07.27.09
Europa: A veinte años del inicio de otra historia
El connotado politólogo alemán Claus Offe analiza los efectos del fin de la Guerra Fría en Europa. Offe estuvo en Chile participando del 21 Congreso Mundial de Ciencias Políticas.
Óscar Contardo. El Mercurio. 26 de julio de 2009.

Lo que se suponía era una rueda de prensa rutinaria del encargado de propaganda de la RDA se transformó en otra cosa. Poco antes de las siete de la tarde del 9 de noviembre de 1989, el funcionario Gunter Schawobsky cerraba su conferencia habitual anunciando que los ciudadanos de la RDA podrían salir del país sin necesidad de visa. Los periodistas preguntaron a partir de cuándo se haría efectiva la medida. “Tengo entendido que en el acto”, respondió.
En Bremen, al noroeste de Berlín, las hijas adolescentes del sociólogo Claus Offe grabaron la escena para mostrársela a su padre apenas llegara. Claus Offe -renombrado politólogo, parte de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt junto a Habermas y autor de “Contradicciones del estado de bienestar” y “La sociedad del trabajo”- estaba en una reunión, y se perdió el instante preciso. “Nadie se lo esperaba; ni siquiera Schawobsky sabía lo que estaba leyendo. Fue completamente sorpresivo”, recuerda Offe.
Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, Claus Offe describe los días posteriores a ese 9 de noviembre con fogonazos de imágenes: multitudes caminando hacia Berlín, policías de la RDA inusualmente corteses sin saber qué hacer, alemanes orientales deslumbrados frente a una vitrina de BMW comentando unos a otros “mira, esta gente paga 7 mil marcos por un auto”. La misma sorpresa que en Occidente provocaban los desvencijados autos soviéticos. Era, también, el momento en que dos mundos se descubrían mutuamente.
-Pronto surgió la demanda para que los expertos hicieran predicciones…
“Yo pensaba, como otra gente también lo hizo, que se trataba de una treta de los gobernantes de la RDA para provocar caos. Y después del caos tener una manifestación que de alguna manera los reforzara en el poder. Hay una pequeña historia que puede ilustrar lo que pasaba: cuando fui el 10 de noviembre a la puerta de Brandemburgo vi colgada una gran sábana que tenía escrito a mano una especie de poema que decía algo así como “nuestra pobre RDA está en dificultades, porque si el marco alemán viene, la RDA estará en la bancarrota, y si no viene la gente, se va a ir en masa a Alemania Occidental”. Ése era el dilema. La RDA es el único caso de un país industrializado que en tiempos de paz ve desplomarse su producción industrial en un 50 por ciento”.
-¿Cuáles eran las alternativas?
“Por un lado, un camino político que consistía en absorber la RDA rápidamente; y por otro, una alternativa económica de hacer un proceso lento de aproximación. El canciller Kohl, en contra de los consejos de los expertos económicos, tomó el camino político de absorción rápida, y la consecuencia fue el colapso de la economía de la RDA y el masivo movimiento de población desde el Este a Occidente. Desde el día del derrumbe a la fecha oficial de unificación se fueron de la RDA cerca de 2 millones de personas, de un total de 17 millones”.
-Hubo una predicción muy ambiciosa: el fin de la historia…
“Ésa fue una frase famosa por un corto tiempo. Francis Fukuyama, un cientista político muy inteligente, quería decir que la democracia liberal se había extendido y transformado en estándar de desarrollo, y que en adelante no sería cuestionada. Pero Fukuyama se retractó poco después”.
-¿Y qué significó entonces la caída del muro para la expansión de la democracia liberal?
“Los opositores en la RDA y, más importante aún, los opositores en Polonia, fueron revolucionarios de una manera muy distinta a los de antes. Todos los revolucionarios previos tenían ideas que no habían sido vistas. Proponían formas nuevas de ordenar la sociedad. Pero en el caso de Europa del Este, estas oposiciones y sus líderes intelectuales, más que proponer algo nuevo, tenían un modelo de lo que ellos pensaban debería ser el futuro. Esto era una copia de lo que habían visto -o pensaban que habían visto- en Occidente. Era una revolución por alcance, una ‘catching up revolution’. En otras palabras, en el caso polaco, era “queremos retornar a Europa”, y llegar a ser parte de la familia europea de democracias liberales. Polonia fue en muchos sentidos un modelo para otros movimientos opositores en el resto de los países del Este. Esto puede explicarse por la mezcla única de oposición, nacionalismo y catolicismo, además del Papa polaco en Roma. Sin Polonia las cosas hubieran sido muy diferentes”.
Marx y xenofobia
-¿Cómo la crisis económica actual afectará la integración de Europa del Este y Central a la Unión Europea?
“La regla simple es: si el Oeste se resfría, al Este le da neumonía. Algunos nuevos países miembros de la Unión Europea, los diez países postcomunistas, además de la RDA, están realmente viviendo la crisis. Han debido devaluar sus monedas. Esto significa que quienes tenían créditos de bancos suizos, alemanes o belgas, deben pagar deudas a tasas muchísimo más altas de las que existían cuando las contrajeron. Asimismo, las inversiones extranjeras directas han caído. Es muy pronto para establecer las repercusiones políticas y económicas. La única certeza es que esto será un largo proceso y que la seriedad del daño y el final de la crisis no pueden ser predichas”.
-La crisis ha significado una revaloración de la imagen de Marx. ¿Cree usted que es un entusiasmo pasajero?
“Desde el período de posguerra, y desde el declive de los partidos comunistas en Occidente, con la excepción de Italia y anteriormente Francia, ha habido muchas formas de marxismo político. Pienso que para el público general, el interés en Marx y las teorías marxistas sociológicas, económicas, políticas, filosóficas ha declinado, pero entre los académicos e historiadores de ideas no hay duda de su vigencia. Pero es cierto que su contribución para la comprensión del rol social y político perdió valor en el espacio del mercado”.
-¿Cómo afectarán al Estado de Bienestar las presiones migratorias de Europa del Este?
