08.03.09
México y Somalia, los países más peligrosos para los periodistas
REUTERS - Ginebra – 03/08/2009
Al menos 46 periodistas han muerto en lo que va de año en el ejercicio de su profesión, de acuerdo con el Instituto Internacional de Seguridad para la Prensa (INSI, en sus siglas en inglés), que señala que Somalia y México son los dos países más peligrosos para los medios de comunicación.
La organización, con sede en Bruselas y que contabiliza los asesinatos y las muertes accidentales de periodistas en todo el mundo, afirma que la tasa de bajas está disminuyendo rápidamente en Irak, en consonancia con el relativo descenso de la violencia en el país.
Hasta finales de julio, seis reporteros somalíes que trabajaban para medios locales y extranjeros habían sido asesinados y otros dos secuestrados en 2008 permanecían en cautividad 11 meses después, señala el INSI, que también se muestra muy preocupado por la situación en México, donde “al menos se han confirmado tres muertes y otras tres están siendo investigadas”.

Violencia contra la prensa en Sri Lanka
Otros países peligrosos para los periodistas son Pakistán, Irak y Filipinas, con tres periodistas muertos en cada uno de ellos en lo que va de año. Según la ONG Periodistas para la Democracia, con base en Sri Lanka, 34 periodistas y trabajadores de los medios han muerto desde 2004 en este país asiático, cuando llegó al poder el actual Gobierno, mientras que otros 10 fueron secuestrados y más de 50 han tenido que exiliarse.
Durante todo el año 2008 murieron 109 periodistas en 36 países, según el recuento del INSI, que incluye asesinatos y accidentes ocurridos mientras ejercían su profesión.
07.18.09
Pide RSF a gobierno mexicano aclare asesinatos de periodistas
EFE. 16 de julio de 2009.
París. Reporteros sin Fronteras (RSF), la organización de defensa de la prensa y los periodistas, pidió este jueves a las autoridades mexicanas, que aclaren los asesinatos de los periodistas Martín Javier Miranda Avilés y Ernesto Montañez Valdivia, ocurridos en los últimos días.
Martín Javier Miranda Avilés, que trabajaba en el diario Panorama y la agencia Quadratin, apareció muerto en su domicilio en Zitacuaro, Michoacán, asesinado de dos puñaladas por la espalda el pasado 12 de julio, según RSF.
Ernesto Montañez Valdivia, editor del periódico local Enfoque del Sol de Chihuahua, cayó muerto en la emboscada que le tendieron unos desconocidos armados cuando circulaba en coche con su hijo de 17 años, el 14 de julio en Ciudad Juárez.
Los asesinatos se han producido en dos regiones que se encuentran entre las más expuestas a la guerra de los cárteles y a la ofensiva federal contra el narcotráfico, recordó la organización.
RSF recordó que el asesinato de Martín Javier Miranda Avilés se produjo el mismo día en que fue capturado Arnoldo Rueda Medina, uno de los principales operadores de La Familia.
“Su detención generó una explosión de actos de violencia, y entre ellos el ataque al puesto de policía de Zitacuaro”, hizo notar RSF.
“El asesinato de un periodista va más allá de la venganza premeditada contra una persona. Es un medio para aterrorizar a toda la prensa, y a los ciudadanos. Por eso debe tenerse en cuenta la hipótesis profesional”, comentó RSF.
“Enviamos nuestro más sentido pésame a las familias de las víctimas, así como a sus colegas. Pedimos que, en ambos casos, cuyas circunstancias y motivos no se conocen bien todavía, se efectúen investigaciones en profundidad”, declaró la organización, que envió una delegación a México.
Dicha delegación deberá rendir un informe sobre la situación de la prensa en México a su regreso en septiembre
05.03.09
Libertad de prensa en peligro
Madrid. (EFE).- La crisis económica que afecta particularmente al mundo de la comunicación constituye un peligro para la libertad de expresión debido a la desaparición de medios, la reducción de recursos y efectivos y la precariedad laboral, que hace más arriesgada la crítica, según los expertos.
Este domingo, Día Internacional por la Libertad de Prensa, se rendirá homenaje a los periodistas muertos en el ejercicio de su profesión en conflictos o lugares donde los poderes políticos u otros actores no toleran la libre información, pero también en las sociedades democráticas existe peligro de censura más o menos indirecta y aún más en tiempos de crisis.
“La crisis económica y especialmente la de los medios (derivada también del auge de internet) debilita financieramente a esos medios, a quienes faltan recursos para corresponsales o periodismo de investigación, que son la esencia del periodismo de calidad”, comentó a Efe Stephan Weichert, analista del Instituto para el estudio de Políticas de Medios y Comunicación con sede en Berlín.
En el último informe sobre Excelencia en el Periodismo del Instituto Pew de EEUU, varios reporteros que cubrieron la última campaña para la Casa Blanca reconocieron que habían realizado menos trabajos de fondo por falta de medios y tiempo, pues a la reducción de personal se suma el que ahora deben alimentar varios canales de información multimedia.
Asimismo, la desaparición de periódicos -dijo a Efe el politólogo y ensayista español Ignacio Sotelo- afecta a la libertad de expresión, que está “directamente vinculada a la amplitud de medios”. “Cuanto menos medios, más monopolio y más capacidad de control”, subrayó.
En esta situación ambos analistas ven un peligro en que se debata la intervención del Estado. “Esa dependencia puede llevar a una instrumentalización por parte de la política”, dice Weichert, que cita como ejemplos nefastos de la complicidad entre mandatarios y algunos grupos mediáticos a Francia e Italia.
“El vínculo institucional se agrava muchísimo en momentos de crisis”, abunda Sotelo, y argumenta que “cuando se piden apoyos oficiales los medios se vuelven más tolerantes con el gobierno de turno, la crisis equivale pues a un debilitamiento de la crítica”. En Estados Unidos los institutos que analizan la evolución en los medios temen sobre todo un mayor poder de presión de las empresas anunciantes o de los accionistas.
Las asociaciones de profesionales también temen una tendencia a informar ante todo de lo que puede complacer al público, independientemente del interés informativo de un tema.
Según un estudio sobre autocensura del Instituto Pew, un 52 por ciento de los periodistas estadounidenses confiesa haber desestimado un tema importante por ser demasiado complejo, un 35 por ciento por ser una información contraria a los intereses de la empresa y un 29 por serlo a los de los anunciantes.
Esta semana 55 periodistas del “Chicago Tribune” denunciaron en un e-mail que la dirección de ese rotativo hubiera pedido a sus abonados su opinión sobre algunos artículos antes de publicarlos. “Es un principio fundamental del periodismo no dar a nadie fuera de la redacción la opción de decidir si se debe publicar una historia, ya sean anunciantes, políticos o lectores”, dice la carta.
Otro de los fenómenos que se agrava en tiempos de crisis, cuando las empresas optan por despedir a empleados, es lo que Sotelo llama “el principio de acoplación al medio”. “Cuando escasean los puestos de trabajo… las voces independientes bajan muchísimo de tono”, dice.
Por otra parte, en momentos de crisis o peligro, explica Weichert, se produce un fenómeno psicológico entre los periodistas, que “al fin y al cabo son seres humanos”, que es la tendencia a tratar de no debilitar con críticas una acción política.
Así se vio en EEUU donde, tras el trauma del 11 de septiembre, los periodistas evitaron, como recientemente ha reconocido, entre otras, la reportera estrella de la cadena CNN, Christiane Amanpour, hacer las preguntas pertinentes respecto a la legitimidad de la intervención en Irak.
Pero también ahora ocurre un fenómeno parecido con la información sobre el presidente Barak Obama; según el informe anual del Instituto Pew, un 42 por ciento de los estadounidenses, inclusive un 28 por ciento de los votantes demócratas, consideran que la prensa tomó partido por Obama en las últimas elecciones.
Actualmente, tan sólo algunas voces piden que la prensa ejerza un papel más crítico en su cobertura del presidente y son los medios satíricos, como “The Onion”, que ya se desmarcaron con sus críticas a Bush tras el 11-S, quienes denuncian esta luna de miel de la prensa con Obama.
Pese a todos estos problemas para la supervivencia del periodismo de calidad, Weichert considera que éste es irrenunciable, porque en un mundo donde proliferan cada vez más los blogs y las páginas de contacto el público va a necesitar más que nunca orientación.
Entre las soluciones que se barajan está la de convertir los periódicos en fundaciones o crear plataformas digitales de promoción de varios medios afines.
En cualquier caso, dice Weichert, la convivencia del periodismo tradicional y la información ciudadana que se da en internet es posible y deseable, pues los primeros pueden seguir siendo medios de referencia, pero los segundos mitigarán saludablemente su influencia.
04.07.09
Oportunidades y tribulaciones del periodismo
POR MIGUEL ANGEL GRANADOS CHAPA
El martes 31 de marzo recibí el doctorado honoris causa que se sirvió otorgarme el Colegio Académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, distinción que agradezco profundamente. Pronuncié con ese motivo unas palabras que explican el sentido en que recibí esa deferencia:
En los dos años recientes he tenido el privilegio de que me dispensaran distinciones de índole diversa a la que hoy nos congrega pero coincidentes con ella en la causa que las origina. Las entiendo a todas como destinadas a subrayar el mérito de un trayecto profesional y, en consecuencia, como referidas al periodismo como oficio de utilidad pública y a sus practicantes, especialmente a quienes lo profesan, sí, como un medio digno de ganarse la vida, pero también como una extensión del ser ciudadano, habitante de una república menesterosa en mucho pero abundante en coraje y energía.
A tono con ese entendimiento, quiero exponer ante la comunidad universitaria aquí representada estas cavilaciones en voz alta sobre fenómenos y tendencias propios de los medios pero que inevitablemente conciernen a la sociedad entera. Pretendo que interesen a todos, pero en particular se refieren a la materia prima de la carrera de comunicación, impartida en Xochimilco desde el origen de la Universidad, que en buena hora dispuso enseñar e investigar los procesos y las instituciones de la comunicación.
