifestación que de alguna manera los reforzara en el poder. Hay una pequeña historia que puede ilustrar lo que pasaba: cuando fui el 10 de noviembre a la puerta de Brandemburgo vi colgada una gran sábana que tenía escrito a mano una especie de poema que decía algo así como “nuestra pobre RDA está en dificultades, porque si el marco alemán viene, la RDA estará en la bancarrota, y si no viene la gente, se va a ir en masa a Alemania Occidental”. Ése era el dilema. La RDA es el único caso de un país industrializado que en tiempos de paz ve desplomarse su producción industrial en un 50 por ciento”.

-¿Cuáles eran las alternativas?

“Por un lado, un camino político que consistía en absorber la RDA rápidamente; y por otro, una alternativa económica de hacer un proceso lento de aproximación. El canciller Kohl, en contra de los consejos de los expertos económicos, tomó el camino político de absorción rápida, y la consecuencia fue el colapso de la economía de la RDA y el masivo movimiento de población desde el Este a Occidente. Desde el día del derrumbe a la fecha oficial de unificación se fueron de la RDA cerca de 2 millones de personas, de un total de 17 millones”.

-Hubo una predicción muy ambiciosa: el fin de la historia…

“Ésa fue una frase famosa por un corto tiempo. Francis Fukuyama, un cientista político muy inteligente, quería decir que la democracia liberal se había extendido y transformado en estándar de desarrollo, y que en adelante no sería cuestionada. Pero Fukuyama se retractó poco después”.

-¿Y qué significó entonces la caída del muro para la expansión de la democracia liberal?

“Los opositores en la RDA y, más importante aún, los opositores en Polonia, fueron revolucionarios de una manera muy distinta a los de antes. Todos los revolucionarios previos tenían ideas que no habían sido vistas. Proponían formas nuevas de ordenar la sociedad. Pero en el caso de Europa del Este, estas oposiciones y sus líderes intelectuales, más que proponer algo nuevo, tenían un modelo de lo que ellos pensaban debería ser el futuro. Esto era una copia de lo que habían visto -o pensaban que habían visto- en Occidente. Era una revolución por alcance, una ‘catching up revolution’. En otras palabras, en el caso polaco, era “queremos retornar a Europa”, y llegar a ser parte de la familia europea de democracias liberales. Polonia fue en muchos sentidos un modelo para otros movimientos opositores en el resto de los países del Este. Esto puede explicarse por la mezcla única de oposición, nacionalismo y catolicismo, además del Papa polaco en Roma. Sin Polonia las cosas hubieran sido muy diferentes”.

Marx y xenofobia

-¿Cómo la crisis económica actual afectará la integración de Europa del Este y Central a la Unión Europea?

“La regla simple es: si el Oeste se resfría, al Este le da neumonía. Algunos nuevos países miembros de la Unión Europea, los diez países postcomunistas, además de la RDA, están realmente viviendo la crisis. Han debido devaluar sus monedas. Esto significa que quienes tenían créditos de bancos suizos, alemanes o belgas, deben pagar deudas a tasas muchísimo más altas de las que existían cuando las contrajeron. Asimismo, las inversiones extranjeras directas han caído. Es muy pronto para establecer las repercusiones políticas y económicas. La única certeza es que esto será un largo proceso y que la seriedad del daño y el final de la crisis no pueden ser predichas”.

-La crisis ha significado una revaloración de la imagen de Marx. ¿Cree usted que es un entusiasmo pasajero?

“Desde el período de posguerra, y desde el declive de los partidos comunistas en Occidente, con la excepción de Italia y anteriormente Francia, ha habido muchas formas de marxismo político. Pienso que para el público general, el interés en Marx y las teorías marxistas sociológicas, económicas, políticas, filosóficas ha declinado, pero entre los académicos e historiadores de ideas no hay duda de su vigencia. Pero es cierto que su contribución para la comprensión del rol social y político perdió valor en el espacio del mercado”.

-¿Cómo afectarán al Estado de Bienestar las presiones migratorias de Europa del Este?