“No hay una migración de trabajadores después de la adhesión de los países del Este a la Unión Europea. Lo que existe se llama ciudadanía europea y derechos de movilidad. Estos derechos de movilidad varían dependiendo del país y del año de ingreso a la Unión Europea. En la mayoría de los casos entra en vigor siete años depués del ingreso. El concepto de migración se usa para los que vienen desde fuera de la UE. Ucrania, los estados de la ex Unión Soviética, el sur de Asia, norte de África; en el caso español, de América Latina. Ahora bien, ¿cómo afecta esto al Estado de Bienestar? Hay una declaración algo cínica del ex canciller alemán Gerhard Schroeder, que dijo que es necesario distinguir entre la gente que necesitamos y la que nos necesita. Esto significa dividir los inmigrantes entre los útiles y deseables, aquellos que vengan con capital, dinero o habilidades y destrezas, y aquellos que son pobres, ilegales, refugiados”.
-¿Y la respuesta de la población de Europa Occidental?
“La preocupación es exacerbada en las poblaciones internas de países como Francia, Bélgica, los Países Bajos, y particularmente en Dinamarca y Austria, que resienten la llegada de inmigrantes que viven del más bajo nivel de asistencia social. Ésta es una carga política, que hasta ahora ha provocado movilizaciones xenofóbicas. Me alegra decir que no es un asunto tan extendido en Alemania, donde la extrema derecha no juega un rol relevante. Creo que el costo para el Estado de Bienestar no es la llegada masiva de inmigrantes, sino el peligro de que las movilizaciones xenofóbicas se extiendan y cambien el paisaje político de Europa Occidental. Esto es parte de una tendencia de la reducción del Estado de Bienestar, el recorte de presupuesto para el desempleo y la reduccción de las pensiones en el nombre de la activación. El mensaje es ‘hazlo por ti mismo, que no lo haremos por ti, que de otro modo no podemos competir en la globalización’. Las restricciones a los extranjeros son un componente de esta filosofía”.
Cronología del derrumbe
6 de febrero de 1989
Chris Gueffroy es la última persona asesinada por tratar de cruzar el Muro de Berlín.
23 de agosto de 1989
El gobierno de Hungría elimina las restricciones fronterizas con Austria.
10 de septiembre de 1989
El gobierno húngaro abre las fronteras para los alemanes del Este refugiados que viajan a Alemania Occidental a través de Hungría y Austria.
4 de noviembre de 1989 Una demostración pro democracia reúne a un millón de personas en la principal plaza de Berlín Oriental.
9 de noviembre de 1989 El gobierno de la RDA anuncia la libre circulación a través del Muro. Los berlineses comienzan a destruir el muro.
22 de diciembre de 1989
La Puerta de Brandemburgo es despejada.
3 de octubre de 1990
Alemania es reunificada oficialmente.
La predicción fallida de Fukuyama
En 1989 en la revista conservadora norteamericana The National Interest apareció el ensayo “¿El fin de la historia?”, de Francis Fukuyama. Era un número dedicado al declive soviético. La revista apareció en el verano boreal y el ensayo se adelantaba al derrumbe del Muro de Berlín que tendría lugar en noviembre (otoño en Europa). El artículo lanzó al dominio público el nombre de Fukuyama, que veía en el fin del comunismo el triunfo de la democracia liberal como forma de gobierno universal. Rápidamente su nombre y la frase “el fin de la historia” comenzó a circular por los medios de comunicación masiva. Tres años más tarde Fukuyama publicó el libro “El fin de la historia y el último hombre”. El entusiasmo neoconservador no fue suficiente para aplacar la polémica.
La controvertida tesis del norteamericano recibió críticas desde todos los flancos. De hecho en un artículo publicado más tarde y titulado “Una respuesta a mis críticos”, Fukuyama ironizó y celebró como un logro el consenso en contra de sus postulados: “Este consenso [en contra de la idea de que la historia había finalizado] es aun más notable porque reúne a Margaret Thatcher, William F. Buckley y el Wall Street Journal por la derecha hasta The Nation, Andre Fontaine, Marion Donhoff, y otros líderes liberales por la izquierda”.
07.25.09
Liberar la palabra del lenguaje
LIBROS / Ensayo
Título: El logos oscuro: tragedia, mística y filosofía en María Zambrano.
Autor: Jesús Moreno Sanz.
Editorial: Verbum. Madrid, 2009. 4 volúmenes. 96 euros.

Por Isidoro Reguera. Babelia. 25/07/2009.
Filosofía. En cuatro volúmenes, este libro constituye la primera monografía completa de la obra de María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991), incluye y considera también la muchedumbre entera de sus inéditos. En un recorrido tan bello como erudito, con el formidable horizonte de un logos oscuro y una razón poética como trasfondo, quiere reconstruir la “crítica de la razón dialéctica”, clara e instrumentalizada, que Zambrano no llegó a redactar (quedó en sendos esquemas inéditos, aunque de su espíritu dimanen sus tres obras mayores: Claros del bosque, De la Aurora y Notas de un método).
Una labor, la de Zambrano y la de Moreno, cada uno en lo suyo, tan necesaria como desesperanzada (imaginemos que no). El mundo y el ser humano de hoy ya no parecen sensibles a oscuridades trágicas, extrañas vivencias místicas, ni filosofías poéticas, realmente creadoras. De todos modos, por lo que importa a la filosofía y al pensar en sí mismos, como profesión al menos, es muy de considerar el intento zambraniano de volver a situar la razón en su logos más recóndito, minusvalorado por las luces modernas de la razón y la palabra. Porque éstas apenas tienen sentido ya en su empobrecidísimo contexto, del que hay que liberarlas: a la palabra, del lenguaje; a la razón, de sí misma. Hay que liberarlos del nihilismo subsecuente a esa dialéctica racional (lineal, literal, discursiva), que, tras sus últimos delirios idealistas, en los que todo se convirtió en concepto, o a causa del cientificismo recalcitrante de una filosofía pretenciosa, para la que todo ha de ser objeto de experiencia normalizada, ha aniquilado, en un viernes santo especulativo o empiricista, decimos, la realidad humana trágica, la verdadera, anegado el pensar crítico, agostando cualquier respuesta positiva y fuerte ante la vida.
Liberaciones, todas ellas, a la espera de un nuevo renacimiento en el que el ser humano aliente el surgir de otra racionalidad capaz de acoger los múltiples niveles reales de experiencia (como, por ejemplo, en una “cadena áurea” antiquísima de filósofos animados por un “fuego secreto”, anuncian, propugnan y perfilan hoy, serena e inteligentemente, Patrick Harpur, a quien cita Jesús Moreno, o Richard Tarnas, a quien creo que no cita, autores, ambos, felizmente introducidos en castellano estos últimos tres años por la editorial Atalanta). Antes de que esos niveles de experiencia, cada vez más extraños, porque no tengan cauce expresivo, se anquilosen en la evolución hasta desaparecer, como ya se anuncia hoy en la descolorida vida de los metrociudadanos.