Apunto primero a la estructura de los medios electrónicos. No me detendré, aunque esa cara del poliedro que toco no puede ser pasada por alto en un análisis más pausado, en las características intrínsecas de la televisión, que tanto, tan seriamente y con tanta razón han preocupado a pensadores como Karl Popper y Giovanni Sartori. Esbozo únicamente cómo el modo de ser de ese fruto del coito entre la radio y el cine (según la definición de Salvador Novo) se presenta en la sociedad mexicana, en el mercado mexicano para emplear el término que mejor refleja su sustancia. Dos empresas que no compiten entre sí dominan ese instrumento a través de concesiones para explotar un bien público, el espacio electromagnético donde transitan sus ondas. Ellas reciben la mayor parte, tres cuartos del total, de la inversión publicitaria pública y privada, y, lo que es más relevante, construyen cotidianamente, en sus programas de entretenimiento y de noticias (así como a través de sus interminables tandas de anuncios), la imagen que millones de mexicanos tienen de sí mismos, de México y del mundo.
Por eso y por la todavía endeble condición de nuestra vida democrática, se han constituido en un poder político, un poder de hecho que cuando no comparte sus metas desafía al poder institucional, al que busca influir decisivamente, si no determinar. Ese poder incumple las leyes, es capaz de hacer que se dicten las que le acomoden, y resiste las que no le cuadran. Esta última es su actitud frente a la reforma constitucional que sacó del comercio la política, la propaganda política al menos, al prohibir que pueda comprarse tiempo en los medios electrónicos durante los procesos electorales. El nuevo régimen legal de los medios afecta, sí, los ingresos de las empresas que configuran el duopolio, pero ese efecto es menor (porque desde su lógica es remediable, mediante la simulación y la infracción legal) comparado con la disminución de su presencia protagónica en la escena pública. No pudieron impedir la reforma de 2006 tan eficazmente como han evitado que se emita una legislación moderna y abarcante sobre los medios, pero estorban y complican su aplicación y presionan a quienes encarnan el poder institucional para que, con la misma convicción con que emprendieron la reforma, la cancelen y vuelva el dinero a imperar en la política electoral. Cuentan en su provecho con la fragilidad de los órganos responsables de la política de comunicación estatal y electoral. En la embestida contra las prerrogativas de los partidos –propaganda contra propaganda– el duopolio podrá lograr el viejo anhelo de que sean eliminados los tiempos que la ley asigna al Estado (que deberían ser de la sociedad), así como fueron ya drásticamente reducidos hace pocos años.
El poder de las empresas de televisión se dirige también a inhibir, coartar y si dable fuera suprimir los medios no lucrativos, los que operan con permisos, los medios que con esperanza llamamos públicos con la gana de que lo sean en verdad, y los medios comunitarios. Las leyes por sí mismas no modifican la realidad, pero una legislación sobre medios públicos constituiría el marco propicio para esfuerzos que están ya en curso y buscan probar que otra televisión es posible. Una ley de esa naturaleza habría evitado la prolongada, ofensiva espera de esta Universidad por señales de radio y televisión que no son aledañas, sino complementarias de su misión, inherentes a la misma.
La práctica del periodismo, su organización al servicio de la sociedad, vive simultáneamente oportunidades y desafíos. La transparencia, como efecto de la legislación respectiva, originada en la sociedad, y como aspiración ciudadana para vivir una democracia que incluya la rendición de cuentas, hace posible un conocimiento más amplio y preciso de zonas del hacer gubernamental que hasta hace poco era privilegio de iniciados. Hoy podemos saber, tenemos derecho a saber. Hasta no hace mucho tiempo los periodistas reconocidos, los más buscados, eran los poseedores de claves secretas, los reveladores de los escondrijos y las intimidades del poder. Hoy esa información se ha socializado. Y si bien subsisten zonas en que la reserva, la legal y la tramposa, mantienen vigentes áreas de opacidad, nos enrumbamos a una sociedad abierta, si se quiere con la lentitud del ciego que camina hacia la salida de un espacio oscuro. Nunca antes tuvo la prensa campos tan anchos para roturarlos con sus búsquedas. Su ejercicio ya no debe ser un oficio de tinieblas.
Pero al mismo tiempo proliferan los obstáculos para el ejercicio de las libertades de expresión y de información. Algunos fueron construidos mucho tiempo ha y no es posible abatirlos todavía. Cuéntense entre ellos la información pagada (qué digo información, la propaganda) que a fuerza de dinero convierte la insulsez en sólida presencia o procura ocultar lo sucio. Téngase presente también la corrupción, que pareció haberse ido con el régimen autoritario de competencia electoral no equitativa, pero subsiste ni siquiera con disimulo, y sigue contando para su vigencia con las deplorables condiciones laborales que privan en la industria de la comunicación social. Tan capaces de preservarse a sí mismas estas rutinas, me pregunto si no pervive, y multiplicado, el empresario periodístico que se ufanaba de no pagar salario a su personal y compensarlo con “credencial y manos libres”.
La picaresca a que aludo sería hasta hilarante si no reflejara la supervivencia de zonas de la comunicación social que eran afines a un régimen que no sólo podía prescindir de ciudadanos informados sino que le resultaban estorbosos. También es de tono menor si la comparamos con otras realidades que pueden ser avasallantes. Como en las peores etapas del autoritarismo, hay riesgo de muerte en la práctica del periodismo. No es válido exagerar el peligro, pero tampoco es lícito fingir que es menor. El crimen organizado ha cobrado innumerables vidas de profesionales de la prensa. Ya es un reportero en Hermosillo, ya un subdirector de diario en Nuevo Laredo, ora un reportero en Ciudad Juárez, ora unos camarógrafos en Monterrey, ya el editor de un semanario en Tijuana, ya dos jóvenes periodistas, promotoras de una radioemisora indígena en Oaxaca. Se agrega al crimen que los hace desaparecer o abiertamente los acribilla, la impunidad. No se ha castigado a nadie que priva de la vida a un periodista. Cuando bien han ido las cosas, un testaferro, un matarife profesional paga las culpas de un autor intelectual impune. O queda en libertad, 10 años antes de cumplir su condena, quien al mando de la policía política asesinó a un periodista de talla mayor para acallarlo.
Hay quienes buscan apabullar el ejercicio periodístico con medios menos severos, menos definitivos pero acaso tan eficaces como la muerte. Se trata del acoso judicial. Una plaga de demandas y denuncias de presuntos agraviados se cierne sobre el oficio de informar. La alimentan juzgadores a quienes con benevolencia podríamos considerar simplemente ignorantes pero con mirada más acuciosa tal vez hallaríamos corruptos. Fatigar, inhibir, eventualmente arruinar a quienes tienen que litigar su derecho a decir con fundamento, son los propósitos de estos acosadores, esos defensores de una buena reputación inexistente que de paso quieren hacerse de una ganancia por tantos títulos ilegítima, la del precio que ellos ponen a su honor. Ya se sabe que una honra que se tasa vale bien poco.
Otros graves asuntos reclamarían nuestra atención, como el modo en que la crisis afecta ya a los medios, sobre todo los impresos. Y la manera en que la internet se adentra en nuestra vida y propicia transformaciones en el periodismo y en la sociedad cuyos contornos no acertamos todavía a definir. Pero aquí termino.
03.16.09
La SIP denuncia que la situación de la libertad de prensa empeoró en la región
EFE. Lunes 16 de marzo de 2009.
Asunción, 16 mar (EFE).- La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) aseguró hoy que la situación de la libertad de expresión en la región empeoró el último semestre con el asesinato de seis periodistas y el incremento de los ataques de varios Gobiernos a los medios independientes e informadores.
En las conclusiones de la reunión de medio año de la SIP, que terminó en Paraguay, la organización, que reúne a unos 1.300 medios de comunicación del continente, sustenta que la situación se degradó porque “los violentos enemigos de la libertad de expresión cobraron nuevas víctimas entre los periodistas”.
Desde octubre pasado, cuando la SIP realizó su reunión anual en Madrid, “seis periodistas fueron asesinados en las Américas, aparentemente por cumplir su labor periodística”.
Aunque un murió en Venezuela y otro en Paraguay, para la SIP “México continua siendo el país más peligroso” porque allí fueron asesinados cuatro de ellos “y hubo ocho ataques contra periodistas o sus centros de trabajo”.
Afirma sobre México que “hasta camiones de reparto de diarios han sido blanco de organizaciones criminales en su intento de silenciar a la prensa” y se lamenta del fracaso en la Cámara de Diputados, a principios de mes, de la propuesta de la SIP de convertir en delito federal los “crímenes contra la libertad de expresión”.
Mientras tanto, según el informe final de la SIP, en México los “crímenes permanecen impunes, como el perpetrado hace cuatro años contra Alfredo Jiménez Mota, periodista del diario El Imparcial de Sonora”.
En medio de las críticas, las conclusiones destacan que “una noticia positivas entre tantas noticias lúgubres de violencia, es que Colombia, país que fue uno de los más peligrosos para el ejercicio del periodismo, sigue sin registrar un solo caso de asesinato de periodistas”.
La SIP resalta, además, que en el último semestre “los Gobiernos populistas que siguen los dictados del presidente venezolano, Hugo Chávez, intensificaron sus campañas de abusos y ridiculización de las empresas mediáticas y sus reporteros”.
En medio de esta situación, añaden las conclusiones, “ha surgido una crisis en las industrias periodística de los Estados Unidos que amenaza con debilitar su papel crucial como guardián vigilante de los casos de corrupción tanto del Gobierno como del sector privado.
Al tiempo de elogiar la decisión del presidente estadounidense, Barack Obama, de instaurar “un nuevo tono de transparencia”, la SIP afirma que “son más los Gobiernos que ahora no solamente están abusando de la prensa, sino que están avivando activamente las llamadas del odio”.
“En Venezuela, el presidente Chávez ha seguido con su indesmayable tarea de humillar a la prensa. Su retórica ha tenido consecuencias reales”, sustenta la SIP, que relata el ataque de un grupo con gases lacrimógenos contra el diario El Nuevo País.