“No hay una migración de trabajadores después de la adhesión de los países del Este a la Unión Europea. Lo que existe se llama ciudadanía europea y derechos de movilidad. Estos derechos de movilidad varían dependiendo del país y del año de ingreso a la Unión Europea. En la mayoría de los casos entra en vigor siete años depués del ingreso. El concepto de migración se usa para los que vienen desde fuera de la UE. Ucrania, los estados de la ex Unión Soviética, el sur de Asia, norte de África; en el caso español, de América Latina. Ahora bien, ¿cómo afecta esto al Estado de Bienestar? Hay una declaración algo cínica del ex canciller alemán Gerhard Schroeder, que dijo que es necesario distinguir entre la gente que necesitamos y la que nos necesita. Esto significa dividir los inmigrantes entre los útiles y deseables, aquellos que vengan con capital, dinero o habilidades y destrezas, y aquellos que son pobres, ilegales, refugiados”.

-¿Y la respuesta de la población de Europa Occidental?

“La preocupación es exacerbada en las poblaciones internas de países como Francia, Bélgica, los Países Bajos, y particularmente en Dinamarca y Austria, que resienten la llegada de inmigrantes que viven del más bajo nivel de asistencia social. Ésta es una carga política, que hasta ahora ha provocado movilizaciones xenofóbicas. Me alegra decir que no es un asunto tan extendido en Alemania, donde la extrema derecha no juega un rol relevante. Creo que el costo para el Estado de Bienestar no es la llegada masiva de inmigrantes, sino el peligro de que las movilizaciones xenofóbicas se extiendan y cambien el paisaje político de Europa Occidental. Esto es parte de una tendencia de la reducción del Estado de Bienestar, el recorte de presupuesto para el desempleo y la reduccción de las pensiones en el nombre de la activación. El mensaje es ‘hazlo por ti mismo, que no lo haremos por ti, que de otro modo no podemos competir en la globalización’. Las restricciones a los extranjeros son un componente de esta filosofía”.

Cronología del derrumbe

6 de febrero de 1989

Chris Gueffroy es la última persona asesinada por tratar de cruzar el Muro de Berlín.

23 de agosto de 1989

El gobierno de Hungría elimina las restricciones fronterizas con Austria.

10 de septiembre de 1989

El gobierno húngaro abre las fronteras para los alemanes del Este refugiados que viajan a Alemania Occidental a través de Hungría y Austria.

4 de noviembre de 1989 Una demostración pro democracia reúne a un millón de personas en la principal plaza de Berlín Oriental.

9 de noviembre de 1989 El gobierno de la RDA anuncia la libre circulación a través del Muro. Los berlineses comienzan a destruir el muro.

22 de diciembre de 1989

La Puerta de Brandemburgo es despejada.

3 de octubre de 1990

Alemania es reunificada oficialmente.

La predicción fallida de Fukuyama

En 1989 en la revista conservadora norteamericana The National Interest apareció el ensayo “¿El fin de la historia?”, de Francis Fukuyama. Era un número dedicado al declive soviético. La revista apareció en el verano boreal y el ensayo se adelantaba al derrumbe del Muro de Berlín que tendría lugar en noviembre (otoño en Europa). El artículo lanzó al dominio público el nombre de Fukuyama, que veía en el fin del comunismo el triunfo de la democracia liberal como forma de gobierno universal. Rápidamente su nombre y la frase “el fin de la historia” comenzó a circular por los medios de comunicación masiva. Tres años más tarde Fukuyama publicó el libro “El fin de la historia y el último hombre”. El entusiasmo neoconservador no fue suficiente para aplacar la polémica.

La controvertida tesis del norteamericano recibió críticas desde todos los flancos. De hecho en un artículo publicado más tarde y titulado “Una respuesta a mis críticos”, Fukuyama ironizó y celebró como un logro el consenso en contra de sus postulados: “Este consenso [en contra de la idea de que la historia había finalizado] es aun más notable porque reúne a Margaret Thatcher, William F. Buckley y el Wall Street Journal por la derecha hasta The Nation, Andre Fontaine, Marion Donhoff, y otros líderes liberales por la izquierda”.