Ésas son las pautas del complejo viaje que este libro realiza de mano de la obra de Zambrano, adentrándose en las “espesuras” del significado de un logos oscuro. La contextualización de ese logos se realiza no sólo a través del recorrido del pensamiento occidental desde los griegos, sino en el seno de una imponente variedad de culturas y sus específicos modos espirituales: sufismo, budismo Zen, Vedanta, Tao. Desde su arranque mismo, este libro va configurándose a modo de un caleidoscopio en el que esta diversidad de formas culturales y espirituales componen singulares figuras que tratan de dar a entender las nuevas experiencias, los nuevos lenguajes y los inéditos modos de razón en que se adentra el pensar zambraniano. Configurando todo un mundo intermedio entre sensibilidad y entendimiento (como la metaxy platónica, el barzaj sufí o el mundus imaginalis de Corbin), entre empiria y concepto, decíamos, que acoja la multiplicidad de tiempos o diversidad de niveles de experiencia y conciencia que constituyen al ser humano. Para ello sigue a Zambrano en su descenso a los trágicos lugares de la mística, donde se radicaliza la experiencia, adentrándose en los recovecos escondidos de su pensar, en los ángulos oscuros de sus inéditos. En torno al eje de su libro esencial, El hombre y lo divino, Moreno pone a Zambrano en diálogo con multitud de autores y movimientos espirituales, hasta que logra configurar un “modelo” de saber en el que pueda enmarcarse con sentido el intento de la filósofa de constituir un pensamiento que integre la tragedia, la mística y la filosofía. Su crítica de la razón dialéctica. Muy interesante.
07.21.09
Un salto a ninguna parte
Por Tom Wolfe
- La epopeya espacial en la mirada cáustica del escritor estadounidense Tom Wolfe.
The New York Times y Clarín. 21 julio de 2009.
Fue un pequeño paso para Neil Armstrong, un salto gigantesco para la humanidad y un rodillazo en la ingle para la NASA. El programa espacial estadounidense, el esfuerzo más grande — ¿puedo agregar “digno de un dios”? – en la historia del mundo, murió a las 22:56, hora de Nueva York, el 20 de julio de 1969, cuando el pie del Comandante Armstrong, de la Apolo 11, tocó la superficie lunar.
Como más de un joven de la época sentí fascinación por los astronautas. Si alguien me hubiera dicho en julio de 1969 que el ruido del pasito de Neil Armstrong sumado al paso enorme de la humanidad eran solo el ruido de los sepultureros arrastrando los pies junto a la tumba, habría desviado los ojos y sacudido la cabeza.
¡Bueno, mandar el hombre a la Luna fue apenas el preludio! La Luna no era más que un satélite de la Tierra. La gran aventura sería la exploración de los planetas… Hacía tiempo que la NASA tenía todo preparado para enviar hombres a Marte empezando por vuelos cercanos al planeta en 1975. Wernher von Braun, el científico de los cohetes alemanes que se pasó a nuestro bando en 1945, había diseñado un proyecto piloteado a Marte desde el momento en que llegó. En 1952 publicó su Proyecto Marte en una serie de artículos para la revista Collier. Causó sensación. Teniendo en cuenta el triunfo del Proyecto Apolo, Marte vendría a continuación. Lo único que la NASA y von Braun necesitaban eran las bendiciones del presidente y la gran aventura sería realidad.
Sin embargo, tres meses después del alunizaje, en octubre de 1969, empecé a dudar… Yo estaba en Cabo Kennedy, el centro de lanzamiento del programa espacial, en un autobús visitando la NASA. El maestro de ceremonias del autobús era un hombre alto y apuesto de casi 40 años… y un tronco para contarles a los turistas del tour lo que estaban viendo.
Tan malo era que al final de la visita lo abordé. Desde luego, no había venido a la Tierra para ese trabajo. Era un ingeniero que hasta hacía muy poco tiempo había sido experto en protección térmica en la NASA. Se había iniciado una ola de despidos y su puesto fue eliminado. Era tan grave la situación que se sentía afortunado de haber encontrado esa changa. Neil Armstrong y sus dos compañeros de tripulación, Buzz Aldrin y Mike Collins seguían de gira triunfal por el mundo… mientras que ahí, el equipo irreemplazable de la NASA de científicos espaciales estaba disolviéndose.¿Cómo podía pasar algo así? A la distancia, la respuesta es obvia. La NASA había desestimado reclutar filósofos. A partir de que los soviéticos lanzaron la Sputnik I en órbita alrededor de la Tierra en 1957, todos, desde el Presidente Eisenhower, Kennedy y Johnson para abajo vieron la así llamada carrera espacial como una sola cosa: una justa militar. Al principio hubo temores de que los soviéticos tomaran “territorio estratégico” del espacio. Ya estaban ahí —¡encima de nosotros! Podían lanzar rayos cuándo y dónde quisieran. ¡Boom! Ahí va Bangor… ¡Boom! Ahí va Boston… Nueva York… Baltimore… Denver… San José — ¡todas voladas! – como si nada.
Los físicos se apresuraron a señalar que nadie elegiría el espacio como lugar desde el cual atacar la Tierra. La nave espacial, el misil, la Tierra misma, además de la rotación de ésta, viajan a velocidades violentamente distintas en planos geométricos violentamente distintos. Entrarían en el famoso “problema de tres cuerpos” etc. Además los cohetes que habían puesto en órbita las naves tripuladas de cinco toneladas de los soviéticos eran dignos de tener en cuenta. Tenían potencia como para llegar a cualquier lugar de la Tierra con ojivas nucleares.
Pero no fue eso lo que pensó el Presidente Kennedy cuando convocó al administrador de la NASA, James Webb, y a su adjunto, Hugh Dryden, en abril de 1961. El presidente estaba deprimidísimo. No paraba de decir: “Si alguien pudiera decirme cómo alcanzarlos. Busquemos a alguien – a quien sea… No hay nada más importante”. Alcanzarlos era su obsesión. Nunca mencionó los cohetes.

Dryden dijo que, francamente, no había forma de alcanzar a los soviéticos en cuanto a vuelos orbitales. Mejor sería anunciar un programa de choque de la magnitud del Proyecto Manhattan, que había producido la bomba atómica. Solo que el objetivo esta vez sería mandar un hombre a la Luna en los siguientes 10 años. Apenas un mes después Kennedy pronunció su famoso discurso ante el Congreso: “Este país debe comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del fin de esta década, poner al hombre en la Luna y traerlo otra vez a la Tierra”.