Para la organización de la prensa continental “esta retórica incendiaria ha sido adoptada entusiastamente por otros jefes de estado del hemisferio, como Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Manuel Zelaya en Honduras, Álvaro Uribe en Colombia, Óscar Arias en Costa Rica, Álvaro Colom en Guatemala y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil.
“Quizás el ejemplo extremo es el Gobierno de Uruguay, el cual se ha referido públicamente a los periodistas” con insultos entre los más leves “gusanos” o “payasos”, señala la organización.
La SIP indica que “lo más decepcionante ha sido ver la complicidad de ciertas organizaciones mediáticas” en esas campañas contra la prensa de parte de los Gobiernos de varios países.
En ese sentido, “hace notar que las empresas de radio y televisión que Ángel González opera ahora en nueve países latinoamericanos han sido grandes infractores que se han puesto del lado de los Gobiernos de turno”.
Por otro lado, se lamentó de que las esperanzas de un cambio en Cuba, con la llegada de Raúl Casto al poder, se han visto “truncadas en varias ocasiones durante estos últimos seis meses”.
“Unos 26 periodistas independientes, varios de ellos en precario estado de salud, permanecen tras la barras, cumpliendo sentencias de hasta 28 años de prisión”, subraya el informe, al advertir que los “86 incidentes de violencia registrados contra periodistas durante este período representan un recrudecimiento del grado de abuso”.
03.05.09
Retroceso en México para federalizar crímenes
SIP, 4 de marzo de 2009
Reclama que la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados desconoce el consenso alcanzado entre legisladores federales e instituciones nacionales e internacionales dedicadas a la libertad de prensa y a los derechos humanos.
La Sociedad Interamericana de Prensa SIP) deploró el retroceso que para la libertad de prensa y la libertad de expresión en México representan nuevas propuestas surgidas en la Cámara de Diputados federal, específicamente en la Comisión de Justicia, que preside el legislador César Camacho.
De acuerdo con un pre dictamen de esta Comisión, presentado a representantes de la SIP en días pasados, se desconoce el trabajo desarrollado por años por la Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación de la Cámara de Diputados que encabeza el diputado Gerardo Priego, la que en noviembre pasado presentó una iniciativa de ley que permite llevar al ámbito federal las investigaciones judiciales en casos de ataques contra periodistas y a medios de comunicación. Esta iniciativa concitó el apoyo de los coordinares de fracción de la Cámara, que por ello la firmaron.
En diversas ocasiones, el diputado César Camacho ha hecho declaraciones que la SIP considera confusas sobre este tema, lo mismo anunciando la federalización de estos crímenes, que alegando que ello no es posible si antes no se reforma la Constitución mexicana, lo que discrepa no sólo de la iniciativa presentada por la comisión del diputado Priego sino de propuestas elaboradas desde el ámbito académico mexicano y de otras elevadas por editores del país.
En contraposición con estas posturas, la Comisión de Justicia ha elaborado una iniciativa de reforma al Código Penal Federal, para disponer que se agraven las penas, con entre uno y cinco años de prisión adicional, contra aquellos que atenten contra periodistas, y sugiere una definición limitativa de “actividad periodística”. Asimismo, restringe la posibilidad de que la autoridad federal intervenga en la indagación de estos hechos a sólo aquellos casos ocurridos en “embajadas, consulados, embarcaciones, vuelos, el sujeto activo o pasivo del delito sea servidor público federal, entre otros”.
“La Comisión Contra la Impunidad de la SIP, después de un análisis del pre dictamen y de entrevistas con el diputado Camacho y sus asesores jurídicos, estima que esta nueva iniciativa tendrá un efecto marginal y se orienta en un sentido del todo inútil para encarar el creciente número de informadores y medios de comunicación afectados por la violencia”, estableció el presidente de esta Comisión, Juan Francisco Ealy Ortiz, de El Universal de México.
El directivo periodístico apuntó que “se trata de una propuesta del todo insuficiente”, que incluso ignora los casos que la Procuraduría General de la República tiene bajo su jurisdicción, pero que han resultado empantanados dentro de la Fiscalía Especial creada al efecto, pues los reclamos de reformar la misma también están siendo soslayados.
En un escrito presentado a la Comisión de Justicia en una visita la semana pasada, directivos de la SIP argumentaron que conforme análisis realizados por juristas mexicanos, “se hace una lectura equivocada, ya que la federalización de los delitos cometidos contra la libertad de expresión no pasa por la reforma al artículo 73 de la Constitución ni por la creación de un tipo penal abstracto y genérico, sino por el reconocimiento de los diferentes delitos ya existentes en la Ley Penal”. Reiteraron, además, que “estos delitos, cuando se cometen contra periodistas durante el ejercicio de la libertad de expresión, afectan a otros derechos fundamentales, como libertad de prensa y derecho a la información, siendo precisamente delitos federales. Tal es la letra y el espíritu, expresos y taxativos, de la Constitución, de los tratados internacionales y de la legislación secundaria”.
Sobre las argumentaciones de la Comisión de Justicia en el sentido de que la federalización de los crímenes sería sólo alcanzable por una reforma constitucional, el presidente de la SIP, Enrique Santos Calderón, criticó adicionalmente que no se atienda las fundamentaciones hechas por el anteproyecto de ley de la Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación de la Cámara de Diputados, presentado el 21 de noviembre pasado con la firma de los coordinadores parlamentarios de la mayoría de las agrupaciones políticas representadas en la Legislatura. Con ese proyecto – recordó Santos – se alcanzó el consenso, luego de meses de trabajo y de consultas, entre legisladores federales, juristas, periodistas y miembros de organizaciones nacionales e internacionales dedicadas a la defensa de los derechos humanos y la libertad de prensa.
Santos Calderón, del diario colombiano El Tiempo, agregó que un grupo de 50 periodistas, editores y propietarios de medios de todo el país, convocados por la SIP en junio pasado en una conferencia nacional, presentaron en los debates de la Legislatura, propuestas de reformas que han sido asumidas en su mayoría por la Comisión Especial para dar Seguimiento a las Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación. Agregó que las mismas procuran la federalización en forma eficiente y práctica, respetando el marco jurídico, la Constitución, los tratados internacionales, el Código Penal Federal y la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación.
En ese sentido, las autoridades de la SIP lamentaron este sorpresivo retroceso al avance que se venía logrando y expresaron temor de que la Comisión de Justicia esté complicando una reforma que parecía venir a remediar un problema de violencia contra el derecho a la libertad de expresión y de prensa.
02.26.09
SIP condena asesinato de periodista en México
Miami (EE.UU.), EFE. 25 de febrero de 2009.- La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) condenó hoy el asesinato del periodista Luis Daniel Méndez Hernández en México, el segundo que ocurre en ese país en lo que va de año.
Méndez Hernández, de 33 años, fue asesinado el pasado 22 de febrero en el municipio de Huayacocotla, de donde era originario, cuando una de varias personas que se le acercaron, le disparó por la espalda y a corta distancia, según informó la SIP en un comunicado.
El reportero de la radio La Poderosa, de la cadena Radiorama, en la ciudad de Tuxpan en Veracruz, recibió en total cuatro balazos.
“Expresamos nuevamente nuestra preocupación por otro asesinato contra un periodista en México, caso que esperamos no se convierta en una mera estadística. Es indispensable para ejercer el oficio periodístico sin temor, observar mayor diligencia y sentido de urgencia en las autoridades”, dijo el presidente de la SIP, Enrique Santos Calderón, del diario colombiano El Tiempo.
Colegas del reportero comentaron a la Unidad de Respuesta Rápida (URR) de la SIP de México que no existe claridad en el móvil del asesinato de Méndez Hernández, quien tenía asignada la cobertura del Congreso del Estado y del Puerto de Veracruz.
Entretanto, la policía identificó y detuvo a tres hombres como los posibles agresores que habrían actuado por órdenes del crimen organizado.
El presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e información de la SIP, Robert Rivard, del periódico estadounidense San Antonio Express-News, agregó que “las autoridades en México deben analizar y tomar medidas con apremio con la doble intención de castigar a los responsables de la violencia y garantizar la seguridad de los periodistas y el derecho fundamental a dar y recibir información”.
Las autoridades no descartan cualquier hipótesis, según expresaron a la SIP, incluso la vinculada con su trabajo como reportero, porque Méndez Hernández, con cinco años en la profesión, también presentaba en la radio informaciones sobre hechos violentos y el crimen organizado.
Este es el segundo asesinato contra un periodista en lo que va de año, el 13 de febrero la víctima mortal fue el reportero gráfico Jean Paul Ibarra Ramírez, del diario El Correo en el estado de Guerrero. EFE
02.02.09
POSICIONAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN MEXICANA DE DERECHO A LA INFORMACIÓN SOBRE LA REGULACION DEL DERECHO DE RÉPLICA EN MÉXICO
Maquiavelo: Los agentes de la administración les harán llegar notas en las cuáles se les dirá categóricamente: habéis publicado tal información, esa información es falsa; os habéis permitido tal crítica, habéis sido injusto, habéis actuado en forma inconveniente, habéis cometido un error, daos por notificado. Se tratará como veis, de una censura leal y abierta.
Montesquieu: Frente a la cual no habrá, se sobreentiende, derecho a réplica.
Maquiavelo: Por supuesto que no; la discusión quedará cerrada […] En estas cosas, el silencio es más respetuoso de la honestidad pública que el escándalo.”
Maurice Joly. Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu.
El lunes 14 de enero de 2008 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, el cual prevé en su artículo décimo Transitorio que “a más tardar el 30 de abril de 2008, el Congreso de la Unión deberá expedir la ley reglamentaria del derecho de réplica establecido en el primer párrafo del artículo 6o. de la Constitución.”
Lo anterior deriva de que mediante adición al artículo 6° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 13 de noviembre de 2007, se consagró constitucionalmente este derecho con la redacción siguiente:
ARTÍCULO 6°.- La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.