07.25.09

Liberar la palabra del lenguaje

Publicado en Lecturas a 3:41 PM por Agendamx


LIBROS / Ensayo

Título: El logos oscuro: tragedia, mística y filosofía en María Zambrano.

Autor: Jesús Moreno Sanz.

Editorial: Verbum. Madrid, 2009. 4 volúmenes. 96 euros.

maria-zambrano1

Por Isidoro Reguera. Babelia. 25/07/2009.

Filosofía. En cuatro volúmenes, este libro constituye la primera monografía completa de la obra de María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991), incluye y considera también la muchedumbre entera de sus inéditos. En un recorrido tan bello como erudito, con el formidable horizonte de un logos oscuro y una razón poética como trasfondo, quiere reconstruir la “crítica de la razón dialéctica”, clara e instrumentalizada, que Zambrano no llegó a redactar (quedó en sendos esquemas inéditos, aunque de su espíritu dimanen sus tres obras mayores: Claros del bosque, De la Aurora y Notas de un método).

Una labor, la de Zambrano y la de Moreno, cada uno en lo suyo, tan necesaria como desesperanzada (imaginemos que no). El mundo y el ser humano de hoy ya no parecen sensibles a oscuridades trágicas, extrañas vivencias místicas, ni filosofías poéticas, realmente creadoras. De todos modos, por lo que importa a la filosofía y al pensar en sí mismos, como profesión al menos, es muy de considerar el intento zambraniano de volver a situar la razón en su logos más recóndito, minusvalorado por las luces modernas de la razón y la palabra. Porque éstas apenas tienen sentido ya en su empobrecidísimo contexto, del que hay que liberarlas: a la palabra, del lenguaje; a la razón, de sí misma. Hay que liberarlos del nihilismo subsecuente a esa dialéctica racional (lineal, literal, discursiva), que, tras sus últimos delirios idealistas, en los que todo se convirtió en concepto, o a causa del cientificismo recalcitrante de una filosofía pretenciosa, para la que todo ha de ser objeto de experiencia normalizada, ha aniquilado, en un viernes santo especulativo o empiricista, decimos, la realidad humana trágica, la verdadera, anegado el pensar crítico, agostando cualquier respuesta positiva y fuerte ante la vida.

Liberaciones, todas ellas, a la espera de un nuevo renacimiento en el que el ser humano aliente el surgir de otra racionalidad capaz de acoger los múltiples niveles reales de experiencia (como, por ejemplo, en una “cadena áurea” antiquísima de filósofos animados por un “fuego secreto”, anuncian, propugnan y perfilan hoy, serena e inteligentemente, Patrick Harpur, a quien cita Jesús Moreno, o Richard Tarnas, a quien creo que no cita, autores, ambos, felizmente introducidos en castellano estos últimos tres años por la editorial Atalanta). Antes de que esos niveles de experiencia, cada vez más extraños, porque no tengan cauce expresivo, se anquilosen en la evolución hasta desaparecer, como ya se anuncia hoy en la descolorida vida de los metrociudadanos.

Ésas son las pautas del complejo viaje que este libro realiza de mano de la obra de Zambrano, adentrándose en las “espesuras” del significado de un logos oscuro. La contextualización de ese logos se realiza no sólo a través del recorrido del pensamiento occidental desde los griegos, sino en el seno de una imponente variedad de culturas y sus específicos modos espirituales: sufismo, budismo Zen, Vedanta, Tao. Desde su arranque mismo, este libro va configurándose a modo de un caleidoscopio en el que esta diversidad de formas culturales y espirituales componen singulares figuras que tratan de dar a entender las nuevas experiencias, los nuevos lenguajes y los inéditos modos de razón en que se adentra el pensar zambraniano. Configurando todo un mundo intermedio entre sensibilidad y entendimiento (como la metaxy platónica, el barzaj sufí o el mundus imaginalis de Corbin), entre empiria y concepto, decíamos, que acoja la multiplicidad de tiempos o diversidad de niveles de experiencia y conciencia que constituyen al ser humano. Para ello sigue a Zambrano en su descenso a los trágicos lugares de la mística, donde se radicaliza la experiencia, adentrándose en los recovecos escondidos de su pensar, en los ángulos oscuros de sus inéditos. En torno al eje de su libro esencial, El hombre y lo divino, Moreno pone a Zambrano en diálogo con multitud de autores y movimientos espirituales, hasta que logra configurar un “modelo” de saber en el que pueda enmarcarse con sentido el intento de la filósofa de constituir un pensamiento que integre la tragedia, la mística y la filosofía. Su crítica de la razón dialéctica. Muy interesante.