De manera intuitiva, Kennedy había elegido otra forma de justa militar, extrañamente arcaica. Se llamaba “combate individual”. El combate individual más famoso fue el de David contra Goliat. Antes de que los ejércitos enemigos chocaran en combate, cada bando enviaba a su “campeón” y los dos luchaban a muerte, en general con espadas. El ganador le cortaba la cabeza al perdedor y la blandía por los pelos. Dos milenios después, el clima mental de la carrera espacial era ese. Los detalles del combate individual diferían. Cosmonautas y astronautas no se decapitaban entre sí. Lo que hacían los bravos campeones de cada lado era arriesgar sus vidas en cohetes, mientras sus compañeros en tierra tiraban de la espoleta y los disparaban al espacio.Los soviéticos enseguida sacaron ventaja. Fueron los primeros en poner un objeto en órbita alrededor de la Tierra (Sputnik), un animal en órbita (una perra), un hombre en órbita (Yuri Gagarin). Cuando la NASA terminó de poner a dos astronautas en vuelos suborbitales de 15 minutos a las Bahamas — ¡las Bahamas, 15 minutos!–, los soviéticos pusieron un segundo cosmonauta en órbita. Permaneció allí 25 horas y dio vuelta al globo 17 veces. ¡OK, los dioses habían mostrado su favoritismo!
A esa altura, el clima mental de la carrera espacial con cohetes de los ‘60 y el combate con espadas se parecían tanto que cabía preguntar: ¿la bestia humana cambia o sólo sus artefactos? Cada vez que uno agarraba el diario leía titulares con la frase BRECHA ESPACIAL… Los soviéticos habían producido una generación de genios científicos – mientras nosotros dormíamos, gordos y satisfechos. Los educadores empezaron a tirar al diablo programas escolares en cuanto Sputnik subió, introdujeron la Nueva Matemática e hicieron énfasis en la Teoría de la Autoestima.
Por fin en febrero de 1962 la NASA consiguió poner un hombre en la órbita terrestre, John Glenn. Es necesario haber vivido en esa época para comprender la reacción del país. Estuvo arriba solo cinco horas, en comparación con las 25 de Titov pero era nuestro… ¡protector! Contra todo lo esperado, había arriesgado su pellejo por… ¡nosotros! John Glenn nos curó.Antes de su desfile por Broadway nunca se habían oído tantos vítores. Policías irlandeses grandotes, clásicos de Nueva York, salieron a las esquinas lagrimeando. Después empezó la serie de vuelos de Gemini con dos hombres.
Con Gemini, nos atrevimos a preguntarnos si no estaríamos acercándonos quizás a los soviéticos en ese combate individual. Pero contuvimos la respiración, temerosos de que el anónimo Jefe de Diseño soviético pudiera vencernos de nuevo con alguna hazaña inimaginable. Por supuesto, la CIA difundió informes de que los soviéticos estaban al borde de un viaje a la Luna.La NASA ingresó en el mayor programa de choque de todos los tiempos: Apolo. Lanzó cincomisiones lunares en un año, de diciembre de 1968 a noviembre de 1969. Con Apolo 11 por fin ganamos la carrera, pusimos un hombre en la Luna antes del fin de esa década y lo trajimos de vuelta.Todos, incluido el Congreso, fueron presa de la fiebre de adrenalina. Pero resulta que a la mañana siguiente los congresistas empezaron a preguntarse algo que no surgía desde el discurso de Kennedy. ¿En qué consistía esa cuestión del combate individual? Ellos no usaron esa expresión). Había sido una batalla por el espíritu interior y la imagen externa. De acuerdo, ganamos pero no tenía ninguna relevancia militar táctica. Y había costado una fortuna, cerca de US$ 150.000 millones. ¿Y eso de mandar el hombre a Marte y toda la música? Más de lo mismo, pensándolo bien. Qué visionario… pero, ¿por qué no hacemos como Scarlett O’Hara y lo pensamos mañana?

El presupuesto anual de la NASA cayó de US$ 5.000 millones a US$ 3.000 millones en los ‘70. Y en ese momento, tan luego, la falta de un equipo de filósofos en la NASA pasó a ser un verdadero problema. Sucede que la NASA tenía un solo filósofo, von Braun. Hacia el final de su vida, él sabía que se moría de cáncer y se volvió muy contemplativo. Yo lo oí en una cena en su honor en San Francisco. Planteó qué cosa era en verdad el programa espacial.Dijo algo así: Aquí en la Tierra vivimos en órbita alrededor del Sol, una estrella ardiente que algún día se quemará, con lo cual nuestro sistema solar se volverá inhabitable. Por lo tanto, debemos construir un puente a las estrellas porque somos las únicas criaturas sensibles del universo. ¿Cuándo empezamos a construir ese puente de estrellas? En cuanto podamos y este es el momento. Por desgracia, la NASA no podía presentar como vocero y gran filósofo a un ex alto miembro de la Wehrmacht nazi. Por consiguiente, el programa espacial lleva 40 años matando el tiempo con una serie de proyectos orbitales… Skylab, la misión conjunta Apolo-Soyuz, la Estación Espacial Internacional y el trasbordador espacial. Estos programas requirieron un nivel de ingeniería comparable a los programas tripulados que los precedieron. Pero su objetivo ha sido principalmente mantener encendidas las luces en el Centro Espacial Kennedy y el Centro Espacial Johnson de Houston. En rigor, el programa del trasbordador estaba pensado para atraer al público con viajes para turistas pero terminó en el desastre del Challenger.
¡Cuarenta años! Todos en la NASA saben desde hace 40 años que el siguiente paso lógico es una misión tripulada a Marte y cada propuesta ha sido bien recibida solo brevemente por los presidentes. Tienen tantos proyectos espectaculares que podrían usar mejor los casi US$ 10.000 millones anuales que requeriría el programa Marte. Hay incluso otra propuesta en este momento y no tiene ninguna chance frente a Depresión II. ¿Porqué no mandan robots?: es la cantilena habitual. Y una vez más es el difunto von Braun quien da la respuesta. Una de las cosas que más le gustaba decir es que no hay ningún explorador informático en el mundo con más de una diminuta fracción del poder que tiene la computadora análoga química conocida como cerebro humano. El 20 de julio de 1969 fue el momento en que la NASA necesitó, más que ninguna otra cosa en el mundo, la Palabra. Pero era algo para lo que los ingenieros no tenían especificaciones. En este momento es la única solución para recuperar el verdadero destino de la NASA, que es, claro, construir ese puente a las estrellas.