Esta obligación no ha sido cumplida por los legisladores, pero ha generado que algunos de ellos, principalmente del Partido Acción Nacional, hayan presentado iniciativas al respecto, que han quedado en meras propuestas. Podría dar a pensar que no existe interés en que un derecho universalmente aceptado sea regulado en nuestro país, pese a que desde hace unos tres lustros se ha insistido en su salvaguarda, quizá porque políticamente no se tienen las condiciones necesarias para impulsar alguna de ellas. Por ello, de los pendientes que dejaría la presente Legislatura, el de una nueva Ley de Derecho de Réplica, sería uno de los más lastimosos.
A la fecha existen 4 iniciativas presentadas en la presente Legislatura, a saber:
1. Iniciativa derivada de los trabajos de la Comisión Ejecutiva de Negociación y Construcción de Acuerdos (CENCA).
2. Iniciativa de Ley para Garantizar el Derecho de Réplica que suscribieron Diputados Federales integrantes del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional.
3. Iniciativa de Ley Reglamentaria del Artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de Derecho de Réplica, del Senador José Alejandro Zapata Perogordo, del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional.
4. Iniciativa con proyecto de decreto que deroga el artículo 27 de la Ley sobre Delitos de Imprenta; deroga el artículo 186, numeral 3, del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales y expide la Ley Reglamentaria del artículo 6º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de derecho de réplica a través de los medios de comunicación impresos y de radiodifusión presentada por Senadores del Partido Verde Ecologista de México.
Tratándose de un asunto fundamental de los derechos de los ciudadanos sería necesario su difusión y debate público para encontrar la norma más idónea para nuestro país, de lo contrario, las relaciones entre éstos y los medios seguirán manteniéndose en un plano de tensión, primordialmente cuando se inicia un proceso electoral y la legislación de la materia es anacrónica.
Atentos a lo anterior, la Asociación Mexicana de Derecho a la Información considera la necesidad de difundir el punto de vista institucional sobre el tema del derecho de réplica, el estado legal que actualmente guarda y emitir una propuesta con los puntos trascendentales que deben estar presentes en cualquier iniciativa que se presente sobre el tema. Particularmente si tomamos en cuenta que la libertad de expresión –que incluye al derecho de réplica- ha pasado de ser una concesión del gobernante, a una reivindicación natural, a una garantía de los gobernados sancionada por la Carta Magna o por una ley fundamental que entraña, en el fondo, la conservación del orden social.
Si bien es gracias a la reciente reforma constitucional en materia electoral que se incluye la incorporación del derecho de réplica al primer párrafo del artículo sexto de nuestra Constitución, también es cierto que desde 1977 con la reforma constitucional que incorporó al artículo 6° Constitucional el reconocimiento de que el derecho a la información sería garantizado por el estado, esta reforma también fue producto de una iniciativa de reforma electoral en el marco de la reforma Política de diciembre de ese año a través de la cual se modificaban 17 artículos constitucionales incluyendo la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales.
En la exposición de motivos de 1977 se indicaba que se “estima conveniente establecer como prerrogativas de los partidos políticos su acceso permanente en la radio y la televisión, sin restringirse a los períodos electorales, esta prerrogativa tiene el propósito de dar vigencia en forma más efectiva al derecho de información que mediante esta iniciativa se incorpora al artículo 6o. constitucional. Siendo los partidos políticos entidades fundamentales para la acción ideológica y política, el ejercicio de su derecho a difundir sus ideas en los medios de comunicación, se traducirá en mayor respeto al pluralismo ideológico y cobrará magnitud la libertad de expresión y su correlativo derecho a la información”.
De ahí que resulta trascendental que nos pronunciemos ahora porque el ejercicio y defensa de un derecho intrínseco a los individuos, no se observe como una prerrogativa exclusiva de los partidos políticos, pues en esencia, el derecho de réplica es un derecho erga omnes, y no puede ser usado como moneda de cambio ante decisiones estrictamente políticas.
Resulta relevante, como antecedente, lo que el Presidente José López Portillo, señaló en su toma de posesión el 1o. de diciembre de 1976: “En el caso de la información no basta con abrir la oportunidad legal y libre para que haya información y comunicación. En una economía mixta en la que los procesos mercantiles también se garantizan, menester es garantizar que quienes por la fortuna no tienen medios, tengan sí la seguridad de informar y ser informados”.
La AMEDI está convencida de la responsabilidad ciudadana en el ejercicio de sus derechos, tenemos muestras por el contrario, de la irresponsabilidad de muchos medios en el manejo informativo y en el uso de la frecuencia concesionada para impulsar sus intereses sin importar que con ello se afecte la imagen e integridad de las personas. No hay duda alguna de que es el Estado el obligado a proteger y estimular la garantía de los derechos fundamentales.
Regulación vigente del derecho de réplica
La Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), plasma en su artículo 14, lo siguiente:
Artículo 14. Derecho de Rectificación o Respuesta
1. Toda persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio a través de medios de difusión legalmente reglamentados y que se dirijan al público en general, tiene derecho a efectuar por el mismo órgano de difusión su rectificación o respuesta en las condiciones que establezca la ley.
2. En ningún caso la rectificación o la respuesta eximirán de las otras responsabilidades legales en que se hubiese incurrido.
3. Para la efectiva protección de la honra y la reputación, toda publicación o empresa periodística, cinematográfica, de radio o televisión tendrá una persona responsable que no esté protegida por inmunidades ni disponga de fuero especial.
En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, a través de la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 13 de noviembre de 2007, se adicionó el artículo 6°, el cual establece:
ARTÍCULO 6°.- La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.
Por otro lado, en la Ley sobre Delitos de Imprenta, publicada en el Diario Oficial de la Federación 12 de abril de 1917 se establece:
Artículo 27.- Los periódicos tendrán la obligación de publicar gratuitamente las rectificaciones o respuestas que las autoridades, empleados o particulares quieran dar a las alusiones que se les hagan en artículos, editoriales, párrafos, reportazgo o entrevistas, siempre que la respuesta se dé dentro de los ocho días siguientes a la publicación que no sea mayor su extensión del triple del párrafo o artículo en que se contenga la alusión que se contesta, tratándose de autoridades, o del doble, tratándose de particulares; que no se usen injurias o expresiones contrarias al decoro del periodista, que no haya ataques a terceras personas y que no se cometa alguna infracción de la presente ley.
Si la rectificación tuviere mayor extensión que la señalada, el periódico tendrá obligación de publicarla íntegra; pero cobrará el exceso al precio que fije en su tarifa de anuncios, cuyo pago se efectuará o asegurará previamente.
La publicación de la respuesta, se hará en el mismo lugar y con la misma clase de letra y demás particularidades con que se hizo la publicación del artículo, párrafo o entrevista a que la rectificación o respuesta se refiere.
La rectificación o respuesta se publicará al día siguiente de aquel en que se reciba, si se tratare de publicación diaria o en el número inmediato, si se tratare de otras publicaciones periódicas.
Si la respuesta o rectificación se recibiere cuando por estar ya arreglado el tiro no pudiere publicarse en los términos indicados, se hará en el número siguiente.
La infracción de esta disposición se castigará con una pena que no baje de un mes ni exceda de once, sin perjuicio de exigir al culpable la publicación correspondiente, aplicando en caso de exigir al culpable la publicación correspondiente, aplicando en caso de desobediencia la pena del artículo 904 del Código Penal del Distrito Federal.
En el Artículo 233 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 14 de enero de 2008 se indica:
3. Los partidos políticos, los precandidatos y candidatos podrán ejercer el derecho de réplica que establece el primer párrafo del artículo 6o. de la Constitución respecto de la información que presenten los medios de comunicación, cuando consideren que la misma ha deformado hechos o situaciones referentes a sus actividades. Este derecho se ejercitará sin perjuicio de aquellos correspondientes a las responsabilidades o al daño moral que se ocasionen en términos de la ley que regule la materia de imprenta y de las disposiciones civiles y penales aplicables.
4. El derecho a que se refiere el párrafo anterior se ejercerá en la forma y términos que determine la ley de la materia.
Finalmente, a nivel reglamentario se cuenta con un ordenamiento que más que lisonjeros ha tenido una gran cantidad de detractores, por la manera en que se originó, pero sobre todo por la falta de certeza legal en la cual está redactado este derecho, se trata del Reglamento de la Ley Federal de Radio y Televisión, en Materia de Concesiones, Permisos y Contenido de las Transmisiones de Radio y Televisión. Publicado en el Diario Oficial de la Federación el 10 de octubre del 2002, el cual señala:
Artículo 38.- Toda persona, física o moral, podrá ejercitar el derecho de réplica cuando un material que sea difundido en cualquier programa de una estación de radio o televisión no cite la fuente de la cual extrajo la información y considere que los hechos que la aluden son falsos e injuriosos.
Para hacer valer este derecho, el interesado presentará, por escrito y dentro de las cuarenta y ocho horas siguientes a la transmisión, la solicitud de aclaración pertinente ante la estación de radio o televisión correspondiente, la cual evaluará su procedencia, a efecto de hacer la aclaración.
En caso que la estación de radiodifusión estime que la aclaración solicitada es improcedente, el interesado tendrá a salvo sus derechos para recurrir a las vías jurisdiccionales correspondientes.
De obtener el interesado resolución firme y favorable de la autoridad jurisdiccional, el concesionario o permisionario de radio o televisión transmitirá la aclaración correspondiente en los términos de la resolución.
El derecho de réplica podrá ser ejercido por el perjudicado aludido y, a falta de éste, por sus parientes en línea ascendente o descendente en primer grado.
En caso de que la estación de radiodifusión cite la fuente de la cual extrajo la información, y ésta haga la aclaración correspondiente, el aludido podrá ejercitar ante el concesionario o permisionario de radio o televisión el derecho consagrado en este artículo.