07.21.09

Un salto a ninguna parte

Publicado en Lecturas a 12:32 PM por Agendamx

Por Tom Wolfe

  • La epopeya espacial en la mirada cáustica del escritor estadounidense Tom Wolfe.

The New York Times y Clarín. 21 julio de 2009.

moonwalkFue un pequeño paso para Neil Armstrong, un salto gigantesco para la humanidad y un rodillazo en la ingle para la NASA. El programa espacial estadounidense, el esfuerzo más grande — ¿puedo agregar “digno de un dios”? – en la historia del mundo, murió a las 22:56, hora de Nueva York, el 20 de julio de 1969, cuando el pie del Comandante Armstrong, de la Apolo 11, tocó la superficie lunar.

Como más de un joven de la época sentí fascinación por los astronautas. Si alguien me hubiera dicho en julio de 1969 que el ruido del pasito de Neil Armstrong sumado al paso enorme de la humanidad eran solo el ruido de los sepultureros arrastrando los pies junto a la tumba, habría desviado los ojos y sacudido la cabeza.

¡Bueno, mandar el hombre a la Luna fue apenas el preludio! La Luna no era más que un satélite de la Tierra. La gran aventura sería la exploración de los planetas… Hacía tiempo que la NASA tenía todo preparado para enviar hombres a Marte empezando por vuelos cercanos al planeta en 1975. Wernher von Braun, el científico de los cohetes alemanes que se pasó a nuestro bando en 1945, había diseñado un proyecto piloteado a Marte desde el momento en que llegó. En 1952 publicó su Proyecto Marte en una serie de artículos para la revista Collier. Causó sensación. Teniendo en cuenta el triunfo del Proyecto Apolo, Marte vendría a continuación. Lo único que la NASA y von Braun necesitaban eran las bendiciones del presidente y la gran aventura sería realidad.

Sin embargo, tres meses después del alunizaje, en octubre de 1969, empecé a dudar… Yo estaba en Cabo Kennedy, el centro de lanzamiento del programa espacial, en un autobús visitando la NASA. El maestro de ceremonias del autobús era un hombre alto y apuesto de casi 40 años… y un tronco para contarles a los turistas del tour lo que estaban viendo.

Tan malo era que al final de la visita lo abordé. Desde luego, no había venido a la Tierra para ese trabajo. Era un ingeniero que hasta hacía muy poco tiempo había sido experto en protección térmica en la NASA. Se había iniciado una ola de despidos y su puesto fue eliminado. Era tan grave la situación que se sentía afortunado de haber encontrado esa changa. Neil Armstrong y sus dos compañeros de tripulación, Buzz Aldrin y Mike Collins seguían de gira triunfal por el mundo… mientras que ahí, el equipo irreemplazable de la NASA de científicos espaciales estaba disolviéndose.¿Cómo podía pasar algo así? A la distancia, la respuesta es obvia. La NASA había desestimado reclutar filósofos. A partir de que los soviéticos lanzaron la Sputnik I en órbita alrededor de la Tierra en 1957, todos, desde el Presidente Eisenhower, Kennedy y Johnson para abajo vieron la así llamada carrera espacial como una sola cosa: una justa militar. Al principio hubo temores de que los soviéticos tomaran “territorio estratégico” del espacio. Ya estaban ahí —¡encima de nosotros! Podían lanzar rayos cuándo y dónde quisieran. ¡Boom! Ahí va Bangor… ¡Boom! Ahí va Boston… Nueva York… Baltimore… Denver… San José — ¡todas voladas! – como si nada.