Copyright The New York Times y Clarín, 2009. Traducción de Cristina Sardoy.
07.18.09
ENTREVISTA CON SYGMUNT BAUMAN
Un mundo nuevo y cruel
Por: Héctor Pavón. Clarín. Revista Ñ. 18 de julio de 2009.
El sociólogo que sacudió a las ciencias sociales con su concepto de “modernidad líquida” advierte, en una entrevista exclusiva, que hay un temible divorcio entre poder y política, socios hasta hoy inseparables en el estado-nación. En todo el mundo, dice, la población se divide en barrios cerrados, villas miseria y quienes luchan por ingresar o no caer en uno de esos guetos. Aún no llegamos al punto de no retorno, dice con un toque de optimismo.
How to spend it…. Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que “cualquiera” se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto “no tienen otra opción que ir a por uno mejor…” Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era. La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). “No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad”, sostiene desde Inglaterra por escrito.
Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad “sólida” hacia otra “líquida”. Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los “diferentes”, los “residuos humanos” de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad . ¿Hay en este concepto una visión “optimista” del mundo de hoy?
Ni optimista ni pesimista… Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.
Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?
Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a “nosotros” de “ellos”, son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.
Hay escenas comunes en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires: de un lado villas miseria; del otro, barrios cerrados. Pobres de un lado, ricos del otro. ¿Quiénes quedan en el medio?
¿Por qué se limita a las ciudades latinoamericanas? La misma tendencia prevalece en todos los continentes. Se trata de otro intento desesperado de separarse de la vida incierta, desigual, difícil y caótica de “afuera”. Pero las vallas tienen dos lados. Dividen el espacio en un “adentro” y un “afuera”, pero el “adentro” para la gente que vive de un lado del cerco es el “afuera” para los que están del otro lado. Cercarse en una “comunidad cerrada” no puede sino significar también excluir a todos los demás de los lugares dignos, agradables y seguros, y encerrarlos en sus barrios pobres. En las grandes ciudades, el espacio se divide en “comunidades cerradas” (guetos voluntarios) y “barrios miserables” (guetos involuntarios). El resto de la población lleva una incómoda existencia entre esos dos extremos, soñando con acceder a los guetos voluntarios y temiendo caer en los involuntarios.
¿Por qué se cree que el mundo de hoy padece una inseguridad sin precedentes? ¿En otras eras se vivía con mayor seguridad?
Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro “hasta nuevo aviso” y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la “liquidez” siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal… Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.
Esto nos llevaría a otra paradoja. ¿Cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?
Por medio de todo tipo de estratagemas, en su mayor parte a través de sustitutos. Uno de los más habituales es el desplazamiento/trasplante del terror a la globalización inaccesible, caótica, descontrolada e impredecible a sus productos: inmigrantes, refugiados, personas que piden asilo. Otro instrumento es el que proporcionan las llamadas “comunidades cerradas” fortificadas contra extraños, merodeadores y mendigos, si bien son incapaces de detener o desviar las fuerzas que son responsables del debilitamiento de nuestra autoestima y actitud social, que amenazan con destruir. En líneas más generales: las estratagemas más extendidas se reducen a la sustitución de preocupaciones sobre la seguridad del cuerpo y la propiedad por preocupaciones sobre la seguridad individual y colectiva sustentada o negada en términos sociales.
¿Hay futuro? ¿Se puede pensarlo? ¿Existe en el imaginario de los jóvenes?
El filósofo británico John Gray destacó que “los gobiernos de los estados soberanos no saben de antemano cómo van a reaccionar los mercados (…) Los gobiernos nacionales en la década de 1990 vuelan a ciegas.” Gray no estima que el futuro suponga una situación muy diferente. Al igual que en el pasado, podemos esperar “una sucesión de contingencias, catástrofes y pasos ocasionales por la paz y la civilización”, todos ellos, permítame agregar, inesperados, imprevisibles y por lo general con víctimas y beneficiarios sin conciencia ni preparación. Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción “cíclica” y “lineal” del tiempo y a volver a un modelo “puntillista”: el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de “momentos”, cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro “big bang”, pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo.
Es una época en la que los miedos tienen un papel destacado. ¿Cuáles son los principales temores que trae este presente?
Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la subdefinición y la subdeterminación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un “interregno”. Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: “La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos”. Gramsci dio al término “interregno” un significado que abarcó un espectro más amplio del orden social, político y legal, al tiempo que profundizaba en la situación sociocultural; o más bien, tomando la memorable definición de Lenin de la “situación revolucionaria” como la situación en la que los gobernantes ya no pueden gobernar mientras que los gobernados ya no quieren ser gobernados, separó la idea de “interregno” de su habitual asociación con el interludio de la trasmisión (acostumbrada) del poder hereditario o elegido, y lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Gramsci, “lo viejo está muriendo”. El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente “trinitario” de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre. Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, “alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial”).
La “modernidad líquida”, como un tiempo donde las relaciones sociales, económicas, discurren como un fluido que no puede conservar la forma adquirida en cada momento, ¿tiene fin?
Es difícil contestar esa pregunta, no sólo porque el futuro es impredecible, sino debido al “interregno” que mencioné antes, un lapso en el que virtualmente todo puede pasar pero nada puede hacerse con plena seguridad y certeza de éxito. En nuestros tiempos, la gran pregunta no es “¿qué hace falta hacer?”, sino “¿quién puede hacerlo?” En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron –o creyeron y exigieron residir– en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el “espacio de flujos” libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al “espacio de lugares”. El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose. La situación planetaria enfrenta ahora el desafío de asambleas ad hoc de poderes discordantes que el control político no limita debido a que las instituciones políticas existentes tienen cada vez menos poder. Estas se ven, por lo tanto, obligadas a limitar de forma drástica sus ambiciones y a “transferir” o “tercerizar” la creciente cantidad de funciones que tradicionalmente se confiaba a los gobiernos nacionales a organizaciones no políticas. La reducción de la esfera política se autoalimenta, así como la pérdida de relevancia de los sucesivos segmentos de la política nacional redunda en el desgaste del interés de los ciudadanos por la política institucionalizada y en la extendida tendencia a reemplazarla con una política de “flotación libre”, notable por su carácter expeditivo, pero también por su cortoplacismo, reducción a un único tema, fragilidad y resistencia a la institucionalización.