Posición de la AMEDI
Desde el punto de vista de AMEDI resulta indispensable que el Poder Legislativo lleve a cabo una reforma constitucional completa, que considere el conjunto de libertades que se agrupan en torno al derecho a la información, de tal suerte que se reformulen las libertades originariamente incluidas en los artículos 6º y 7º ─derechos a la información, de opinión y de imprenta─ y se establezcan en un solo artículo, se propone que sea en el 7°, en forma congruente con el criterio que sostienen diversos tratadistas, como es el caso de Vivanco Martínez[1], a efecto de que se consagren los siguientes principios:
1. Libertad de acceso a los hechos, a las fuentes de la noticia.
2. Libertad de circulación de noticias en todos los sentidos.
3. Libertad de entes dedicados a la información.
4. Libertad de difusión pública de las informaciones.
5. Derecho a una reglamentación jurídica de estas libertades, que especifique también las responsabilidades.
6. Derecho de la sociedad y del individuo a ser defendido de los falsos estados de opinión.
7. Derecho del público a ser informado adecuadamente a sus necesidades.
8. Garantía internacional para el ejercicio por todos de estas libertades y derechos.
Sin embargo, tomando en consideración el contexto de la vida política nacional, una de las características de mayor relevancia para la creación, en este momento, de una Ley para la garantía del derecho de réplica, tiene su referente explicito en el sexto constitucional reformado recientemente, a través del establecimiento de un procedimiento que garantice el ejercicio de este derecho ciudadano en los medios de comunicación impresos y electrónicos y la consecuente obligación de los prestadores del servicio de atender este derecho.
Si bien en las normas de carácter interno reseñadas se establece un procedimiento para su ejercicio, la manera en que están redactadas establecen condiciones que no solo no lo garantizan sino que coloca a los medios impresos y electrónicos en una lógica de juez y parte, ya que será el propio medio el que determinará si procede o no la queja del interesado.
Por otro lado no queda explicito qué autoridad será la indicada para su garantía o para la atención de los recursos procedentes. Así podemos ver en ocasiones a periodistas, líderes de opinión y locutores, muchas veces inducidos por los propios concesionarios, injuriar, mentir y distorsionar sin que hasta ahora hayan encontrado reconvenciones y menos aun obligación para rectificaciones.
Por lo que debe establecerse un procedimiento sencillo y expedito que garantice el respeto a este derecho, así como sanciones a los prestadores del servicio cuando hagan caso omiso de lo que obliga la ley.
Si partimos de la definición establecida por la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la propuesta de ley que se impulse deberá contar mínimamente con los siguientes elementos:
1. Que la información sea emitida por un medio de comunicación.
2. Que haga alusión de la persona.
3. Que verse únicamente sobre información inexacta o agraviante.
4. Que la información emitida sea en perjuicio de la persona, en virtud de que el bien jurídicamente tutelado se trata precisamente del honor, imagen y vida privada de la persona.
5. Que la rectificación o respuesta se efectúe por el mismo órgano de difusión.
Por ello, la propuesta de AMEDI está encaminada a establecer mecanismos expeditos pero equitativos para la regulación secundaria del derecho de réplica opuesto a la versión discrecional y parcial de lo establecido en el actual Reglamento en materia de radio y televisión y la obsolescencia de la Ley de Imprenta. De ahí que se propone que una Ley de derecho de réplica considere como lineamientos que:
· Toda persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas por radio o televisión que le puedan causar un perjuicio, tiene derecho a efectuar en el mismo medio, su rectificación en las condiciones que establece esta Ley.
· Este derecho, en caso que la persona afectada haya fallecido, puede ser ejercido por sus familiares en línea ascendente o descendente en primer grado.
· Para el ejercicio del derecho de réplica se debe establecer que:
a) La difusión de la rectificación será gratuita;
b) La rectificación se limitará a los hechos de la información que se desea rectificar;
c) La extensión de la rectificación no podrá exceder del triple del espacio utilizado para la difusión de la información objeto de la misma y se hará en el mismo formato y características en las que se emito la información aclarada.
d) La rectificación se hará en el mismo formato y características en las que se emito la información aclarada.
· La rectificación deberá difundirse sin comentarios ni apostillas, en el mismo programa en que se difundió la información que se rectifica, dentro de los tres días hábiles siguientes a la recepción de la solicitud.
· Si el programa por sus características o por la periodicidad de su emisión, no permite divulgar la rectificación en el plazo antes señalado, ésta deberá difundirse en la emisión inmediata posterior. En caso de una emisión especial la réplica deberá transmitirse en un espacio y horario equivalente.
· La solicitud de rectificación deberá reunir los siguientes requisitos:
a) Dirigida por escrito al director o responsable del medio de comunicación;
b) Presentarse dentro de los siete días siguientes a la difusión de la información; y
c) En su caso, acompañar las pruebas en que se funda la réplica.
d) El derecho de la persona a la que aludan los hechos, en caso que la misma haya fallecido, puede ser ejercido por sus familiares en línea ascendente o descendente en primer grado.
e) Si la rectificación no se divulga en los plazos señalados con anterioridad o se hubiese notificado al interesado que la réplica no será difundida, este último podrá acudir ante el Consejo, para el dictamen de procedencia. En caso de que el Consejo concediere de pleno derecho la réplica, la emisora responsable estará obligada a su difusión.
f) En ningún caso la rectificación exime de las responsabilidades civiles o penales que se puedan reclamar.
· Si la rectificación no se divulga en los plazos señalados con anterioridad o se hubiese notificado al interesado que la réplica no será difundida, este último podrá presentar un recurso ante la autoridad para el dictamen de procedencia. En ningún caso la rectificación exime de las responsabilidades civiles o penales que se puedan reclamar.
Surge, sin embargo, la inquietud sobre la autoridad ante la cual se recurrirá la falta de respuesta por parte del medio de comunicación. Las iniciativas presentadas al Legislativo le asignan esta facultad de imperio a la Secretaría de Gobernación, lo cual no se estima idóneo dado que se trata de una instancia con atribuciones fundamentalmente políticas, que no necesariamente le dan la idoneidad necesaria para la vigilancia de un derecho ciudadano por lo cual una reforma integral debería impulsar la creación de un organismo descentralizado no sectorizado lo más alejado posible del poder político y del poder mediático cuya misión este consagrada al respeto del derecho de réplica.
· Se debe establecer un ordenamiento respecto de las sanciones a las cuales se harán acreedores aquellos que incurran en violación a la Ley.
Finalmente, los legisladores deben considerar que el bien jurídico tutelado en el ejercicio del derecho de réplica, atiende al derecho a la información de los ciudadanos y también protege la dignidad e intimidad de la persona, y por eso mismo prevé la protección del honor, vida privada e imagen de las personas.
[1] Véase Vivanco Martínez Ángela, Las Libertades de Opinión y de Información, Santiago de Chile, editorial Andrés Bello, 1992, pág. 32.
01.25.09
“Hacer periódicos no es, ni será, como producir judías en lata”
JUAN CRUZ.
EL PAÍS. DOMINGO – 25-01-2009.
Tiene 80 años; es de Nottingham, en Inglaterra, y fue en su país el periodista más influyente de una época especialmente brillante, y difícil, del periodismo, los años setenta del siglo XX. Su batalla más famosa fue contra el Gobierno; decidió que era culpable de la difusión farmacéutica de la talidomida, y ganó la guerra, una de las difíciles del periodismo contemporáneo. Impulsó el periodismo de investigación con una energía que creó escuela, primero en The Sunday Times, que dirigió entre 1967 y 1981, y luego en el Times.
Es Harold Evans. Te recibe en casa, en Nueva York, donde vive ya como ciudadano norteamericano, casado con la famosa periodista Tina Brown. Sigue dirigiendo revistas, forma parte de consejos de administración de medios por algunas partes del mundo, y es un hombre encantador. Es decir, encanta y trata de encantar. Cuando le vimos, en diciembre, en medio del frío neoyorquino, salió a la puerta alborozado, “¡vamos a hablar de periodismo!”, y abrió sus ojos grandes y azules como si le lleváramos un juguete.

En el salón de su casa de vez en cuando entraban sus hijos y él sacaba recortes de su época más brillante, como director (y diseñador, el diseño le preocupaba tanto como el contenido) de The Sunday Times y luego del Times, del que salió porque se llevó mal con su propietario, Rupert Murdoch. Con nosotros iba Barbara Celis, que escribe para EL PAÍS en Nueva York y que tiene 35 años; muchas de las respuestas de Evans la tenían a ella como destinataria. De sus tiempos de director de periódicos mantiene intacta la convicción de que convenciendo a los jóvenes de lo que hay que hacer es posible hacer periódicos mejores. Gran parte de la conversación fue para saber cómo inició el periodismo de investigación en Europa. Y luego hablamos del raro futuro, que él afronta como si san Pedro le estuviera esperando con un periódico cuando se vaya al otro mundo.
Pregunta. ¿Cómo se puede contar a los lectores que tienen la edad de Bárbara qué supuso su trabajo en el periodismo de investigación?
Respuesta. Primero hablemos de la talidomida. Siempre pensamos que los gobiernos están para ayudar a la gente, pero a veces no lo hacen, y ahí entra el periodismo. Éste tiene que entender los hechos, y eso hicimos con este caso. ¿Cuál era la situación de aquellos niños sin brazos, sin piernas? Sus madres habían tomado la talidomida durante el embarazo; esas pastillas fueron recetadas por médicos de la seguridad social, y cuando empezaron a ocurrir las tragedias nadie se dio cuenta de que la causa eran esas pastillas. El ministro de Sanidad, Enoch Powell, no quiso una investigación. Y la ley inglesa impedía que los periódicos se ocuparan de ese asunto…, porque los padres ya lo habían denunciado. Cuando yo llegué a The Sunday Times quise desafiar esa ley, inicié una investigación y propuse una campaña. La investigación era para verificar que la pastilla había sido la causa de esos daños, cuál era la responsabilidad del Gobierno y qué necesitaban esas personas para vivir razonablemente.