Los físicos se apresuraron a señalar que nadie elegiría el espacio como lugar desde el cual atacar la Tierra. La nave espacial, el misil, la Tierra misma, además de la rotación de ésta, viajan a velocidades violentamente distintas en planos geométricos violentamente distintos. Entrarían en el famoso “problema de tres cuerpos” etc. Además los cohetes que habían puesto en órbita las naves tripuladas de cinco toneladas de los soviéticos eran dignos de tener en cuenta. Tenían potencia como para llegar a cualquier lugar de la Tierra con ojivas nucleares.

Pero no fue eso lo que pensó el Presidente Kennedy cuando convocó al administrador de la NASA, James Webb, y a su adjunto, Hugh Dryden, en abril de 1961. El presidente estaba deprimidísimo. No paraba de decir: “Si alguien pudiera decirme cómo alcanzarlos. Busquemos a alguien – a quien sea… No hay nada más importante”. Alcanzarlos era su obsesión. Nunca mencionó los cohetes.

Saturn-IV_1445506i

Dryden dijo que, francamente, no había forma de alcanzar a los soviéticos en cuanto a vuelos orbitales. Mejor sería anunciar un programa de choque de la magnitud del Proyecto Manhattan, que había producido la bomba atómica. Solo que el objetivo esta vez sería mandar un hombre a la Luna en los siguientes 10 años. Apenas un mes después Kennedy pronunció su famoso discurso ante el Congreso: “Este país debe comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del fin de esta década, poner al hombre en la Luna y traerlo otra vez a la Tierra”.

De manera intuitiva, Kennedy había elegido otra forma de justa militar, extrañamente arcaica. Se llamaba “combate individual”. El combate individual más famoso fue el de David contra Goliat. Antes de que los ejércitos enemigos chocaran en combate, cada bando enviaba a su “campeón” y los dos luchaban a muerte, en general con espadas. El ganador le cortaba la cabeza al perdedor y la blandía por los pelos. Dos milenios después, el clima mental de la carrera espacial era ese. Los detalles del combate individual diferían. Cosmonautas y astronautas no se decapitaban entre sí. Lo que hacían los bravos campeones de cada lado era arriesgar sus vidas en cohetes, mientras sus compañeros en tierra tiraban de la espoleta y los disparaban al espacio.Los soviéticos enseguida sacaron ventaja. Fueron los primeros en poner un objeto en órbita alrededor de la Tierra (Sputnik), un animal en órbita (una perra), un hombre en órbita (Yuri Gagarin). Cuando la NASA terminó de poner a dos astronautas en vuelos suborbitales de 15 minutos a las Bahamas — ¡las Bahamas, 15 minutos!–, los soviéticos pusieron un segundo cosmonauta en órbita. Permaneció allí 25 horas y dio vuelta al globo 17 veces. ¡OK, los dioses habían mostrado su favoritismo!

A esa altura, el clima mental de la carrera espacial con cohetes de los ‘60 y el combate con espadas se parecían tanto que cabía preguntar: ¿la bestia humana cambia o sólo sus artefactos? Cada vez que uno agarraba el diario leía titulares con la frase BRECHA ESPACIAL… Los soviéticos habían producido una generación de genios científicos – mientras nosotros dormíamos, gordos y satisfechos. Los educadores empezaron a tirar al diablo programas escolares en cuanto Sputnik subió, introdujeron la Nueva Matemática e hicieron énfasis en la Teoría de la Autoestima.

Por fin en febrero de 1962 la NASA consiguió poner un hombre en la órbita terrestre, John Glenn. Es necesario haber vivido en esa época para comprender la reacción del país. Estuvo arriba solo cinco horas, en comparación con las 25 de Titov pero era nuestro… ¡protector! Contra todo lo esperado, había arriesgado su pellejo por… ¡nosotros! John Glenn nos curó.Antes de su desfile por Broadway nunca se habían oído tantos vítores. Policías irlandeses grandotes, clásicos de Nueva York, salieron a las esquinas lagrimeando. Después empezó la serie de vuelos de Gemini con dos hombres.