¿Cree que esta crisis global que estamos padeciendo puede generar un nuevo mundo, o al menos un poco diferente?
Hasta ahora, la reacción a la “crisis del crédito”, si bien impresionante y hasta revolucionaria, es “más de lo mismo”, con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa no estén aún del todo agotadas: un esfuerzo por recapitalizar a quienes prestan dinero y por hacer que sus deudores vuelvan a ser confiables para el crédito, de modo tal que el negocio de prestar y de tomar crédito, de seguir endeudándose, puedan volver a lo “habitual”. El estado benefactor para los ricos volvió a los salones de exposición, para lo cual se lo sacó de las dependencias de servicio a las que se había relegado temporalmente sus oficinas para evitar comparaciones envidiosas.
Pero hay individuos que padecen las consecuencias de esta crisis de los que poco se habla. Los protagonistas visibles son los bancos, las empresas…
Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi o todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas. Hasta ahora no hay muchos indicios de que nos estemos acercando a las raíces del problema. En el momento en que se lo detuvo ya al borde del precipicio mediante la inyección de “dinero de los contribuyentes”, el banco TSB Lloyds empezó a presionar al Tesoro para que destinara parte del paquete de ahorro a los dividendos de los accionistas. A pesar de la indignación oficial, el banco procedió impasible a pagar bonificaciones cuyo monto obsceno llevó al desastre a los bancos y sus clientes. Por más impresionantes que sean las medidas que los gobiernos ya tomaron, planificaron o anunciaron, todas apuntan a “recapitalizar” los bancos y permitirles volver a la “actividad normal”: en otras palabras, a la actividad que fue la principal responsable de la crisis actual. Si los deudores no pudieron pagar los intereses de la orgía de consumo que el banco inspiró y alentó, tal vez se los pueda inducir/obligar a hacerlo por medio de impuestos pagados al estado. Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad de consumo y crédito. La “vuelta a la normalidad” anuncia una vuelta a las vías malas y siempre peligrosas. De todos modos todavía no llegamos al punto en que no hay vuelta atrás; aún hay tiempo (poco) de reflexionar y cambiar de camino; todavía podemos convertir el shock y la conmoción en algo beneficioso para nosotros y para nuestros hijos.
Traduccion: Joaquin Ibarburu
Pide RSF a gobierno mexicano aclare asesinatos de periodistas
EFE. 16 de julio de 2009.
París. Reporteros sin Fronteras (RSF), la organización de defensa de la prensa y los periodistas, pidió este jueves a las autoridades mexicanas, que aclaren los asesinatos de los periodistas Martín Javier Miranda Avilés y Ernesto Montañez Valdivia, ocurridos en los últimos días.
Martín Javier Miranda Avilés, que trabajaba en el diario Panorama y la agencia Quadratin, apareció muerto en su domicilio en Zitacuaro, Michoacán, asesinado de dos puñaladas por la espalda el pasado 12 de julio, según RSF.
Ernesto Montañez Valdivia, editor del periódico local Enfoque del Sol de Chihuahua, cayó muerto en la emboscada que le tendieron unos desconocidos armados cuando circulaba en coche con su hijo de 17 años, el 14 de julio en Ciudad Juárez.
Los asesinatos se han producido en dos regiones que se encuentran entre las más expuestas a la guerra de los cárteles y a la ofensiva federal contra el narcotráfico, recordó la organización.
RSF recordó que el asesinato de Martín Javier Miranda Avilés se produjo el mismo día en que fue capturado Arnoldo Rueda Medina, uno de los principales operadores de La Familia.
“Su detención generó una explosión de actos de violencia, y entre ellos el ataque al puesto de policía de Zitacuaro”, hizo notar RSF.
“El asesinato de un periodista va más allá de la venganza premeditada contra una persona. Es un medio para aterrorizar a toda la prensa, y a los ciudadanos. Por eso debe tenerse en cuenta la hipótesis profesional”, comentó RSF.
“Enviamos nuestro más sentido pésame a las familias de las víctimas, así como a sus colegas. Pedimos que, en ambos casos, cuyas circunstancias y motivos no se conocen bien todavía, se efectúen investigaciones en profundidad”, declaró la organización, que envió una delegación a México.
Dicha delegación deberá rendir un informe sobre la situación de la prensa en México a su regreso en septiembre
07.06.09
La Biblia más antigua en la red
Un gran proyecto de cuatro bibliotecas europeas y orientales cuelga en internet las 800 páginas del Codex Sinaiticus, que data del siglo IV
EFE - Londres – 06 de julio de 2009.
Gracias a los últimos adelantos tecnológicos, los expertos han logrado reunir virtualmente en internet las más de 800 páginas y fragmentos que se conservan de la biblia más antigua del mundo, el llamado Codex Sinaiticus. Por primera vez, podrá accederse desde cualquier parte del mundo a las imágenes digitales en alta resolución de las páginas de ese libro, que data del siglo IV de nuestra era, informó hoy la Biblioteca Británica. Lo escribieron en griego sobre hojas de pergamino varios escribas y el texto se revisó y corrigió a lo largo de los siglos siguientes.

La reunificación virtual del Codex Sinaiticus marca la culminación de cuatro años de estrecha colaboración entre la Biblioteca Británica, la Biblioteca de la Universidad de Leipzig, el Monasterio de Santa Catalina (Monte Sinaí, Egipto) y la Biblioteca Nacional de Rusia, en San Petersburo. Cada una de esas instituciones guarda partes diferentes del manuscrito, que han podido unirse virtualmente gracias a internet.
El proyecto permitirá ahora a los estudiosos de todo el mundo profundizar en el texto griego, que se ha transcrito en su totalidad con referencias cruzadas, que incluyen la transcripción de las numerosas revisiones y correcciones posteriores. También permitirá a los investigadores examinar la historia del libro como objeto físico, estudiar la textura y manufactura del pergamino.
El códice, tal vez el libro encuadernado más antiguo que ha sobrevivido hasta nuestros días, era enorme: tenía originalmente más de 1.460 páginas, cada una de las cuales medía 40,6 centímetros de alto por 35,5 de ancho. “El Codex Sinaititucs es uno de los mayores tesoros escritos del mundo. Marca el triunfo definitivo de los códices encuadernados sobre los pergaminos”, comentó Scot McKendrick, director del departamento de manuscritos occidentales de la Biblioteca Británica.