P. Así que usted se saltó la ley…
R. Esperé a que actuara la ley, y que hubiera compensaciones, pero no se producía un veredicto. Los niños se enfrentaban a una gigantesca corporación que también fabricaba whisky, y la batalla judicial se hacía difícil, casi imposible. Así que decidí que intervendríamos para presionar a la compañía para que llegaran a un acuerdo con los padres para darles algún anticipo.
P. Y tampoco consiguió nada.
R. Espere, espere. En cuanto hice esa investigación el Gobierno me llevó ante los tribunales para prohibir la publicación de nuestras conclusiones. Y la empresa que fabricó las pastillas hizo lo propio. Ése fue el principio de una enorme batalla que mi periódico libró para poder contar la historia.
P. ¿Cómo fue?
R. Necesitábamos el apoyo de los líderes políticos, pero primero hablé con un juez y con un político laborista que había ido conmigo al colegio. Me iban a ayudar. El Gobierno (que ya, en 1972, era laborista) me dijo que no pensaba remover el asunto… Hicimos la campaña, hubo una enorme bronca, y la empresa farmacéutica al fin se rindió, ofreció una compensación irrisoria, hasta que la subieron a veinte millones de libras.
P. Fin de la historia.
R. Para nada. Yo quería saber qué había sucedido para que en el futuro las incapacidades creadas por una droga pudieran evitarse con adecuados mecanismos de control. Por cierto, había niños españoles y alemanes que aún no han sido compensados y que fueron niños de la talidomida… Pasamos por varios tribunales, hasta que apelamos al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, donde nos enfrentamos al Gobierno británico por su prohibición para que la prensa investigara el asunto. Y ganamos 8 a 5. Por cierto, en el tribunal había un juez español.
P. Una victoria periodística.
R. Pero sobre todo humana. Demostramos, además, que las empresas farmacéuticas habían sido negligentes; habían puesto la droga en el mercado sin examinarla; descubrimos las debilidades de los programas de evaluación de los medicamentos, y conseguimos que se cambiara la ley para que la prensa fuera más libre.
P. Fue un precedente.
R. Y tuve el apoyo de todo el mundo en The Sunday Times. Costaba mucho dinero, y nadie en la empresa me reprochó que gastara en abogados para una lucha contra el Gobierno que iba a perder. ¡Nadie le había ganado antes al Gobierno británico! Así que algo de crédito hay que darle a una empresa sabia que reconoció que producir periódicos no es como producir judías en lata. Algunas veces hay que correr riesgos e incurrir en gastos. Y esto aumentó la reputación del periódico y resultó ser una inversión para el futuro…
P. Y usted se atrevió luego con la McDonnell Douglas…
R. …Después del accidente del DC-10 en París, murieron 346 personas, el accidente más grave del mundo hasta ese momento, 1972. A bordo iban norteamericanos, españoles, británicos, turcos, sobre todo turcos, era una aerolínea turca… Los deudos llevaron a juicio a la compañía, igual que los afectados por la talidomida llevaron a juicio a la farmacéutica. En este caso, como periodista quise saber cómo pudo estrellarse ese avión… Otro avión de las mismas características había perdido hacía poco una puerta de carga, pero había podido aterrizar. Y esta vez se había caído la misma puerta. ¿Cómo era posible? Empezamos una investigación que se parecía a la de la talidomida. Construimos un modelo del avión, mandamos a un equipo a que se introdujera en McDonnell Douglas… Las víctimas llegaron a un acuerdo con la empresa fuera de los tribunales. Pero el problema que nosotros queríamos resolver era por qué se había producido el desastre; en eso el periódico tiene su obligación más importante: el deber del periódico es la verdad. En un conflicto legal la obligación es llegar a un acuerdo, pero un periódico tiene que ir más allá; los acuerdos no desvelan la verdad.
P. Y ustedes consiguieron desvelarla.
R. Investigamos, y publicamos un dossier: Destination Disaster. Identificamos por qué se cayeron las puertas de carga: en la compañía de aviación algunas personas habían firmado fraudulentamente inspecciones que no tuvieron lugar. Y contamos la historia. ¿Y por qué lo hicieron? Porque tenían prisa en terminar los aviones; había una demanda enorme, así que los sacaron sin corregir el error. Y fue fatal.
P. Como la talidomida.
R. Sí, pasó lo mismo. Se había abandonado la investigación oficial, nada, y nosotros nos empeñamos. Así que tenías al Gobierno norteamericano faltando a sus obligaciones, a la empresa constructora faltando a las suyas, a los litigantes satisfechos con su dinero, por lo que no les culpo, y nadie preguntando “¿por qué pasó?”. Y la prensa tiene la obligación de hacerse esa pregunta. Ésa es la energía que había detrás de mi concepto del periodismo.
P. La pregunta más vieja, por qué.
R. El invento más antiguo, y sigue en vigor. Porque es la pregunta más importante. Hay una cosa que se me ha quedado grabada sobre la salud y los desastres. Si son evitables, ¿por qué no evitarlos? Las investigaciones complejas precisan de dos cosas, en periodismo: periodistas con mucha habilidad y recursos para librar la batalla legal… Cuando comenzamos a hacer esto en Gran Bretaña no había periodistas de investigación en serio; investigábamos a corruptos de medio pelo; no había un periodismo a la altura de la complejidad social, al creciente poder de las corporaciones y de los gobiernos… En el Parlamento tampoco se le preguntaba al Gobierno como era debido. El periodista tenía que jugar ese papel social, de una curiosidad implacable; eso es lo importante en un periódico, la curiosidad. Imagine ahora todo lo que habría que preguntar sobre el origen de la crisis mundial. Esa curiosidad humana trasladada al periodismo, si se ejerce con energía, daría lugar a muchas explicaciones que ahora no se dan.
P. Todo ese engranaje que usted montó exigía mucha verificación.
R. Ésa es la gran cuestión del periodismo. Si te equivocas, está la ley del libelo. Pero está la ley ética, la de la imparcialidad. Aunque tengamos una defensa legal, no podemos acusar a alguien erróneamente. La verificación de los hechos es importantísima… Y una cosa es lo que hizo Ben Bradlee con el caso Watergate y otra es mucho de lo que se hace, por ejemplo, en el ciberespacio y en otros medios en nombre del periodismo de investigación. Y eso es importante ahora, porque un blog o un texto de Internet pueden no tener autor conocido… A un amigo mío, defensor de los derechos humanos desde la época de Kennedy, acaban de cambiarle su biografía de Wikipedia ¡para decir que es un racista! ¡Y lo que han tardado en cambiar esa falacia! La verificación y la credibilidad son cruciales, y por eso un periódico muy bueno como EL PAÍS gana su público no sólo por la buena escritura y por las revelaciones, sino por su autenticidad.
P. Al Nobel Le Clezio le declararon muerto un minuto después de haber ganado el premio…
R. ¡Y estaba vivo! Sí, es un gran problema. Mi mujer, Tina Brown, ha empezado una página web llamada The Daily Beast. ¡El primer mes tuvo once millones de visitas! Y aquí se pone en evidencia un problema de la red: sabemos que el papel asiste al reto que supone la publicidad en Internet, la mirada se va a Internet. Pero la red no puede sustituir al papel en la investigación y en informaciones verificables; no puede en una sola página compensar lo que es el mosaico de un periódico, que contiene cultura, negocios, noticias…; y, sin embargo, el modelo de negocio para los periódicos en América, y probablemente en Inglaterra y en el mundo, no está funcionando. The New York Times ha bajado mucho; es un periódico enormemente vital, y mire los problemas que tiene. Y eso sucede mientras nadie hace dinero con los portales de Internet. Así que vivimos un interregno entre el periodismo viable y el periodismo creíble en la red y la vitalidad de los impresos, que son la fuente principal para enterarte de lo que pasa.
P. ¿Y en esa dialéctica hay alguna manera de llegar a un compromiso?
R. Digamos que The Daily Beast funciona y se convierte rentable. Investigan. Y lo que ponen en la red lo ponen también en papel; consiguen una diseminación múltiple. Lo problemático son los ingresos. ¡Pero ni uno de los portales de los diarios hace dinero! El dinero aún viene por los periódicos.
P. ¿Y usted ve Internet como una amenaza o como una contribución?
R. Indudablemente, Internet debilita la posición financiera de los diarios, así que sí es una amenaza. Ahora bien, si yo dirigiera un periódico hoy en día desarrollaría una web lo más grande posible, al tiempo que intentaría retener las energías investigadoras del diario sin desperdiciarlas. Un 30% de lo que cuesta sacar un periódico es la distribución. Y una de las soluciones a medio plazo es que yo me imprima el periódico en casa, desde la web. Y eso puede que ocurra fácilmente en los próximos diez años… Y lo que tendrías que hacer es comprar una licencia para imprimirte el periódico en casa. ¡Te ahorras el 30% de lo que te cuesta el reparto! Evidentemente, la gente que conduce los camiones tendrá que encontrar otro empleo, pero es que la vida económica es así… De esta manera se mantendría la energía de la prensa, su curiosidad, se mantendría la competencia, las capacidades legales, la credibilidad de la prensa impresa. Ahora mismo, si te pasas por completo a Internet, te toparías con la diseminación de muchas mentiras, y a nadie que pague por ellas.
P. Menudo dilema para los periodistas que ya tienen su edad.
R. Y la suya. Tengo que decir esto: la web es un recurso tremendo para el periodismo. Una sentencia por difamación, que yo gané, está colgada en la web, no tuve que ir a Seattle a leerla. Con los motores de búsqueda y los comentarios en la web tenemos la posibilidad de llegar a una edad dorada del periodismo. Una edad dorada, porque es más fácil ahora descubrir cosas. Y también es más fácil publicar basura. ¿Qué triunfará?