Con Gemini, nos atrevimos a preguntarnos si no estaríamos acercándonos quizás a los soviéticos en ese combate individual. Pero contuvimos la respiración, temerosos de que el anónimo Jefe de Diseño soviético pudiera vencernos de nuevo con alguna hazaña inimaginable. Por supuesto, la CIA difundió informes de que los soviéticos estaban al borde de un viaje a la Luna.La NASA ingresó en el mayor programa de choque de todos los tiempos: Apolo. Lanzó cincomisiones lunares en un año, de diciembre de 1968 a noviembre de 1969. Con Apolo 11 por fin ganamos la carrera, pusimos un hombre en la Luna antes del fin de esa década y lo trajimos de vuelta.Todos, incluido el Congreso, fueron presa de la fiebre de adrenalina. Pero resulta que a la mañana siguiente los congresistas empezaron a preguntarse algo que no surgía desde el discurso de Kennedy. ¿En qué consistía esa cuestión del combate individual? Ellos no usaron esa expresión). Había sido una batalla por el espíritu interior y la imagen externa. De acuerdo, ganamos pero no tenía ninguna relevancia militar táctica. Y había costado una fortuna, cerca de US$ 150.000 millones. ¿Y eso de mandar el hombre a Marte y toda la música? Más de lo mismo, pensándolo bien. Qué visionario… pero, ¿por qué no hacemos como Scarlett O’Hara y lo pensamos mañana?

EarthRise_fromMoonAndApolloXI.lr

El presupuesto anual de la NASA cayó de US$ 5.000 millones a US$ 3.000 millones en los ‘70. Y en ese momento, tan luego, la falta de un equipo de filósofos en la NASA pasó a ser un verdadero problema. Sucede que la NASA tenía un solo filósofo, von Braun. Hacia el final de su vida, él sabía que se moría de cáncer y se volvió muy contemplativo. Yo lo oí en una cena en su honor en San Francisco. Planteó qué cosa era en verdad el programa espacial.Dijo algo así: Aquí en la Tierra vivimos en órbita alrededor del Sol, una estrella ardiente que algún día se quemará, con lo cual nuestro sistema solar se volverá inhabitable. Por lo tanto, debemos construir un puente a las estrellas porque somos las únicas criaturas sensibles del universo. ¿Cuándo empezamos a construir ese puente de estrellas? En cuanto podamos y este es el momento. Por desgracia, la NASA no podía presentar como vocero y gran filósofo a un ex alto miembro de la Wehrmacht nazi. Por consiguiente, el programa espacial lleva 40 años matando el tiempo con una serie de proyectos orbitales… Skylab, la misión conjunta Apolo-Soyuz, la Estación Espacial Internacional y el trasbordador espacial. Estos programas requirieron un nivel de ingeniería comparable a los programas tripulados que los precedieron. Pero su objetivo ha sido principalmente mantener encendidas las luces en el Centro Espacial Kennedy y el Centro Espacial Johnson de Houston. En rigor, el programa del trasbordador estaba pensado para atraer al público con viajes para turistas pero terminó en el desastre del Challenger.

¡Cuarenta años! Todos en la NASA saben desde hace 40 años que el siguiente paso lógico es una misión tripulada a Marte y cada propuesta ha sido bien recibida solo brevemente por los presidentes. Tienen tantos proyectos espectaculares que podrían usar mejor los casi US$ 10.000 millones anuales que requeriría el programa Marte. Hay incluso otra propuesta en este momento y no tiene ninguna chance frente a Depresión II. ¿Porqué no mandan robots?: es la cantilena habitual. Y una vez más es el difunto von Braun quien da la respuesta. Una de las cosas que más le gustaba decir es que no hay ningún explorador informático en el mundo con más de una diminuta fracción del poder que tiene la computadora análoga química conocida como cerebro humano. El 20 de julio de 1969 fue el momento en que la NASA necesitó, más que ninguna otra cosa en el mundo, la Palabra. Pero era algo para lo que los ingenieros no tenían especificaciones. En este momento es la única solución para recuperar el verdadero destino de la NASA, que es, claro, construir ese puente a las estrellas.

Copyright The New York Times y Clarín, 2009. Traducción de Cristina Sardoy.

http://www.clarin.com/notas/2009/07/21/_-01962714.htm

Siguiente página