Oportunidades de colaboración impensables
“Ese manuscrito, de 1.600 años de antigüedad, permite estudiar el desarrollo de la temprana cristiandad y ofrece material documental de primera mano sobre cómo se transmitió la biblia de generación en generación”, dijo McKendrick. “El proyecto ha permitido determinar que un cuarto escriba – además de los tres ya reconocidos- trabajó también el texto”, señaló el director de la Biblioteca Británica. Según McKendrick, “la disponibilidad del manuscrito virtual para su estudio por los expertos de todo el mundo crea oportunidades de colaborción investigadora que habrían sido imposibles hace sólo unos años”.
El proyecto del Codex Sinaiticus se inició en 2005, cuando las cuatro instituciones que conservan páginas y fragmentos de esa biblia firmaron un acuerdo de colaboración. Según el profesor Davie Parker, de la Facultad de Teología de la Universidad de Birmingham, que dirigió al equipo británico que hizo la transcripción electrónica del manuscrito, “el proceso de descifrar y transcribir las frágiles páginas de un texto antiguo de más de 650.000 palabras es un reto enorme, que ha costado cuatro años de trabajo”.
La transcripción incluye páginas del Códex encontradas en 1975 en una habitación cerrada del monasterio de Santa Catalina, algunas de las cuales estaban en muy malas condiciones, y que se publican por primera vez. Las imágenes digitales del manuscrito virtual muestran la belleza del original y los lectores pueden apreciar la diferencia entre las caligrafías de los distintos escribas que copiaron el texto, dijo Parker.
Para marcar el lanzamiento del Códex en su versión virtual, la Biblioteca Británica ha montado una exposición, titulada Desde el Pergamino hasta el Pixel: Reunificación Virtual del Codex Sinaiticus, que podrá visitarse desde mañana hasta el 7 de septiembre. Esa prestigiosa institución ha organizado asimismo una conferencia académica, que tiene lugar hoy y mañana, sobre el precioso manuscrito, con participación de numerosos expertos, que hablarán de la historia, el texto, la conservación, la paleografía y otros aspectos.
06.24.09
Homenaje a Boris Vian
París, 23 jun (EFE).- Cincuenta años después de su muerte, la versatilidad artística de un ingeniero llamado Boris Vian, que saltaba de sus libros de poesía y teatro o novela negra al jazz metálico de su trompeta, es homenajeada en Francia con conciertos, discos, exposiciones y nuevas ediciones de sus obras.

Figura multidisciplinar por excelencia, la música y la literatura de Vian, que a menudo utilizaba pseudónimos como Bison Ravi, Baron Visi o Brisavion, revisten las estanterías de las librerías y tiendas de discos con ediciones especiales consagradas a este escritor nacido en la región parisina en 1920.
Así, el doble álbum “On n’est pas là pour se faire engueuler” (No estamos aquí para que nos insulten”) recoge 19 canciones inéditas y 20 de los temas más célebres del poeta, interpretadas por un heterogéneo grupo de artistas galos como M, Daniel Darc, Emily Loizeau, Juliette Greco, Arthur H u Olivia Ruiz, que se subirán hoy al escenario de la sala Pleyel de París para recordarle en vivo.
También el mundo editorial ha querido mirar a un creador con el corazón enfermo desde los 12 años que se educó en las escuelas más prestigiosas de Francia y en los bares más excitantes de su época, donde compartía mesa con filósofos como Jean-Paul Sartre, músicos como Miles Davis o escritores como Simone de Beauvoir.
Con el título “Le swing et le verbe” (El swing y el verbo), la editorial Textuel sirve un cóctel en forma de libro tan camaleónico como el propio Vian, en el que mezcla manuscritos, artículos, pañuelos o fotos extrañas del artista.
El efecto Vian ha alcanzado también al barrio parisino con el que más se le identifica con la publicación de “Une balade interactive dans le Saint-Germain-des-Prés des années 50″ (Un paseo interactivo por el Saint-Germain-des-Prés de los años 50) o la exposición que muestra hasta el próximo noviembre ese distrito como “la espuma de los años de Vian”, en el Museo de las Letras de París.
Además, bibliotecas y teatros de todo el país han programado estos días actividades relacionadas con Vian, se han editado audiolibros del literato leídos por voces célebres, se han ilustrado sus poemarios y se ha llevado a formato de cómic la genialidad de un artista al que el reconocimiento del público le llegó en las décadas posteriores a su muerte el 23 de junio de 1959. EFE
06.06.09
El Estado ha vuelto… y a lo grande
¿Qué fue de los Amos del Universo satirizados por Tom Wolfe? Los ministros de Finanzas ocupan hoy su lugar. En contra de tantos augurios, Al Qaeda y la crisis han devuelto el protagonismo a los Gobiernos
PAUL KENNEDY*
EL PAÍS - Opinión – 07-06-2009.
Hace unos 500 años, en algunas zonas de Europa occidental, ocurrió algo curioso en la sociedad humana. En vez de pequeñas unidades territoriales -ducados, principados, ciudades libres, áreas gobernadas por caudillos anárquicos y fronteras llenas de violencia- aparecieron varias naciones-Estado (España, Francia, Inglaterra y Gales), cuyos Gobiernos poseían poderes extraordinarios: el monopolio del ejército y la policía, el derecho a recaudar impuestos y el establecimiento de estructuras uniformes de gobierno, además de una asamblea nacional, una lengua común, una bandera, un sistema de correos y todos los demás atributos de la soberanía que los 192 miembros actuales de la ONU dan por descontados.
Había llegado el Estado nacional, y el mundo nunca volvería a ser el mismo.
Pero ese Estado nunca careció de enemigos ni de críticos, entre ellos los numerosos intelectuales que se atrevieron a predecir su desaparición. Por ejemplo, Karl Marx profetizó que el éxito futuro del comunismo internacional llevaría de forma inevitable al “desvanecimiento gradual del Estado”. También los partidarios de una Federación Mundial en los años cuarenta del siglo XX propugnaron la instauración de varias formas de gobernanza mundial, incluido un Parlamento de toda la humanidad.
Más recientemente -y esto nos aproxima al tema de este artículo-, los defensores del capitalismo de libre mercado sin ningún tipo de control dijeron que el mundo estaba convirtiéndose en un bazar único en el que los Gobiernos eran cada vez más ineficaces, las guerras y los conflictos eran una cosa del pasado, la guerra fría era una curiosidad histórica y las finanzas cosmopolitas eran la fuerza dominante en los asuntos internacionales.