P. Pongamos que persisten los diarios. Pero se pueden matar.
R. Sí, desde luego, se hace todo el rato. De hecho, lo predije, en un artículo para la revista Strategy: en cuanto el objetivo sea financiero y no periodístico el periódico decae y se cae. En cuanto se empieza a destruir el contenido periodístico del diario no hay la más mínima posibilidad de éxito. Imagínese: se compra una orquesta, y lo primero que hace es deshacerse de los violonchelos, total, para lo que sirven; y después se deshace de los timbales… ¡Y luego te pones a tocar a Beethoven y no te sale! Beethoven no suena del mismo modo sin los timbales o sin los violonchelos, de igual manera que un periódico no suena a periódico cuando ha perdido a su equipo internacional o a sus corresponsales.
P. La vocación es una energía, dice usted. ¿Se pierde?
R. Es imposible perderla. Yo leo periódicos, los leeré siempre. Cuando me vaya al otro lado entraré diciendo: “¡Quiero La Gaceta de San Pedro!”.
01.11.09
Bradlee: “El fundamento del periodismo es buscar la verdad y contarla”
POR JUAN CRUZ. EL PAÍS. DOMINGO – 11-01-2009
Ben Bradlee (87 años) va cada día a The Washington Post, el diario que dirigió hasta la gloria en medio de la época política más turbulenta de Estados Unidos. Él convenció a Katharine Graham, la empresaria, de que era imprescindible, por el honor del oficio, hacer caso a unos jóvenes reporteros, Bob Woodward y Carl Bernstein, que habían visto que algo olía a podrido en el caso Watergate. El resto es historia del periodismo; como en la película Todos los hombres del presidente, en la que su papel lo interpreta Jason Robards, el crédito se lo llevan los reporteros, y el periódico, y él es el capitán en la sombra. Cuando se retiró, en 1991, le hicieron tantas fiestas de homenaje que el hijo de la señora Graham dijo que las crónicas de esas fiestas daban para la lectura de un año. Lo que él atesora de toda aquella gloria es algo que dijo uno de sus grandes amigos, el columnista Art Buchwald: “Estamos ante un magnífico director de periódico”. Creyeron que se iba, le nombraron vicepresident-at-large, una especie de vicepresidente-para-todo, pero lo han tenido desde entonces, siempre, cada día, en la sexta planta de The Washington Post, en este lugar donde nos recibe. Es un cuarto sin ventanas, con la puerta abierta; a su alrededor hay algunas fotografías: la de Buchwald, la de Katharine Graham, la de su gran amigo John F. Kennedy, la de Jason Robards…, pero no la de Todos los hombres del presidente. Y algunos recortes. El viejo periodista se dedica ahora a avisar a sus sucesores sobre nuevos nombres que van surgiendo en el periodismo; si los contratan, él luego los invita a comer, o a tomar café. ¿Para adoctrinarlos? “No, ¡jamás! Ellos ya saben qué es The Washington Post”. Ya hizo eso desde el principio de su mandato en el periódico, donde aglutinó a jóvenes de todas las razas, y donde impuso controles férreos para que la dudosa atribución de fuentes no fuera un lugar común al que los periodistas se agarraran para simular sabiduría; pero aun así se le coló Janet Cooke, que ganó un Pulitzer con una historia que era mentira… “Uno de mis grandes errores”. Su libro Vida de un periodista (A good life, en inglés) es una biblia del periodismo y un libro de estilo, y hablar con él es acercarse a un periodista total que se agarra al oficio como de chico se agarró a las barras de gimnasia para que la polio no le venciera el ánimo. Y por ahí empezamos, una mañana de diciembre de 2008, a hablar con él en su cuarto de vigía de The Washington Post.

Pregunta. Uno le imagina ahí, venciendo la polio, y ese suceso de su vida parece una imagen para entenderle.
Respuesta. Sí, la verdad es que ése fue un periodo muy importante de mi vida. Pero siempre he sido feliz, soy demasiado tonto para ser infeliz. No era el único que tenía polio; éramos 180 en la escuela y 20 la contrajimos. Era en 1936 y yo tenía 14 o 15 años. Me llevaron en una ambulancia; iba con otro niño con los mismos síntomas; murió dos días después. Fue la primera persona cercana que yo supe que había muerto. Mi padre me sacó de la ambulancia, me cogió en brazos y me subió tres pisos. Empezaba un drama.
P. Difícil sobrellevarlo.
R. Después de dos semanas, te bajaba la fiebre y te quedabas allí, tumbado, en la cama, sin poder moverte; entonces venía el doctor y te tocaba los músculos… El doctor me pedía que frunciera el ceño, que levantara las cejas, que moviera las orejas… Y todo iba bien hasta que llegamos a la zona del pecho. Me di cuenta de que no lo podía levantar. Fallaban los músculos de mi estómago. Pasaron cuatro meses antes de que pudiera levantarme y empezar a caminar de nuevo.
P. Sobrevivir a esa experiencia hace fácil afrontar cualquier experiencia.
R. Así es, siempre he sido un optimista. Creo que la vida es más fácil así.
P. Usted dice que la vida siempre está en el futuro.
R. Sí, pero para tener un futuro tenía que sobrevivir a aquello.
P. ¿Sigue siendo un optimista?
R. Más que nunca. Tengo 87 años y buena salud. Hace poco me quitaron la vesícula, ¡y fue la primera vez en veinte años que estaba enfermo! Así que soy muy optimista. Mis hijos están bien, tengo una esposa fabulosa…
P. Y ganó varias guerras…
R. Los jóvenes no entienden que la guerra haya sido tan importante para nosotros y para la gente de mi generación. ¡Fue lo primero que hicimos que fuera significativo! Primero íbamos a la universidad y de ahí nos íbamos a la guerra. Pasé tres años en el Pacífico, a bordo de un barco, tengo medallas de esa época. Entonces me daba miedo admitirlo, pero me lo pasé muy bien. El barco era bueno, la gente era buena. ¿Qué otra cosa iba a hacer? Tenía 20 años, ¡y no era cosa de ponerme a trabajar en un banco!
P. Tal vez por eso se hizo periodista.
R. Mi primer trabajo fue de chico-para-todo en un periódico, en verano. Tenía 16 años, y si usted mira ahí, en ese panel, está el primer texto que escribí. ¡No lo lea, por favor!
P. ¿Qué piensa usted de todos esos recuerdos?
R. Me siento orgulloso. Creo que a lo largo de mi vida he tomado las decisiones correctas. Sólo he tenido un único trabajo. Periodista. Fui reportero en The Washington Post en 1948, y me quise ir a Europa, y ya era padre de un hijo. Pensé: ahora o nunca. Así que acabé en la embajada norteamericana en París como agregado de prensa. Seguí buscando trabajo, y me hicieron corresponsal de Newsweek. El Newsweek y el Post son los únicos periódicos para los que he trabajado…
P. Raro verle de agregado…
R. Empecé de ayudante del agregado… Y luego fui agregado durante dos años. No me gustaba. Era un trabajo demasiado pasivo. La gran noticia del momento era la guerra de Indochina. Los americanos querían ayudar a los franceses y tener que explicar eso desde un punto de vista positivo era difícil.
P. Una época en que el periodismo no tenía nada que ver con este periodismo. Entonces tenía que saber de todo.
R. ¡O simularlo! Decían: los periodistas saben de muchas cosas, pero de todas sólo un poco. Y es verdad. Uno de los placeres del periodismo es que nunca sabes de qué vas a escribir cuando vas al trabajo. ¿Qué va a ocurrir en el mundo hoy? ¡Ni idea! Eso es lo excitante.
P. Kennedy es su figura. Es atrayente comparar aquel periodo, “lleno de esperanzas y promesas”, y este de ahora.
R. Él se murió tan pronto… Sólo fue presidente mil días. Y en ese tiempo le dio a América tanta esperanza… Fue el primer presidente de Estados Unidos nacido en el siglo XX. Murió a los 44 años. Fue el primer político al que conocí cuando tenía poco más de veinte años. Se mudó a una casa que estaba al lado de la mía, su mujer se hizo amiga de la mía. Nuestros hijos nacieron más o menos en las mismas fechas…
P. Usted lloró en su entierro… debe ser difícil separar la amistad del periodismo…
R. Suena difícil, pero él lo hacía fácil. Decidimos que nuestra amistad debía seguir aunque él fuera presidente. Y Newsweek, para la que trabajaba entonces, me envió a cubrir la Casa Blanca. ¡Y no a la Casa Blanca: al presidente! Pero no fue difícil. Decidimos que yo podía usar todo lo que me contaba, a no ser que me indicara lo contrario. Fue una regla simple, pero funcionó. Él no tuvo ningún problema. A veces, yo le suplicaba que me dejara escribir sobre algo que me había contado y que él había vetado…, pero no hubo ningún problema grande.
P. Pero usted se enteraba de las cosas antes que otros… Estaba más cerca.
R. Pero recuerde que Newsweek no es de tirada diaria, no vas buscando el gran titular de todos los días. Mis exclusivas tampoco eran grandes noticias; ahondaba más en lo cotidiano…
P. Una relación especial.
R. Y maravillosa. Fue una oportunidad fuera de serie. Agarraba mi coche, conducía hasta la Casa Blanca, aparcaba, ¡y cenaba con el presidente!
P. Y debió ser un mal trago que su libro de conversaciones con Kennedy acelerara la enemistad con la viuda…
R. Estoy acostumbrado. Siempre hay gente a la que no le gusta lo que escribes. Ella reconoció que yo había respetado mi parte del trato con Jack, pero no le gustaba verlo impreso. Pero tampoco yo era amigo suyo… Cuando él murió, ella se fue a vivir a una casa de Georgetown, enfrente de donde yo vivo ahora. Se quedó sólo un par de meses, no le gustaba Washington. Y se fue a Nueva York. Hasta que ella murió la habré visto diez veces, y una vez, cuando publiqué mis conversaciones con Kennedy, me retiró el saludo.
P. ¿Siente usted la misma esperanza con Obama que cuando estaba Kennedy?
R. No conozco a Obama. He coincidido con él sólo un par de veces. Pero sí hay conexiones entre ellos; los dos son jóvenes… Pero hay muchas cosas que los diferencian. El tiempo, por ejemplo.
P. Una elección que cambia todo.
R. Es una elección increíble para un hombre que sólo lleva diez años en la vida pública. Ha pasado del anonimato casi absoluto a ser el presidente electo. Pero ha logrado capturar la imaginación de los americanos, sobre todo la de los jóvenes. ¡Y la del mundo entero! ¿No es fantástico? Sí, por decirle lo que usted está buscando, me impresiona y me da esperanza.
P. Llega en un momento en que el mundo entero está hecho un desastre.
R. ¡Y va a peor! El pobre hombre llega en un momento en que el país se desmorona, la economía cae… Si pensó que iba a ser difícil su periodo, imagínese ahora. Pero va a tener el apoyo de la gente. Y eso es fantástico. Contar con esa popularidad siendo tan joven y con tan escasa experiencia… Si pudiera ayudar a solucionar el problema económico en el primer año y mantener luego su popularidad creo que será un gran presidente.
P. ¿Y qué piensa del que se va, de Bush? Usted siempre ha luchado contra la mentira, y hemos sido testigos de lo que ha pasado con las mentiras de Bush.
R. Sí, mintió, es verdad que mintió. No sé si era consciente de que era una mentira. No lo sabemos. Creo que sí sabía que era una mentira, y exageró… Siempre ha sido así. Todos mienten. Ahora la prensa es mucho más consciente de esas mentiras. Y se aseguran de demostrar que lo son. Mucho más que antes.
R. Quizá por Watergate.
R. O por Vietnam. Con Vietnam, América, por primera vez, empezó a dudar seriamente de lo que se le contaba acerca de lo que ocurría en otros países. Nos dijeron que en Vietnam las cosas iban bien cuando el país se estaba desintegrando.
P. Vietnam, Watergate, los papeles del Pentágono… Usted decía que detrás de los tres asuntos había mentiras, y su misión era desvelarlas…
R. Con Vietnam, la prensa empezó a examinar de forma mucho más agresiva las palabras y las acciones de sus líderes. Los presidentes ya no pueden salirse con la suya. En los tiempos de Roosevelt, cuando había una rueda de prensa en la Casa Blanca, sólo había 10 reporteros. Ahora hay acreditados 1.500 reporteros.
P. ¿Y hacen las preguntas que deben hacer?
R. Hacen las preguntas que ellos creen que deben hacer, o que sus jefes piensan que deben hacer. Los reporteros y los periodistas ahora están muy preparados, muy informados. Imagínese qué pasaba entonces: ¡sólo nueve hombres y una mujer para cubrir la Casa Blanca!
P. A veces mentimos a los nuestros, pero la mentira política afecta a todo el mundo.
R. Yo creo que ya no mienten tanto… porque no pueden hacerlo. Mire lo que le pasó a Nixon. Estaba preparado para ser presidente. Lo hizo bien, a excepción de Watergate. ¡Pero adónde le llevaron las mentiras! Le costó la vida política.
P. Usted dice que los periodistas no siempre tienen la verdad.
R. No sabemos la verdad. Si el primer ministro de un país me cuenta una mentira, no sé que me está mintiendo. Y lo voy a escribir. Pero ahora hay una gran preocupación por la verdad.
P. Tras Watergate, los periodistas empezaron a preocuparse por las fuentes…
R. …siempre que las puedan identificar, eso es bueno, y siempre que se refieran a hechos que ellos conozcan… Tuve que echar a un periodista de The Washington Post porque puso en boca de Robert Kennedy algo que éste pudo haber dicho pero que jamás pronunció. ¡Mintió! No hay argumento contra eso. El director depende de sus fuentes de información. Un periodista es la fuente de un director, ¡y si al director le falla la fuente…!
P. Internet es una fuente inmensa… ¿Cómo la ve?
R. Mi vida periodística acabó antes de Internet, ¡menos mal! Internet lo ha cambiado todo. Y has de convivir con ello. Pero puedes exigir que los estándares de Internet sean buenos. Y hay aspectos en que lo son. Pero hay mucho loco también.
P. Su autobiografía es como un epitafio de lo que fue el periodismo con respecto al periodismo que se hace ahora.
R. No lo sé. Las preguntas han cambiado. Sobre todo a causa de Internet. La instantaneidad de las noticias empezó con la televisión, e Internet es la apoteosis de lo instantáneo… La cantidad de noticias frescas es ahora menor en los diarios, eso significa algo. En la portada de The Washington Post aparecen noticias que ya se conocen, o por Internet o por la televisión. No estamos aportando nuevas historias, nuevos hechos… Por eso tenemos que concentrarnos en el significado de esos hechos que ya no damos nosotros en primer lugar; tenemos que saber si son importantes, si influyen en la historia, qué pasará en el mundo si se consolidan… Tenemos que saber eso y contarlo. Ésa es nuestra función ahora.
P. Y no sólo hay hechos. ¿No confundirá tanta opinión al público?
R. No, la gente presta atención a lo que se dice en los periódicos importantes, y si la opinión la da un periódico importante, la gente no confunde los hechos con las opiniones. Por eso es tan importante mantener la reputación de los periódicos.
P. Así que usted se siente optimista también sobre el periodismo y los periodistas.
R. No le quepa duda. ¿Qué sentido tiene la vida si uno no es optimista? Siempre lo he sido, y siempre he creído en la habilidad del cambio. Si alguien me dijera que el martes por la noche el mundo entero se va a ir al garete, pensaría también que habría que buscar una oportunidad para cambiar esto. Y el periodismo es un buen instrumento para cambiar las cosas.
P. Un director suyo, Ralph Blagden, le dijo que la esencia del periodismo es la superficialidad…
R. Era un filósofo, y lo dijo cuando yo estaba escribiendo una historia sobre los veteranos de la guerra; describí el asunto con tanto detalle que me dijo que era demasiado, y entonces soltó esa frase: “La esencia del periodismo es la superficialidad”. Dijo: “Cuenta la historia, pero no entres en detalles, porque entonces la historia terminará muerta”.
P. Su colega Alan Riding dice que los medios son cada vez más sofisticados, pero que el mensaje es cada vez más banal…
R. Quizá sea cierto, pero tenemos que vivir con ello…
P. “Nos hacemos periodistas por el deseo de arreglar las cosas torcidas”.
R. Sí, eso es mío; y dije también que no se puede ser cínico, que los periodistas no podemos ser cínicos… Y a lo mejor lo he sido. Cuando uno llega a mi edad ha escuchado tantas mentiras…
P. Hay un personaje en su vida, Katharine Graham…
R. Una mujer maravillosa, una editora fantástica. Ella se fiaba de ti y te dejaba ir a buscar la historia que tú creías que era importante contar. Extraordinaria… En una empresa hay dos tipos de acciones: acciones de tipo A y acciones de tipo B. Las acciones que son abiertas al público, las de tipo B, tienen un poder limitado. Sin embargo, las acciones A están en The Washington Post en poder de la familia Graham. William Buffet
tiene muchas acciones, pero no puede hacer cambios. Sin embargo, Don Graham, que también es dueño de muchas acciones, levanta un dedo y los cambios se producen. Es el jefe. Hay una diferencia muy grande entre administrar el periódico y tener acciones. Es de propiedad pública, pero está gestionado por una entidad privada. Los buenos periódicos de Estados Unidos funcionan así. Nosotros somos uno de ellos. Otro es The New York Times.
P. Su nombre se asocia a un momento dorado del periodismo. ¿Se acabó?
R. ¡Por supuesto que no! Éstos son momentos buenísimos para el periodismo. ¡Están ocurriendo tantas cosas! El acceso a la información es tan amplio. En los días de Roosevelt no teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Hoy impresiona la cantidad y la calidad de reporteros que hay.
P. Usted ha sido muy feliz en este oficio, se ve. El mejor oficio, según García Márquez…
R. Y yo estoy totalmente de acuerdo. No hubiera sido periodista si no hubiera sido este oficio como es…
P. En la recepción del periódico están los viejos principios del fundador del Post. ¿Cuáles son los suyos?
R. Los principios son para los dueños, no para los editores. Y para un periodista el principio fundamental es buscar la verdad y contarla. Es verdad que hay muchas verdades, es complicado buscarlas…
P. Uno de sus primeros trabajos en el Post fue para denunciar racismo en una piscina pública… Sesenta años después hay un negro en la Casa Blanca…
R. Es el símbolo más emocionante de la llegada de Obama al poder. Hemos tenido una experiencia muy complicada con el racismo en este país. Fue extraordinario pasar de la esclavitud a la segregación, y mire todo lo que sucedió después… Ahora tenemos a un hombre negro de presidente y muy pocos países desarrollados lo tienen. Y por ello me siento orgulloso. ¡Es fantástico para este país!
P. Dijo de usted Art Buchwald que era un magnífico director. ¿Ahora qué es?
R. ¡Soy un ex editor, ja ja ja! Pero también soy vicepresidente de The Washington Post sin tarea alguna. Me siento aquí, en esta esquina, hablando con gente muy interesante. Estoy involucrado en proyectos y escribo, no mucho, pero lo hago. Ayudo a otros y pululo por aquí. Bajo a la sala de reporteros, digo hola, como con la gente y ayudo a los jóvenes reporteros. Soy una parada en el tour de este lugar. He estado aquí mucho tiempo, así que pienso que no les estorbo. Y cuando encuentro a alguien con talento, bajo y lo comunico…
P. Y admite sus errores…
R. …como el de Janet Cooke. De ése nunca me arrepentiré demasiado.
P. Y sus triunfos, como el Watergate…
R. El mérito fue haber persuadido a Katharine Graham de que el periódico debía ir hacia la excelencia, de que había que convertir The Washington Post en algo grande. The Washington Post era el tercer diario en importancia en Washington cuando llegué, en 1968… Ahora no les cuento a los jóvenes con los que me reúno las batallas que tuvimos que dar. ¡Ya ellos saben de qué va The Washington Post, y yo renuncio a adoctrinarlos! A veces me preguntan por el Watergate, y les cuento, si quieren saber.