Los lectores recordarán libros con títulos tan sugerentes como El mundo sin fronteras (Kenichi Ohmae, 1990) y provocadores artículos sobre El final de la historia (Francis Fukuyama, 1989) como ejemplos de este tipo de pensamiento. Si había un grupo de actores al que perteneciera el mundo, era a los juveniles banqueros de Goldman Sachs, los capitalistas de riesgo y los jadeantes economistas del laissez-faire. El Estado se había quedado anticuado, sobre todo en sus variantes más grandes.
Pues bien, dos grandes erupciones de principios del siglo XXI han puesto en tela de juicio la hipótesis de que ya no necesitamos ni tenemos que prestar atención a lo que los conservadores estadounidenses llaman, con desprecio, el “gran gobierno”.
La primera fueron los atentados terroristas del 11-S. Aquellas acciones mortales e inesperadas por parte de unos actores no estatales hirieron profundamente a la nación más poderosa de la tierra y la empujaron a llevar a cabo una increíble variedad de respuestas contra Al Qaeda y los talibanes. Todas las medidas de seguridad, la enorme acumulación de datos sobre cada ciudadano, la comunicación de informaciones de inteligencia nacional con otros Estados y las medidas coordinadas contra las cuentas bancarias sospechosas y los artículos prohibidos fueron algunas de las muchas consecuencias de la llamada guerra contra el terror. (Como nota personal, este artículo lo he escrito durante un viaje reciente alrededor del mundo en el que siempre estuvo presente el “Estado”; en el aeropuerto de Roma tuve que pasar tres controles de seguridad. Hace 20 años, habría resultado increíble).
Si a esos miedos al terrorismo unimos el inmenso malestar sobre la inmigración ilegal y las medidas contra ella, tenemos la impresión de que el “mundo sin fronteras”, si es que alguna vez existió, se ha visto sustituido por controles gubernamentales y exhibiciones de autoridad en todas partes.
El segundo acontecimiento desafortunado y aterrador ha sido la crisis financiera internacional de 2008-2009, en la que la irresponsabilidad generalizada en el mercado de las hipotecas basura de Estados Unidos ha causado una onda expansiva que ha alcanzado a todo el mundo.
Se pueden decir muchas cosas sobre esta convulsa situación, pero una de las más importantes es seguramente cómo ha humillado a quienes el novelista estadounidense Tom Wolfe llamó con sarcasmo “los Amos del Universo”, es decir, los banqueros, los asesores de fondos de inversión y los falsos profetas de un índice Dow Jones en crecimiento constante. También han acabado aplastadas algunas de las entidades financieras más venerables y distinguidas. Para las personas que han perdido sus casas o han visto cómo se diezmaban sus ahorros y sus pensiones, la humillación pública de banqueros y consejeros delegados que hemos presenciado durante el último año no es más que un triste consuelo parcial. Para los millones de trabajadores que han perdido sus empleos o se han visto forzados a reducir sus jornadas de trabajo debido a la recesión mundial, el grado de castigo de los ricachones no es, ni mucho menos, suficiente.
Pero eso no es lo que quiero dejar claro aquí. Lo que quiero decir es que el mundo del capitalismo de libre mercado sin control se ha encontrado con un final brusco y escalofriante y que el Estado ha tenido que intervenir para hacerse con el control de la situación tanto económica como política.
En varias partes del mundo, por supuesto, el Estado nunca se quitó de en medio, y a finales de los noventa ya había indicios de que estaba aumentando sus poderes en países tan distintos como Rusia, China, Venezuela y Zambia. Pero lo que resulta más llamativo es el reciente vuelco en las economías que hasta ahora se regían por el mercado, sobre todo en Estados Unidos.
Ver a los principales banqueros estadounidenses interrogados una y otra vez en los comités del Congreso, ver cómo sus empresas están sujetas a “pruebas de estrés” gubernamentales, enterarnos de que sus salarios y primas van a tener en el futuro un “tope”, es ver cómo se derriba a unos gigantes. Y es un poderoso recordatorio de la fuerza latente del Estado-nación.
Lo mismo ocurre, lógicamente, en la esfera internacional. ¿Quiénes son hoy los Amos del Universo: los señores del capital privado, cuyas limusinas y cuyos helicópteros entraban y salían cada año del Foro Económico Mundial en Davos, o los adustos responsables de nuestros principales ministerios de Hacienda y bancos centrales? La respuesta es evidente.
Hasta las grandes instituciones financieras mundiales bailan al son que les marcan sus amos políticos, es decir, los Gobiernos que más voz tienen en ellas. Tal vez el Fondo Monetario Internacional vaya a disponer de unos cuantos cientos de miles de millones de dólares más para ayudar a las economías dañadas y las divisas en bancarrota, pero ¿quién lo ha autorizado?
Por supuesto, un grupo de gobiernos nacionales que comprendieron la necesidad de rescatar el sistema financiero mundial. Da igual que lo decidiera el viejo G-7 o el nuevo G-20 en su reciente reu-nión de Londres; el caso es que fue claramente un G-algo, es decir, fue una acción de “gobierno”.
En resumen, el Estado ha vuelto a primera fila (si es que alguna vez dejó el teatro, y no estaba meramente descansando entre bambalinas). En la mayoría de los países, la parte gubernamental del PIB está aumentando sin cesar, en consonancia con el gasto oficial y las deudas nacionales. Todos los caminos parecen llevar al Congreso, o el Parlamento, o el Bundestag; o al Banco Popular de China. Los mercados observan con ansiedad el menor indicio de alteración de los tipos de interés o cualquier afirmación, por muy calculada o torpe que sea, sobre la fortaleza del dólar estadounidense.
Todas estas cosas no habrían sorprendido a los reyes Valois de Francia, ni a los monarcas Tudor, ni a Felipe II de España. Al final, y para utilizar una frase favorita del presidente Harry Truman, “la responsabilidad es mía”. Es decir, de los líderes políticos, que, elegidos o no, son quienes suelen tener las riendas del poder.
Era una locura pensar que esa vieja verdad ya no era válida en los últimos años, sólo por las especulaciones de algunos responsables de fondos alternativos y unos cuantos banqueros excesivamente ambiciosos.
*Paul Kennedy ocupa la cátedra J. Richardson de Historia y es director de Estudios sobre Seguridad Internacional en la Universidad de Yale. Está escribiendo una historia de la Segunda Guerra Mundial.
© 2009, Tribune Media Services, Inc. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.